Dr. Benjamín Vicente Parada: “Hay que intervenir en prevención y promoción, para cambiar la salud mental del país”


Con una larga trayectoria en estudios de epidemiología psiquiátrica, el profesional es un convencido de que para mejorar la calidad de vida y la salud mental de la población, es necesario actuar rápido en base a estos dos grandes temas planteados.
Combinar las ciencias con las humanidades pareciera ser el ideal que el doctor Benjamín Vicente Parada, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Guillermo Grant Benavente y director del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, proyecta a través de cada una de las ideas y pensamientos que expresa.

Su marcada formación humanista se nota. No es menor que este filósofo de profesión, se haya interesado en la especialidad de psiquiatría mientras estudiaba a los grandes pensadores del mundo tratando de buscar qué aspectos podrían tener en común, en cuáles podría haber un intercambio fructífero entre ambas disciplinas y de qué forma la psiquiatría podría enriquecerse al buscar las fuentes del conocimiento del ser humano en las que toma parte la filosofía.

El problema, era que para ser psiquiatra tenía que estudiar medicina, cosa que al doctor Vicente no le atraía. “Eso de hacer la parte netamente quirúrgica, significaba para mí todo lo contrario que para el común de los estudiantes de medicina. A mí no me gustaba abrir a la gente, a mí me gustaba llegar a ellos sin la necesidad de tener que hacerlo, en un sentido figurado. El paso por la medicina fue para mí un mal necesario. De hecho, desde la filosofía me interesó siempre la psiquiatría y si para llegar a ella tenía que pasar por medicina, ya estaba. Había que hacerlo simplemente. Y así me lo plantee”, confiesa el académico.

Al poco tiempo de terminada su beca, se trasladó a Inglaterra a realizar un doctorado en epidemiología y psiquiatría social. En 1988 lo terminó y volvió a Chile para radicarse en Concepción, donde ha desarrollado importantes investigaciones desde entonces, la última de ellas sobre la salud mental en niños y adolescentes.

Con la simpatía y cercanía que lo caracteriza, el doctor Benjamín Vicente nos recibió en su oficina, para hablar sobre este estudio y los proyectos que, a partir del terremoto pasado y las conclusiones alcanzadas, se están generando.

– Doctor, me gustaría que nos contara que lo motivó a realizar el estudio sobre prevalencia comunitaria de trastornos psiquiátricos y utilización de servicios en la población infanto-juvenil chilena
– Sentimos de teníamos una deuda. De hecho, cuando yo volví a Chile a fines de los 80’ nos parecía que había que hacer un estudio de la prevalencia trastornos psiquiátricos en la comunidad. Se lo plantee a las autoridades de salud de la época. A pesar de ser muy cálidos y amables, la respuesta final fue negativa. Se pensaba, en aquel entonces, que ese tipo de estudios eran propios del mundo desarrollado, algo muy caro, sofisticado y difícil de implementar en un país como el nuestro. Con el apoyo incondicional de mi amigo Pedro Rioseco, insistimos en la necesidad de realizarlo e iniciamos la preparación para empezar a realizar el estudio en adultos, que hicimos en la década del 90’.

– Y con qué se encontraron…
– Estudiamos la prevalencia de trastornos psiquiátricos y utilización de servicios en la población adulta de nuestro país, que permitieron el diseño de las políticas y programas de salud mental de estas últimas dos décadas. Se demostró que había una prevalencia altísima de cuadros y que la distribución de ellos no era lo que se esperaba. Tuvo un impacto muy relevante, pero nos parecía que había una deuda con la población infanto-juvenil. La tecnología la disponíamos, la experiencia como equipo también, por lo tanto decidimos realizar ahora el estudio de la población entre 4 y 19 años. Nuevamente, gracias al financiamiento de Fondecyt, logramos hacer este estudio que terminó en diciembre pasado.

