Curar un transtorno alimetario


Hace algunos años, en un congreso sobre trastornos alimentarios le preguntaron al conferenciante, el profesor Michael Robinson, cuando consideraba que alguien se había curado de un trastorno alimentario. Él respondió con un símil que en aquel momento me impresionó, pero que desde entonces he tenido presente en el trabajo con mis pacientes. Contestó que él se imaginaba en su labor cómo los obreros de los ríos madereros del norte de Europa. En aquellos bosques cortan los troncos y tras quitarle las ramas los echan al río donde la corriente los arrastra hasta el aserradero; pero es necesaria la intervención de unos obreros que cuando algún tronco encuentra algún obstáculo que detiene su curso y obstruye la corriente, mueven con unas pértigas el tronco adecuado para que el río pueda seguir su curso. Nos contó que él en su trabajo se siente como uno de estos trabajadores.

El trastorno alimentario es una forma de manejar conflictos de relación, hacerle frente a carencias personales o volver a sentir que recuperan el control de su vida o circunstancias. Sin embargo, estas conductas se perpetúan aunque los objetivos iniciales por las que se iniciaron no se logren o incluso se empeoren. Estas alteraciones dejan de ser una mala solución para pasar a ser un grave problema.

Curarse del trastorno conlleva, no sólo modificar sus hábitos alimentarios y la forma de afrontamiento de sus conflictos, sino volver a enfrentarse al problema inicial que originó el trastorno alimentario. Los temores y amenazas – no sentirse aceptado, la sensación de soledad, el miedo al fracaso- se volverán ha hacer presentes.

Iniciar el cambio que llevaría a la resolución de su problema significa, en primer lugar, entender que es posible y necesaria una forma diferente de actuar. Su problema no es – o no es sólo – sus hábitos alimentarios, sino aquellas dificultades que intentaron resolver perdiendo peso. Reconocer su sufrimiento y frustración iniciales y buscar ayuda de profesionales para hacerle frente es el inicio del proceso de recuperación. Potenciar que el propio paciente acepte el empezar a ‘arreglar’ su vida y facilitarle que encuentre la forma de hacerlo o la ayuda conveniente. Curarse es empezar a preocuparse por su bienestar y sus posibilidades de desarrollo personal y relacional. Inicia a andar este camino es ya la curación.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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