Mi hijo tiene 1 año y 3 meses y tiene un carácter terrible


Cerca de los dos años, comienza una etapa evolutiva que se conoce como “primera edad de la obstinación”. Periodo en el cual los niños se ponen más tercos, obstinados, desobedientes y aumentan las conductas agresivas; el niño responde a la voluntad de otro con la oposición y la resistencia, mantiene su propia opinión y su propio deseo con violencia, rígidamente, en pugna con la autoridad y los deseos ajenos. A veces puede responder en forma intensa frente a las frustraciones, gritando, haciendo rabietas o pataletas, se tiran al suelo, etc. Es frecuente también que se muerdan o golpeen a si mismos; como un modo de expresar la frustración, la rabia, la impotencia o puede ocurrir en momentos de mucha tensión emocional.

Todos los niños son distintos

No todos los niños que atraviesan esta etapa muestran la misma intensidad de las reacciones, ni resulta tan difícil su manejo. Los niños con un temperamento difícil desde guaguas, los niños más enfermizos o que viven en un clima de tensión permanente, suelen ponerse más difíciles que el resto.

Mi hijo tiene 1 año y 3 meses y tiene un carácter terrible Consejos para Mamá

Este es un periodo crítico, de grandes cambios, fundamental para el desarrollo de su personalidad. Este comportamiento del niño, que muchas veces nos resulta incomprensible, se debe al despertar de la conciencia del yo; por primera vez es capaz de reflexionar acerca de sus deseos, necesidades y motivaciones, quiere autonomía e independencia, no ven sus limitaciones ni miden peligros, quieren hacer valer sus deseos y su voluntad que tiende a chocar con el control parental. Por todo esto es que el niño responde negativamente a las exigencias, límites, e imposiciones externas.

En este periodo, el niño requiere de mucha paciencia por parte de sus padres; y en este sentido es fundamental que comprendan que es una etapa normal y esperable. Ser paciente no quiere decir tolerar todos sus caprichos, es fundamental poner límites y hacer que las órdenes se cumplan. Las ordenes que se le dan al niño a esta edad; y se relacionan especialmente con los hábitos e alimentación, higiene, etc.

El niño debe aprender que no siempre será posible llevar a cabo su voluntad, así comenzará a ponerse en el lugar de los demás y desarrollar empatía. Pero es importante también darles mayor independencia y dejar que ejerciten su voluntad, no paralizarla siendo demasiado rígidos e intransigentes. No podemos esperar que el niño asienta a toda nuestras órdenes sin alegar, debemos tolerar que muestre su rabia y frustración cuando no consigue lo que desea; eso es lo normal y lo esperado. La rabia es una emoción necesaria y universal, que no es sancionable; es la reacción ante esta la que el niño debe ir aprendiendo a modular. Te encontrarás con varios “no” al día, pero lo normal es que los niños se opongan y nos desafíen en ocasiones y deberemos ser constantes y pacientes hasta lograr la aceptación de la conducta deseada. Límites, no significa castigo, gritos, ni menos golpes o maltratos.

Niveles de importancia

Debemos establecer niveles de importancia ante sus deseos y nuestras reglas. Existen situaciones de menor seriedad en que es positivo que el niño haga lo que desea, que tome elecciones simples, por ejemplo, dejarlo elegir su ropa o el color del vaso e el que va a tomar agua, aunque no sea la que más nos gusta. Pero hay ciertas cosas que no son debatibles, y estas el niño las debe tener claras y es necesario perseverar en el cumplimiento de estos mandatos; como los horarios, y sobre todo cuando hay algún tipo de riesgo. En estos casos no podrá hacer su voluntad y si es necesario habrá que tomarlo firme pero con cariño.

Las pataletas o rabietas, es una forma de expresar su rabia y frustración; aun no han aprendido otra distinta; y de la forma cómo se manejen los padres frente a ésta, dependerá en gran medida si es una etapa transitoria; o bien es un estilo conductual que puede persistir. Éstas debieran ir cediendo hacia los cuatro años; y son más intensas entre los dos y los tres. Frente a las rabietas, lo más importante es mantener una actitud de tranquilidad y calma. Como padres, somos modelos para nuestros niños y debemos enseñarles a tolerar las frustraciones, que son inevitables, y el autocontrol; pero en la medida que reaccionemos con gritos, amenazas o desesperación, no seremos buenos modelos ni lograremos cambios favorables en ellos.

Un ambiente tranquilo, ayuda al niño a recuperar el control, tomarlo, abrazarlo e intentar distraerlo, pueden evitar una gran rabieta. El afecto y el humor son fundamentales para que el niño logre distraerse y también para que acepte órdenes, que deben ser claras, sin muchas explicaciones y consistentes; pero dadas con afecto. En la medida en que crecen, se les puede ir explicando las razones de las reglas y normas. Por ejemplo, decirle “anda a acostarte”, es distinto que ofrecerle una carrera hasta la cama; o que vayan a “regalonear un ratito”.

Furia infantil

Si la pataleta comienza, es recomendable no darle demasiada importancia y atención. Decirle por ejemplo que entiendes que tenga rabia; pero que esperarás hasta que se tranquilice. Es importante no acceder a sus demandas ni prestarles demasiada atención cuando reaccionan de esta forma, ya que esto agravará la situación y hará que la conducta se repita. Si no le damos gran importancia y nos alejamos o dejamos al niño solo por unos minutos, lógicamente cuidando de su seguridad, comprenderá que ese recurso es poco efectivo y buscará otro. Esto si los padres logramos mantener la calma y reaccionamos siempre del mismo modo, para que el niño vaya aprendiendo de a poco qué es lo permitido y que no lo es. En este sentido, es importante que todos los adultos que lo rodeen reaccionen de la misma forma; ya que los niños captan muy tempranamente a quien logran manejar y quienes son figuras de autoridad.

Los límites son fundamentales porque dan seguridad, protección y disminuyen los niveles de ansiedad.

Felicítalo y elógialo cuando empiece a obedecer y logre controlarse.

Aunque resulte difícil, en estos casos es fundamental ser paciente, y darles la oportunidad que adopten una forma distinta, tolerar la frustración y modular la expresión emocional es una tarea de largo aliento. Tu hijo es muy pequeño aún y somos los padres sus modelos.

Si ves que las reacciones persisten, duran mucho rato, al niño le cuesta recuperarse o alteran la relación de ustedes; sería útil consultar para que ayuden a manejarlo mejor; y que se mantenga la elación de afecto y cariño entre ustedes.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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