Mi hija de 16 años me preocupa


En la crianza de los niños y adolescentes son fundamentales dos cosas: mucho cariño, afecto y contención, pero también reglas claras y límites firmes.

Muchas veces los adultos pensamos que si castigamos o retamos a un hijo, le estamos provocando un daño, pero la verdad es que se lo estamos provocando al no hacerlo. Para los hijos es tan malo tener padres permisivos como lo es tener padres estrictos.

Si un padre es demasiado estricto, ese hijo no tendrá espacio para desarrollar autodisciplina, responsabilidad y conocerse a sí mismo, con sus gustos y necesidades. Si por el contrario los padres son permisivos, los niños tienen más probabilidades de ser impulsivos, egoístas y de no respetar a otros.

Para que los niños y adolescentes se desarrollen adecuadamente se necesita un sistema familiar donde los adultos que están a cargo ejerzan la autoridad. Lo que sí es importante recalcar, es que el uso de esta autoridad debe ser razonable.

En resumen, los padres son los adultos que están a cargo y ser un buen padre implica hacer uso de la autoridad y eso significa ni abusar de la autoridad pero tampoco no usarla. No hacer uso de la autoridad también es hacer uno mal uso de ella y significa dejar a los hijos sin guías ni parámetros.

Cuando los hijos ya tienen una edad razonable, se pueden lograr acuerdos entre padres e hijos sobre qué cosas están permitidas y qué no y cuales serán las consecuencias a sus actos. Lo fundamental aquí, es que los límites que se han establecido se respeten y que los adolescentes conozcan claramente cuales serán las consecuencias de su trasgresión.

Puntualizando en tu caso específico, es importante que tú tengas claro que los adolescentes están en una edad en que suelen experimentar, por lo que tú debes intentar diferenciar si tu hija sólo está en eso, o ya está consumiendo más de lo indicado.

En todo caso, eso no significa que ella crea que tú avalas esa conducta. Una cosa es que ella experimente, pero otra cosa muy distinta es que tú avales esa conducta. Tu eres su madre no su amiga y ella deben saber que te preocupas por ella, por su integridad física y su salud mental.

Conversa con ella, pero en todos los ámbitos de su vida, no sólo en lo que se refiere a “carrete”. Si ella confía en ti y tienen una buena relación, recurrirá a ti en caso de un problema.

Intenta acercarte a ella, hagan cosas juntas, entérate de qué le gusta, qué música escucha y comparte con ella esos gustos. Pero no como amiga, como madre. Con cariño y amor y con límites.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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