¿Cuál es la dieta ideal?


Nuestra manera de comer influye en nuestra salud, en buen o mal sentido y es difícil elegir “la dieta ideal” de entre las que han publicado rigurosos expertos en alimentación (dieta Seignalet, la dieta de los Grupos Sanguíneos y la dieta de la Medicina Ortomolecular).  Al comienzo de este año decidí guiada por estos estudios, hacer algunos cambios en los hábitos de alimentación de mi familia y puedo afirmar que los resultados en nuestra salud se han notado (no hemos cogido ni un catarro!).  Puede que no todas estas medidas sean adaptables a tu perfil alimenticio, pero en general puedes probarlo unas semanas y observar como tu peso y tu salud mejoran. 1.He sustituido el azúcar blanco refinado por azúcar de caña moreno o miel. El azúcar blanco nos roba energía, vitaminas del grupo B y minerales como el calcio. Recuerda no abusar de los “productos blancos”, más aún si quieres perder peso (sal, harina y azúcar refinado). 2. Cocino con aceite de oliva virgen sin calentarlo tanto como para que humee (evitando los tóxicos que se generan) además de condimentar la ensaladas y verduras y he comprado otros aceites ricos en Omega 3 y Omega 6, como el aceite de nueces y el aceite de sésamo. Los ácidos grasos esenciales que existen en estos aceites son, como dice su nombre, esenciales para nuestra vida y buenos para todas las membranas, desde la piel hasta las de las células. Son benéficos para el cerebro y el corazón. 3. He reducido el consumo de leche, la tomamos sin lactosa. El exceso de lácteos (sobre todo en función de nuestra tolerabilidad a la lactosa) congestiona el sistema respiratorio y no se suele tolerar bien por todo el mundo. 4. He reducido la ingesta de pan, galletas, etc. y las he sustituido por arroz, trigo sarraceno, espelta, quinoa. El trigo puede producir inflamación, diarrea y/o estreñimiento si se toma en grandes cantidades. Los cereales modernos (trigo, maíz, centeno, cebada) han sufrido muchas mutaciones a lo largo de la historia y nuestro cuerpo no está adaptado por completo a ellos. 5. Enriquezco el pan y las ensaladas con pepitas de sésamo y calabaza, fuentes de calcio y minerales fundamentales para la salud ósea y sanguínea. 6. Cuando quiero picar entre horas tiro de frutos secos como nueces, piñones, almendras, pipas sin sal. Al igual que las semillas, aportan calcio, proteínas, ácidos grasos esenciales, lecitina, vitaminas B y E, minerales zinc, calcio, magnesio y hierro. 7. He aumentado la ingesta de yogures naturales, kéfir, quesos blancos, cuyos fermentos favorecen la flora intestinal y como consecuencia  nuestra salud. 8. He eliminado casi por completo la carne de cerdo (salvo jamón serrano y york) y  reducido la cantidad de carne en general substituyéndola por más pescado y huevos. Todos estos cambios se deben incluir sin olvidar una buena base de comida mínimamente equilibrada, que incluya bastantes frutas y verduras. No obstante, cada persona debería adaptar su dieta y cubrir sus propias carencias y hoy en día se puede acelerar los resultados con la ayuda adecuada. ¿Te animas?

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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