Diagnóstico de la bronquitis aguda


El diagnóstico es clínico y, en general, fácil de establecer y difícil de confirmar. El síntoma fundamental, la tos, es muy inespecífico y ni siquiera la apariencia del esputo es útil para diferenciar una etiología vírica o bacteriana del cuadro. Además, tampoco se dispone de datos exploratorios patognomónicos o pruebas complementarias definitivas. Por tanto, los esfuerzos diagnósticos deben orientarse más a descartar otras enfermedades clínicamente semejantes que a confirmar el diagnóstico de bronquitis aguda. Los estudios microbiológicos sólo están indicados en casos graves, ante la persistencia inusual de síntomas, cuando se sospeche una etiología bacteriana o con fines epidemiológicos. La radiografía de tórax es normal o muestra un cierto grado de engrosamiento peribronquial. Su principal interés radica en su capacidad para descartar la presencia de neumonía u otras enfermedades respiratorias. Tampoco debe practicarse de forma habitual y sólo estaría indicada ante hallazgos semiológicos llamativos o en situaciones de inmunodepresión. Con esta actitud restrictiva, se puede esperar que un 5% de los pacientes diagnosticados clínicamente de bronquitis aguda sufran realmente una neumonía radiológica, pero probablemente esto tenga poca trascendencia en la evolución del cuadro. El 60% de los pacientes tienen un patrón espirométrico obstructivo que se normaliza en las 4 ó 5 semanas siguientes a la infección. Un porcentaje significativo de adultos con bronquitis aguda tienen una prueba de hiperrespuesta bronquial inespecífica positiva, que persiste varias semanas y que se resuelve espontáneamente.
La bronquitis aguda y la neumonía pueden presentar un cuadro clínico semejante que la radiografía de tórax ayudará a diferenciar. El asma y determinadas enfermedades ocupacionales o exposiciones ambientales también pueden confundirse con una bronquitis aguda. Además, puesto que los pacientes con bronquitis aguda pueden desarrollar una cierta hiperrespuesta bronquial, – transitoria o no –, y, a su vez, la infección es una causa frecuente de exacerbación del asma, ésta siempre debe considerarse en pacientes con episodios recidivantes de bronquitis aguda. La persistencia de tos durante más de tres semanas, que empeora por la noche o que se desencadena tras la exposición al frío o el ejercicio, debe hacer sospechar un equivalente asmático de la tos. En estas situaciones puede ser necesaria la realización de una espirometría con prueba broncodilatadora o la prueba de hiperreactividad bronquial. En el diagnóstico diferencial también deben incluirse las infecciones de las vías aéreas superiores, el síndrome del goteo nasal posterior, la sinusitis, y otras causas de tos y disnea de origen no pulmonar, como la insuficiencia cardiaca o el reflujo gastroesofágico.

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Categoría: Glosario Médico.




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