Cistitis intersticial


Aunque no es propiamente un cuadro infeccioso, se incluye en este capítulo esta entidad inflamatoria vesical de etiología desconocida. En este sentido, se esgrimen dos teorías no demostradas, por un lado la teoría autoinmune, y por otro, la de un déficit en el recubrimiento urotelial por glucosaminoglucanos.
CLÍNICA.
Suele presentarse en mujeres entre 30 y 70 años, como un cuadro cistítico crónico en el que destacan disuria, frecuencia, nicturia y dolor suprapúbico, acompañados en ocasiones de hematuria (20- 30%).
El diagnóstico es básicamente por exclusión de otra patología que pueda ocasionar un cuadro similar (infección bacteriana, tuberculosis, litiasis o tumor vesical) apoyado en los hallazgos cistoscópicos: 1) petequias submucosas, principalmente trigonales, que aparecen al distender la vejiga (glomerulaciones) y 2) úlceras de Hunner, excepcionales hoy en día.
TRATAMIENTO.
Aunque esta enfermedad raramente supone una amenaza para la vida de la paciente, su morbilidad es elevada. Desgraciadamente, las diversas alternativas de tratamiento sólo pueden encaminarse a una mejoría sintomática, en la mayoría de los casos con resultados discretos; 1) distensión hidráulica vesical, 2) amitriptilina oral, 3) instilación con dimetilsulfóxido (DMSO), 4) corticoides tópicos o sistémicos, 5) denervación vesical, 6) cistoplastias de aumento, y en último término, 7) cistectomía.
MUY IMPORTANTE
Ante un síndrome cistítico resistente a la antibioterapia convencional, pensar en:
• TBC (piuria ácida estéril con urocultivo negativo).
• Carcinoma del tracto urinario (hematuria en fumador).
• Cistitis intersticial (mujer con cuadro crónico).
Los cálculos de oxalato cálcico son los cálculos más frecuentes, seguidos por los de fosfato cálcico, infectivos y ácido úrico. La crisis renoureteral es la manifestación más típica, produciéndose el dolor por la sobredistensión de la vía urinaria tras la obstrucción de ésta por el cálculo. Cuando el cálculo se encuentra en vecindad de la vejiga, o bien dentro de ésta, puede aparecer un cuadro irritativo. Los cálculos infectivos de estruvita, y en menor medida los de ácido úrico y cistina, pueden crecer modelando las cavidades renales (litiasis coraliforme o en asta de venado), manifestándose no como cólico, sino como infecciones urinarias de repetición, dolor lumbar sordo, hematuria o incluso insuficiencia renal terminal.
La mayoría de los cálculos son radioopacos, exceptuando los de ácido úrico, los farmacológicos (indinavir, sulfamidas) y los de xantina. Los cálculos de cistina son radiolúcidos. Para el diagnóstico, además de la clínica, son útiles técnicas de imagen como la radiografía simple y la ecografía. Esta última permite la localización de las litiasis radiotransparentes, pero no es útil para observar el trayecto ureteral; además, con ella, podemos evaluar el grado de hidronefrosis

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Categoría: Glosario Médico.




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