Los Alimentos Transgénicos


Los impactos de los cultivos transgénicos son cada día más evidentes: aumento del empleo de pesticidas en el campo, contaminación genética de especies silvestres, aceleración de la pérdida de biodiversidad, insectos y malezas que se hacen resistentes a los tratamientos convencionales.

Los organismos modificados genéticamente (OMGs), o transgénicos, son seres vivos que se obtienen mediante la ingeniería genética. La transgénesis consiste en introducir en el genoma de un organismo viviente un gen extranjero, llamado transgén, el cual, se supone, conferirá a su nuevo anfitrión una ventaja ecológica, nutricional o de otro tipo.

Como vectores se utilizan bacterias, virus y plásmidos (ADN independiente dentro de algunas células, con gran capacidad migratoria y de recombinación), es decir, como vehículos que infecten al organismo receptor, transfiriéndole la nueva información genética.

Los cultivos transgénicos se introdujeron en nuestra agricultura y alimentación hace unos diez años, sin hacer estudios que avalaran su seguridad para el medio ambiente y la salud, con grandes promesas de que se aliviaría el hambre en el mundo y se solucionarían los problemas de los agricultores.

Los Alimentos Transgénicos Nutrición y Dietética

Pero la realidad muestra que no han supuesto beneficios para el consumidor ni para los pequeños agricultores, mientras que cada día aumentan más las evidencias de sus efectos adversos a  la salud.

Los impactos de los cultivos transgénicos son cada día más evidentes: aumento del empleo de pesticidas en el campo, contaminación genética de especies silvestres, aceleración de la pérdida de biodiversidad, insectos y malezas que se hacen resistentes a los tratamientos convencionales. Es prácticamente imposible proteger la agricultura no transgénica de la contaminación por OMGs, por lo que una vez liberados al medio ambiente es muy difícil dar marcha atrás.

Se ha comprobado que la introducción de los cultivos transgénicos en la agricultura aumenta el desempleo en el campo, con la consiguiente migración a la ciudad. Además, los transgénicos disponibles no son ni más productivos ni más nutritivos.
Sin embargo, los intereses económicos en juego dan lugar a todo tipo de presiones políticas por parte de las multinacionales de la biotecnología, que intentan controlar la agricultura y la alimentación mundial, despreciando las consideraciones sociales y ambientales.
Las costosas investigaciones asociadas al desarrollo de OMGs y las reglamentaciones internacionales sobre protección de la propiedad intelectual crean el oligopolio de un puñado de multinacionales, lideradas por Monsanto, del mercado de semillas transgénicas, y privatizan el material genético que debería ser patrimonio de la humanidad. Todo esto provoca que los agricultores dependan de unas pocas multinacionales que controlan el mercado de las semillas, los productos químicos asociados y, en muchos casos, gran parte de los factores de producción. Si se llega a imponer la biotecnología como base de la agricultura mundial, la seguridad alimentaria en términos de disponibilidad de alimentos caerá en muy pocas manos, impidiendo que se alcance la soberanía alimentaria de los pueblos.

Amenazas para la Salud

En mayo de 2009, la American Academy of Environmental Medicine hizo pública su posición frente a sobre los alimentos transgénicos. «Por la salud y la seguridad de los consumidores», llaman a que se establezca urgentemente una «prohibición a los alimentos genéticamente modificados y la implementación inmediata de pruebas de su seguridad, independientes y a largo plazo».

Llaman a los médicos «a educar a sus pacientes, a la comunidad médica y al público, para que eviten los alimentos genéticamente modificados»; a «considerar el papel de los alimentos transgénicos en los procesos de enfermedad de sus pacientes» y a «documentar los cambios en la salud de los pacientes cuando éstos dejan de consumir alimentos transgénicos». Instan «a sus miembros, a la comunidad médica y la comunidad científica independiente, a recopilar estudios potencialmente relacionados con el consumo de transgénicos y sus efectos sobre la salud, y a comenzar una investigación epidemiológica para examinar el papel de los alimentos transgénicos en la salud humana».

Asumen su punto de vista sobre la base de una importante conclusión acerca de que, a partir de los múltiples ejemplos analizados, «hay más que una relación casual entre alimentos transgénicos y efectos adversos para la salud». Explican que según los criterios de Hill (de Bradford Hill, ampliamente reconocidos académicamente para la evaluación de estudios epidemiológicos y de laboratorio de agentes que puedan suponer riesgos para la salud humana) «existe causalidad en la fuerza de asociación, la consistencia, la especificidad, el gradiente y plausibilidad biológica» entre el consumo de alimentos transgénicos y los efectos adversos a la salud.

Entre los efectos negativos, comprobados a partir de decenas de estudios en animales, mencionan «graves riesgos», tales como infertilidad, desregulación inmune, envejecimiento acelerado, desregulación de genes asociados con síntesis de colesterol y regulación de insulina, cambios en el hígado, riñones, bazo y sistema gastrointestinal. Citan, entre otros, un estudio de 2008 en ratones alimentados con maíz transgénico Bt de Monsanto, que vincula al consumo de maíz transgénico con infertilidad y disminución de peso, además de mostrar la alteración de la expresión de 400 genes.

