Calambres: Mitos y realidades


Según la literatura médica no se sabe por qué se producen, pero existen algunas teorías, como un posible desbalance de sodio y potasio en el organismo.
Casi todas las personas, alguna vez en la vida sufren un calambre. A pesar de ser un fenómeno tan común, todavía no existe una explicación clara sobre su causa, pero esta manifestación incómoda y dolorosa está rodeada de mitos que no siempre tienen asidero científico.

El doctor Mario Campero, neurólogo de Clínica Alemana, explica que los calambres son una contracción involuntaria de un segmento de un músculo que produce mucho dolor y puede durar algunos minutos, aunque habitualmente se prolonga por menos de un minuto.

Los calambres en sí no son una enfermedad, pero algunas personas los presentan muy frecuentemente, lo que se ha denominado síndrome de calambre y fasciculación. Acompañado de debilidad y atrofia, puede ser un signo de una patología muscular o del sistema nervioso como las enfermedades congénitas musculares, una neuromiotomía o una enfermedad de la neurona motora, que son poco frecuente y, en general, graves”, sostiene el neurólogo.

Según la literatura médica no se sabe por qué se producen, pero existen algunas teorías: “Probablemente se generan por un desbalance de sodio y potasio entre el nivel intracelular y el extracelular. Un exceso de potasio provoca que las células nerviosas tengan un umbral de excitabilidad más bajo, es decir, frente a estímulos mínimos generan una descarga eléctrica que lleva a la contracción de una parte del músculo. Como se trata de un segmento, las fibras musculares se fraccionan y eso causa el dolor”, explica el doctor Campero.

De ahí la recomendación de ingerir alimentos que contengan potasio, como los plátanos. Pero según el especialista, no hay ningún estudio científico que avale esta sugerencia.

Existen diversas situaciones que originan el desequilibrio de sales. Las más comunes son el ejercicio físico extenuante, el embarazo, la diálisis, la hiperventilación y vicios posturales.
El doctor Campero explica que cuando hay exceso de actividad física, la maquinaria que permite a las células nerviosas funcionar se cansa y por eso se acumula potasio. “En cada impulso nervioso entra sodio y sale potasio de la célula nerviosa, cuando hay demasiados, el sistema energético no es capaz de mantener el equilibrio, se empieza a acumular potasio y eso hace a la neurona más irritable. Por eso ocurren los calambres después de correr 20 km. y no cuando comienza la carrera”.

En las diálisis, el desbalance tiene relación con el trabajo de limpieza artificial que hace la máquina en reemplazo de los riñones. En el embarazo se supone que se genera por una dificultad en el retorno venoso. “Cuando las personas hiperventilan respiración profunda y muy seguida- ya sea por estrés, ansiedad o algún factor emocional, se produce el mismo efecto, el cual causa un hormigueo en la boca y manos, además de espasmos musculares en las manos y pies, donde estos se contraen”, afirma el neurólogo.

Mito real
Las mamás prohíben a los niños nadar hasta una hora después de haber comido porque les puede dar un calambre y por el dolor, podrían ahogarse. Pasados los años surge la duda de si esa regla es en realidad para que los papás puedan dormir siesta tranquilos.

El doctor Campero explica que al alimentarse aumenta la circulación en el intestino a expensas de la sangre que va al cerebro (por eso cuando se come mucho da sueño) y músculos. “Pero si después de comer realizo cualquier esfuerzo físico, como nadar, se va a producir una falta de irrigación en el estómago, lo que puede provocar un calambre estomacal. Además si no llega suficiente sangre a los músculos usados al nadar, se produce un calambre muscular. Entonces, la recomendación de las abuelitas es correcta”.
Para evitar los calambres el especialista aconseja no realizar ejercicios extenuantes y elongar el músculo, eso disminuye el dolor y la duración del calambre. Si la persona queda inmovilizada por el dolor, debe pedir a alguien que realice la elongación.

Los individuos más sensibles que sufren del síndrome de calambres no requieren de un ejercicio extenuante para presentarlos, les basta con una actividad física normal o una postura viciosa donde se apriete un nervio, como mantener las piernas cruzadas por mucho rato. “Ellos deben evitar estas situaciones, disminuir el nivel de la actividad física en forma paulatina porque los calambres ocurren con más frecuencia cuando el músculo se acorta y eso sucede en el reposo luego de un ejercicio”, asegura el doctor Campero.

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Categoría: Medicina Deportiva.




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