Apendicitis


Inflamación del apéndice vermiforme, generalmente aguda, que sí no se diagnostica evoluciona rápidamente hacia la perforación y la peritonitis. El síntoma más frecuente es un dolor constante en el cuadrante inferior derecho del abdomen (fosa iliaca derecha), en torno al punto de McBurney y que comienza de forma intermitente en la región periumbilical.

Para disminuir el dolor, el paciente flexiona las rodillas a fin de evitar la tensión de los músculos abdominales. La inflamación se caracteriza por la aparición de vómitos, febrícula, leucocitosis, hipersensibilidad a la retirada brusca de la mano que palpa (rebote), rigidez abdominal y disminución o ausencia de los sonidos intestinales. Es debida a una obstrucción de la luz apendicular por la presencia, por ejemplo, de una masa fecal endurecida (coprolito) o un cuerpo extraño, una enfermedad fibrosa de la pared intestinal, una adherencia o una infestación parasitaria.

El tratamiento es la apendicectomia en las primeras 24-48 horas después de la aparición de los síntomas ya que cualquier retraso hace que el cuadro evolucione a perforación y peritonitis con liberación de materias fecales en la cavidad peritoneal. Una vez que se produce la peritonitis, la fiebre se eleva bruscamente y el paciente puede presentar una mejoría súbita del dolor seguida por aumento del mismo, esta vez de carácter difuso.

La enfermera debe estar alerta para detectar los signos de la peritonitis: distensión abdominal creciente, taquicardia, respiración rápida y superficial e inquietud. Si se sospecha peritonitis hay que administrar tratamiento antibiótico IV, líquidos y electrólitos. La apendicitis afecta preferentemente a adolescentes y a adultos jóvenes y es más frecuente en el varón.

Requiere de la extirpación quirúr­gica del apéndice cecal o vermiforme a través de una in­cisión practicada en el cuadrante inferior derecho del abdomen (fosa ilíaca. derecha). La intervención se realiza en la apendicitis aguda para extirpar el apéndice inflama­do antes de que se produzca su ruptura, y de forma profi­láctica en el curso de otras intervenciones abdominales. A menos que el apéndice se haya perforado o exista peri­tonitis confirmada o sospechosa, las medidas de asisten­cia en el posoperatorio son las mismas que están indicadas en el resto de la cirugía abdominal. Si el apéndice se ha­bía perforado se dejará un drenaje en el punto de la inci­sión, los apósitos se cambiarán con mayor frecuencia y se prescribirán los antibióticos adecuados. Puede haber íleo y el dolor es a veces agudo. Por lo general se administran líquidos IV, electrólitos, sedantes y analgésicos narcóticos.

Historia de la Apendicitis

Varios siglos antes del XVIII existen ya descripciones en necropsias de abscesos en la fosa iliaca derecha que parecían afectar el apéndice vermiforme. En el siglo xviii se escribieron algunos informes de casos antes que los pacientes murieran. A principios del siglo xix apa­recieron algunos de los gigantes de la medicina y la cirugía y se enfrascaron en un debate acalorado acerca del papel del apéndice en este proceso patológico. Se publicaron más informes de casos que describían per­foración del apéndice y especulaban acerca de la parti­cipación de cuerpos extraños en ese proceso. En 1886, el patólogo de Harvard, Reginald Fitz publicó un docu­mento que describía una enfermedad que llamó “apen­dicitis” y subrayó que podía diagnosticarse antes del inicio de las complicaciones letales.

Tres años más tarde, Charles McBurney dio a la luz su clásico libro sobre la apendicitis con énfasis en el papel etiológico del apéndice vermiforme, la diversi­dad de los síntomas, el valor diagnóstico de la sensibi­lidad en lo que se conoció como punto de McBurney y el valor de la intervención quirúrgica temprana. Lo que parece claro en los tiempos modernos requirió más de dos siglos para dilucidarse. En 1905, Howard Kelly describió todo el espectro de la enfermedad apendicu­lar en su libro El apéndice vermiforme.

La causa de la enfermedad apendicular es la obs­trucción luminal y el factor más frecuente de esta oclu­sión es un fecalito, un fragmento de heces a veces cal­cificado con forma similar a la semilla de una aceituna. Al parecer, la dieta juega un papel primordial en la naturaleza de las heces, lo cual es importante para el desarrollo de un fecalito. La apendicitis es menos fre­cuente en los países en desarrollo, donde la dieta es más rica en fibra y la consistencia fecal es mucho más blanda. La colitis, diverticulitis y cáncer de colon tam­bién son enfermedades más frecuentes en sociedades en las que la dieta baja en fibra produce heces más duras. No todos los casos de apendicitis se relacionan con un fecalito, pero en la mayoría existe cierta forma de obstrucción. Algunas veces el tejido linfoide que se encuentra en la pared del apéndice se torna hiperplási­co como respuesta a las infecciones virales del intestino o las vías respiratorias, lo que deriva en la obstruc­ción de la luz apendicular.

Asimismo, existen casos en los que la apendicitis se debe a Yersinia, Salmonella y Shigella o, en ocasiones muy raras, a un cuerpo extraño. La presencia de un fecalito asintomático tal vez sea razón suficiente para sospechar que en algún momento se desarrollará la apendicitis aguda. No es infrecuente que el paciente presente síntomas recurrentes en el cuadrante inferior derecho que remiten en forma espontánea, lo cual pue­de ser ejemplo de un fecalito que sale del apéndice en forma espontánea. Existe una incidencia familiar de apendicitis que es difícil de explicar.

La patología de la obstrucción apendicular se descu­brió en su mayor parte en el siglo xx. Después de la obstrucción luminal hay distensión y cambios vascu­lares, lo que al final deriva en necrosis. El apéndice es una víscera con un extremo ciego y una luz pequeña que aloja toda la gama de flora colónica. Cuando se rompe la barrera mucosa, las bacterias invaden la pa­red muscular. Esto afecta aún más la integridad de la pared apendicular y conduce a la perforación.

La mezcla de pus y heces acumulada detrás de la obstrucción contamina la cavidad peritoneal o da lugar a una masa inflamatoria, casi siempre formada por epi­plón o intestino delgado, lo cual significa que el cuer­po intenta aislar o contener la infección. La contamina­ción puede ser masiva y progresar a un absceso. Es posible que esta inflamación ocupe un sitio alejado de la fosa iliaca derecha, según sea la localización del apén­dice. Por lo menos la tercera parte de los apéndices tiene una posición retrocecal o pélvica. Si las bacterias que escaparon del apéndice contaminaron el peritoneo antes que se completara el proceso de contención, se desarrolla la peritonitis generalizada o múltiples abs­cesos.

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Categoría: Glosario Médico.




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