La Academia señala que ante la generalización del consumo de transgénicos, lo urgente es realizar estudios epidemiológicos. Esto es sumamente importante en el caso del maíz en México: aquí el maíz lo consume cotidianamente toda la población, por lo que los efectos de los transgénicos en este tipo de consumo masivo son diferentes y mucho más graves que lo que se puede observar en casos puntuales.

Una fuente citada por el documento de la Academia es el extenso libro Genetic Roulette: The Documented Health Risks of Genetically Engineered Foods, de Jeffrey Smith, que documenta en forma minuciosa y con cientos de referencias científicas, 65 casos de efectos adversos de los transgénicos a la salud de personas y animales, incluyendo casos de vacas y ovejas que murieron, en Alemania e India, luego de alimentarse reiteradamente con cosechas transgénicas. Este autor advierte que todos somos conejillos de Indias para la industria biotecnológica -que ha podido liberar en terreno e invadir los alimentos con transgénicos, sin necesidad de probar su inocuidad para la salud humana en ninguna parte del mundo-, pero que particularmente los niños y las mujeres embarazadas son quienes corren mayor peligro.

La asociación médica también hace referencia al reciente estudio de la Union of Concerned Scientists de Estados Unidos, que al analizar 13 años de cultivos transgénicos, muestran que éstos tienen menores rendimientos y que si hubo aumento de producción no se debió a los transgénicos, sino a manejos de tipo convencional. Presentan este análisis de la productividad, para concluir que tampoco en este aspecto muestran ventaja alguna, por lo que nada justifica el «serio riesgo para la salud en las áreas de toxicología, alergia y función inmune, salud reproductiva y salud metabólica, fisiológica y genética» que representan los transgénicos, por lo que lo único sensato es aplicar un estricto principio de precaución, estableciendo una moratoria total e inmediata.

A los riesgos que plantean los transgénicos por sí mismos, se agrega el aumento del uso de agrotóxicos y las enfermedades que éstos provocan (están diseñados para que se usen más agroquímicos, nuevamente no por casualidad, sino por causalidad: los fabricantes de transgénicos, Monsanto, Dow, Dupont, Syngenta, Bayer, Basf, son también los mayores fabricantes de venenos agrícolas del planeta).
La trampa está en la inversión de lógica que las trasnacionales han logrado imponer: en lugar de que los alimentos que contienen agrotóxicos y transgénicos se etiqueten con una advertencia, obligan a que los alimentos orgánicos y sanos  tengan que separarse, etiquetarse y costar más caros.

Para producir y alimentarse sanamente, existen muchas alternativas que sin implicar riesgos, mantienen las fuentes de sustento para las mayorías, cuidan la biodiversidad, afirman la soberanía alimentaria y los derechos de los campesinos. Los transgénicos solamente crean riqueza para unas pocas trasnacionales, al tiempo que amenazan la salud de todos.

Situación en Chile

Desde enero de 2009 está en tramitación en el Congreso un proyecto de ley llamado Derechos de Obtentores Vegetales, que, según organizaciones ambientalistas, implicaría la contaminación genética de especies vegetales; pondría en peligro la semilla nativa; pondría en riesgo la agricultura orgánica y la competitividad de las exportaciones de este sector; aumentaría signicativamente la dependencia de los agricultores de las transnacionales agroquímicas, y elevaría el precio de los alimentos.

Además, el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea ha anunciado que en junio y julio se presentarán las indicaciones al proyecto Bioseguridad de Vegetales Genéticamente Modificados, cuya tramitación se encontraba detenida en el Senado desde 2008, orientado a la liberación de los transgénicos.

Y al mismo tiempo, el Gobierno y el SAG se disponen a elaborar un reglamento de la nueva Ley de Medio Ambiente (Ley 20.417) que asegura la liberación al mercado de los transgénicos, mediante declararlos libres de impacto ambiental, o ingresarlos al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (EIA).

La expansión de los cultivos transgénicos para exportación, autorizados por el Servicio Agrícola y Ganadero, SAG, ha estado caracterizada por el secretismo y la falta de protección, ya que esta entidad se ha negado, históricamente,  a dar a conocer los sitios exactos donde se ubican los cultivos; el Consejo para la Transparencia lleva un año sin responder el recurso de amparo planteado por la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina, RAP-AL contra el SAG por este problema. Sin embargo, el caso fue llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y este año se declaró su admisibilidad: el Estado de Chile tendrá que responder.
La gravedad de la situación radica en que ya se han detectado predios de maíces contiguos a semilleros de OGM con resultados positivos para contaminación transgénica, según análisis realizados por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, INTA, en las comunas de Placilla, Santa Cruz y Chimbarongo. Esto es de extrema gravedad, porque los maíces contaminados son ilegales, dado que no están aprobados para consumo humano ni están autorizados por el SAG para uso como semilla.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




One Response to “Los Alimentos Transgénicos”

  1. kriztian Dice:

    muy interesante…


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