Diagnóstico del asma


Como quiera que la reversibilidad de la obstrucción bronquial es el rasgo definitorio del asma, el diagnóstico implica su demostración. En la practica clínica, en muchas ocasiones, esta reversibilidad se objetiva al desaparecer la disnea y las sibilancias en un enfermo correctamente tratado. Pero de forma rigurosa, esta reversibilidad se debe demostrar con alguna de las pruebas siguientes.
Prueba de broncodilatación. Se considera diagnóstico un aumento del FEV1 >_ 12%, e incremento mínimo de 200 ml en valores absolutos, tras la inhalación de un broncodilatador??2-agonista de acción corta. Algunos autores aceptan como diagnósticos los mismos cambios referidos a la FVC.
Prueba de broncoprovocación. Se considera diagnóstico un descenso del
FEV1 >_ 20% con una concentración de metacolina o histamina <_ 8 mg/ml. Prueba de control del flujo máximo espiratorio (PEF). Se considera diagnóstica una variación diurna del flujo espiratorio máximo (PEF) >_ 20%, e tomar medicación antiasmática y a primeras horas de la tarde a lo largo de dos semanas.
La prueba de broncodilatación es la más utilizada y tiene gran rentabilidad diagnóstica cuando el enfermo tiene obstrucción de la vía aérea. En los periodos asintomáticos, con espirometría normal, su valor diagnóstico es muy limitado y en caso de duda se recomienda alguna de las otras dos pruebas. Otras maniobras de broncoprovocación (ventilación con aire frío y prueba de ejercicio) han sido menos utilizadas.
Pruebas cutáneas con alergenos. Aunque para el diagnóstico de asma basta con que una de las pruebas arriba referidas sea positiva, tiene especial interés la demostración de mecanismos de hipersensibilidad en enfermos asmáticos. La demostración de un mecanismo alérgico carece de importancia para el tratamiento farmacológico del asma pero puede ser de gran trascendencia para arbitrar medidas de control ambiental. Las pruebas cutáneas con alergenos constituyen la técnica más rápida y económica. Se suelen realizar por escarificación (prick test). La positividad viene marcada por una reacción en forma de pápula, mayor o igual que la que produce un control con histamina, y que se desarrolla en unos veinte minutos. Sin embargo, hay que aclarar que una prueba cutánea positiva no implica obligatoriamente a ese alergeno como responsable del asma; la positividad debe correlacionarse clínicamente con la enfermedad para que pueda considerarse significativa. Hay que tener en cuenta que hasta un 20% de la población puede tener pruebas positivas frente a alergenos comunes en su entorno, pero solamente un tercio de este grupo desarrollará asma. Este tipo de pruebas significa poner de manifiesto, “in vivo”, la presencia de anticuerpos IgE específicos para un alergeno concreto. Pero este tipo de anticuerpo, propio de los enfermos atópicos, también puede ser detectado en sangre mediante técnicas de radioinmunoensayo o enzimoinmunoensayo (RAST y ELISA), pudiéndose valorar la cantidad total de IgE, que presenta tasas por encima de la normalidad en pacientes con asma extrínseca, o la cantidad de IgE específica a diferentes alergenos concretos que puedan tener una responsabilidad directa sobre el curso de la enfermedad. Otra posibilidad de demostrar la implicación de un alergeno es practicar una prueba de provocación bronquial haciendo inhalar al enfermo un aerosol que contiene concentraciones progresivas del alergeno sospechoso, esta prueba se conoce como test de provocación bronquial específica. Encierra ciertos riesgos, especialmente por las reacciones tardías que puede provocar. Su uso suele estar muy limitado a la investigación clínica y al asma profesional.
La citología de esputo puede tener especial interés en casos de difícil diagnóstico. El esputo debe recogerse en fase sintomática y sin tratamiento esteroideo. Los hallazgos ya han sido descritos con anterioridad y recuentos de eosinófilos superiores al 10% ya se consideran significativos, aunque lo habitual es encontrar cifras mucho más altas.
La eosinofilia en sangre periférica también se puede detectar en enfermos asmáticos, independientemente de que el asma esté asociada a enfermedad alérgica.
La radiografía de tórax aporta poco al diagnóstico. En periodos asintomáticos, o con síntomas leves o moderados, es normal. Cuando existen crisis asmáticas es frecuente observar hiperinsuflación pulmonar con una trama broncovascular conservada y un engrosamiento de la pared bronquial La TACAR objetiva con mayor nitidez el engrosamiento de la pared bronquial y ayuda en el diagnóstico del asma persistente cuando hay que diferenciarla de otras enfermedades que también cursan con disnea.

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Categoría: Glosario Médico.




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