Aborto espontáneo: Un problema frecuente al inicio del embarazo


Cerca del 15% de los embarazos reconocidos termina en aborto espontáneo y se estima que hasta el 50% de los embarazos totales se pierden, pero muchas veces pasan inadvertidos, ya que tienen lugar antes de que la mujer sepa que está encinta.

Un aborto es la expulsión del feto antes de las 22 semanas de gestación o previo a alcanzar los 500 gramos, o sea, antes de estar en condiciones de sobrevivir fuera del útero.

La mayoría de los abortos espontáneos tienen lugar durante el primer trimestre de embarazo y muchos de ellos son causados por problemas genéticos. “Si una mujer en edad fértil pierde un bebé, lo más probable es que sea por una causa cromosómica”, explica el doctor Ricardo von Muhlenbrock, ginecólogo obstetra de Clínica Alemana.

Las malformaciones uterinas, como úteros dobles, tabicados o con tumores, también pueden producir abortos. Éstos se generan por un impedimento para el buen desarrollo del saco gestacional.

El primer síntoma que permite sospechar de un aborto es la metrorragia o sangrado genital, que habitulamente es moderado, pero puede ser una hemorragia cuando la gestación es mayor. Más adelante aparece el dolor pelviano con características de cólico que corresponde a contracciones uterinas, las que se asocian a un aborto inevitable.

Existen dos tipos de aborto, el provocado y el espontáneo.
Este último tiene dos modalidades: cuando se expulsa el feto y cuando una mujer aborta, pero queda el producto de la gestación adentro, lo que se llama aborto retenido y que generalmente es detectado en una ecografía de rutina. De acuerdo con el especialista, “lo que pasa en estos casos, es que se muere el embrión, pero la placenta sigue funcionando: el organismo se demora en darse cuenta de que ese embarazo está perdido”.

En situaciones como éstas no hay mayores riesgos. Se espera dos o tres semanas para que la mujer expulse el embrión, y de lo contrario, se interviene quirúrgicamente.

Antiguamente se utilizaba un procedimiento que consiste en expandir el útero con unos dilatadores metálicos, unos más finos y otros más gruesos, hasta que se logre tener un centímetro. Luego, con la ayuda de una cucharilla, se retira el tejido embrional. Todo este proceso se realiza bajo anestesia profunda.
Hoy existen medicamentos que son bastante seguros, como las prostaglandinas locales, que se ponen en los fondos del saco vaginal y sirven para dilatar el cuello del útero.

Demoran entre seis y doce horas en hacer efecto. “Con este procedimiento, uno se salta la etapa de dilatación cervical, porque la paciente entra a pabellón lista”, afirma el doctor von Muhlenbrock.

Según explica el ginecólogo, una mujer que tuvo un aborto espontáneo, a los tres meses puede estar embarazada otra vez, siempre que haya sido tratada con prostaglandinas locales y no haya habido una dilatación cervical: “Uno espera dos ciclos y al tercero se la autoriza para que se embarace”.

No hay ninguna manera de prevenir el aborto espontáneo. La probabilidad de cualquier mujer de tener una pérdida es de más o menos un 10%; sin embargo, si una mujer ya ha sufrido un aborto, sus posibilidades de tener otro se duplican.

Cuando se han tenido más de dos abortos es recomendable que se investigue el caso, ya que según el especialista, sólo una pérdida está dentro de los mecanismos de selección natural: “Quienes han sufrido más de una se les conoce como abortador habitual y deben estudiarse, ya que tienen determinados patrones que se repiten”.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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