Los beneficios del amaranto


El amaranto se conocía hace siete mil años atrás en las culturas americanas, y al parecer fueron los mayas los que iniciaron los cultivos, para luego dar paso a una difusión de este que lo llevó a los aztecas e incas.

Sus propiedades nutricionales son tan fabulosas que actualmente la NASA lo considera para sus vuelos espaciales prolongados, ya que se trata de un alimento muy valioso, pesa poco y se digiere fácilmente, algo que se requiere mucho cuando se trata de estas situaciones.

Es considerado por muchos como un cereal, aunque ciertamente no pertenece a esta familia, y en la antigüedad fue considerada como una planta sagrada junto con la quinua y el maíz, pero que con la llegada de los españoles a América se insistió en su prohibición por no ser alimentos mencionados en la Biblia, porque veían que eran usados en muchos de sus rituales que ellos consideraban paganos.

El aprovechamiento del amaranto es completo, ya que aparte del consumo de su grano, la planta es utilizada también como forraje para los animales. Su semilla es muy rica en vitaminas, minerales y proteínas las que participan plenamente en el desarrollo del organismo de los seres humanos.

Especialmente recomendado para los procesos de osteoporosis por sus contenidos de calcio y magnesio, así como también muy recomendado para casos de anemias por el hierro existente en él y cuyas hojas incluso contienen más hierro que las espinacas. Poseen mucha fibra, altos niveles de oxalatos y nitratos.

Se le compara mucho con el alto contenido alimenticio de la leche debido a que el amaranto posee una gran riqueza en proteínas, calcio y minerales. Por otra parte, este alimento milenario tiene un buen equilibrio de aminoácidos entre los que mencionamos la lisina que es determinante en la alimentación del ser humano y que no hallamos así nomás en los cereales.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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