Aneurisma Ventricular


Dilatación localizada o protrusión sacular en la pared del ventrículo izquierdo que suele producirse después del infarto de miocardio. Como respuesta a las alteraciones inflamatorias del infarto se forma un tejido cicatrizal que debilita el miocardio haciendo que sus paredes protruyan cuando el ventrículo se contrae. Un signo típico de la Lesión es la aparición de una arritmia ventricular recurrente que no responde al tratamiento con antiarrítmicos como la procainamida o la quinidina. Las medidas diagnósticas son diversos estudios radiológicos y el catetexismo cardiaco. El tratamiento puede consistir en la administración de propanolol, digoxina o procainamida pero en muchos casos hay que extirpar quirúrgicamente el tejido cicatrizal.

«Abombamiento» localizado de la cámara del VI debido al miocardio infartado. Los aneurismas verdaderos están constituidos por tejido cicatricial y no se rompen. Sin embargo, presentan complicaciones tales como ICC, arritmias ventriculares y formación de trombos. El ECG típico muestra elevación persistente del segmento ST durante más de 2 semanas después del infarto inicial; el aneurisma se confirma por ecocardiografía y por ventriculografía izquierda. La presencia de trombos dentro del aneurisma, o de un gran segmento aneurismático debido a IAM anterior, aconsejan anticoagulación oral durante 3 – 6 meses.

Por el contrario, el seudoaneurisma es una forma de ruptura cardíaca contenida por una zona local de pericardio y un trombo organizado; existe comunicación directa con la cavidad del VI; suele ser necesaria la reparación quirúrgica para evitar la ruptura.

El aneurisma del ventrículo izquierdo es una zona cicatricial del VI con discinesia, que aparece sobre todo en los IAM de localización anterior, particularmente en los apicales. No predispone ni se asocia con más frecuencia de la esperada a roturas cardíacas (es una cicatriz). Complica al 15% de los pacientes que sobreviven a la lesión aguda. La incidencia de esta secuela del infarto ha disminuido mucho con la popularización de la trombólisis. Los aneurismas apicales son los más frecuentes (80%), y su diámetro suele estar entre 1 y 8 centímetros. La enfermedad de múltiples vasos, las colaterales extensas o la arteria descendente anterior izquierda sin oclusión hacen mucho menos probable la aparición de aneurismas.

En la exploración física se puede detectar un doble impulso apical ventricular. En el electrocardiograma es característica la elevación persistente del segmento ST. Las técnicas de imagen demuestran con facilidad la presencia de un aneurisma. La ecocardiografía tiene un valor especial en el diagnóstico diferencial con el pseudoaneurisma.
Las complicaciones del aneurisma son raras y comprenden la insuficiencia cardíaca congestiva, la embolia arterial y las arritmias ventriculares que se originan en el tejido aneurismático.

Cuando se compara la mortalidad respecto de los pacientes que tienen fracciones de expulsión semejantes del ventrículo izquierdo, la presencia de un aneurisma en ese ventrículo ocasiona que la mortalidad sea hasta seis veces mayor en estos enfermos que en aquellos sin aneurisma.

El tratamiento quirúrgico está indicado en pacientes que presentan síntomas de las complicaciones antes mencionadas con tratamiento médico. La idea es no llevar a cabo la cirugía hasta tres meses después del infarto para que la mortalidad no supere el 10%

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Cardiología.




Deja una respuesta