Bronquiolitis aguda en la infancia


Aunque esta obra está dedicada a la enfermedad respiratoria del adulto, la gran trascendencia que tiene la bronquiolitis infantil obliga a un comentario resumido.
Se entiende como el primer episodio de bronquiolitis aguda, generalmente provocado por virus respiratorio sincitial (VRS), en un lactante menor de 12 meses sin enfermedad previa. Sin embargo, esta definición es controvertida, ya que algunos autores también consideran los episodios repetidos e incluyen hasta los dos años de vida. Es la infección más frecuente durante la lactancia, y ocasiona la hospitalización del 3,5% de los recién nacidos a término y el 15-20% de los recién nacidos antes de las 32 semanas de gestación. Todo ello conlleva que se considere un problema mayor de salud pública. Aunque el VRS es el causante del 75% de los ingresos por bronquio-litis, también puede ser secundaria a infección por otros virus (metaneumovirus e influenza).
Las manifestaciones histológicas coinciden con una necrosis fibrinoide del bronquiolo terminal reversible en pocos días, presentando cierta similitud con las descritas previamente en la bronquiolitis aguda.
El cuadro clínico se inicia con síntomas catarrales de vías respiratorias altas y, 2 ó 3 días después, aparecen las manifestaciones de afectación de la vía aérea periférica con tos, disnea, taquipnea, fiebre y una moderada, o a veces grave postración, debida sobre todo a la dificultad respiratoria y a la imposibilidad de hacer las tomas de alimento. En niños previamente sanos, los síntomas persisten durante 2 ó 3 días, después de los cuales la temperatura desciende y los síntomas respiratorios desaparecen de forma paulatina. No obstante, en los niños menores de un año, la bronquiolitis por VRS puede complicarse con neumonía. Los hallazgos radiológicos son inespecíficos y no existe un patrón radiológico típico. Las alteraciones radiológicas más frecuentes son: el atrapamiento aéreo, el engrosamiento peribronquial, las consolidaciones segmentarias y, en una minoría de niños, el colapso pulmonar.
El diagnóstico de la bronquiolitis infantil suele ser clínico. Se establece en lactantes con un cuadro de tos y disnea, en ocasiones acompañadas de cianosis, retracciones costales y sibilancias. La identificación del VRS en secreciones nasofaringeas por inmunofluorescencia directa resulta de gran ayuda.
La gravedad de la bronquiolitis se valora por parámetros clínicos derivados de la exploración física (sibilancias, tiraje, frecuencia respiratoria, frecuencia cardiaca y cianosis). Para la valoración del grado de oxigenación, suele emplearse la pulsioximetría. A veces, es necesario la toma de una muestra de sangre arterial o capilar del talón o del pulpejo del dedo. Aunque la bronquiolitis por VRS no suele causar problemas a largo plazo, algunos niños quedan con episodios repetidos de hiperrespuesta bronquial.
La actitud terapéutica inicial debe ser conservadora, pues, en la gran mayoría de los lactantes con bronquiolitis, va a existir una resolución espontánea del proceso y pueden ser tratados en el domicilio con medidas generales. No obstante, otro grupo de lactantes precisa ingreso hospitalario, requiriendo la administración de oxígeno y correcta hidratación. La evidencia científica actual demuestra la ineficacia de los GCE y la dudosa utilidad de los broncodilatadores (?2-agonistas y anticolinérgicos) en el tratamiento de la bronquiolitis (especialmente en la VRS positivo).

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Categoría: Glosario Médico.




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