– ¿Quiénes participaron en este proyecto?
– Durante todo este proceso, que lleva más de 22 años de investigación, han participado muchos profesionales. Pero en este momento, el equipo actual, que ha trabajado en niños y adolescentes, está compuesto por Sandra Saldivia, que ha sido la persona fundamental en el diseño en Concepción; Flora de la Barra, una importante psiquiatra infanto-juvenil conocidísima en Santiago que se encargó del levantamiento de los datos en Santiago. Tuvimos colaboración de profesionales locales: Mario Zúñiga en Cautín, Rolando Leal en Iquique y acá en el trabajo más de Concepción Mario Valdivia ha ejercido un trabajo muy significativo.

– ¿Cuáles fueron las principales conclusiones alcanzadas?
– Lo más relevante es que, efectivamente, la prevalencia que nosotros encontramos es bastante más alta de la que estaba reportada en algunos estudios de esta naturaleza realizados en el mundo. Esta prevalencia se expresa de dos maneras: hay una prevalencia cruda, que es el número de niños que, al momento de la evaluación, tienen una patología; y una prevalencia adjuntada, que es aquella que se obtiene cuando hay un impedimento que hace que el niño tenga problemas reales. En este segmento tenemos un 22% de niños, entre cuatro y 19 años, que tienen una patología psiquiátrica que le genera impedimentos. Esto se asocia en el mundo a la necesidad de atención. Se puede tener una patología, por ejemplo, una fobia social, una timidez normal que hace al niño tener pocos amigos y no causa mayores problemas, pero cuando se tiene una fobia social intensa, con sintomatología que me impide funcionar en la vida diaria, se manifiesta el impedimento. Ahora, normalmente, lo que necesita ese niño es atención. Entonces, la importancia que tienen esas cifras es que estamos hablando de una población enorme. Si consideramos el número de personas que están en este momento complicadas, nos vamos a dar cuenta que la brecha asistencial es tremenda, porque los especialistas no están disponibles y porque los servicios no existen. En este momento en Chile, para hospitalizar niños, hay sólo camas en el Hospital Félix Bulnes y las siete que nosotros tenemos en el Hospital Guillermo Grant Benavente en Concepción. En el resto del país no hay. El entregar este tipo de información permite que las autoridades pertinentes rediseñen el sistema y la inversión, para afrontar el problema de la manera correcta. Actualmente, eso no se está haciendo. Hay muchas personas que tienen los problemas, pero no tienen el acceso a solución y estamos hablando del 75% de la población que se atiende en el sector público, porque el resto del porcentaje tiene los medios que le permiten cubrir el tratamiento médico.

– ¿Cuáles fueron los instrumentos de evaluación utilizados?
– Nosotros lo que hicimos fue utilizar un instrumento altamente estructurado llamado DISC, que funciona en un computador portátil, de tal manera que mientras se evalúa a la persona, la información se va registrando inmediatamente. Este es un instrumento que se desarrolló en Estados Unidos y fue traducido por el equipo de Puerto Rico, con quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar en los últimos 25 años. Lo que nosotros hicimos fue adecuarlo y validarlo en Chile. Tuvimos un trabajo previo, probamos este instrumento con pacientes diagnosticados, todo bajo un proceso de validación realizado antes de ir a trabajar con ese instrumento a la calle. En el fondo, utilizamos en todos los lugares de la muestra, el mismo diseño probado en adultos años antes.

– ¿A su juicio, cuál es la relevancia de este estudio para futuros planes sanitarios respecto al tema?
– Yo creo que con esta información dura te permite diseñar servicios, identificar grupos de riesgo. Nosotros agregamos al instrumento de diagnóstico, una batería muy importante de información sobre la familia como los antecedentes psiquiátricos de ella, la estructura y funcionamiento, el potencial abuso y maltrato en la infancia, el desarrollo conductal del niño en la escuela, es decir, elementos que no tienen nada que ver con el diagnóstico que nos van a permitir entender mucho mejor la patología y dar material para que se realicen las intervenciones específicas necesarias. En este momento nuestro interés es meramente académico y científico. Nosotros entregamos datos sólidos, pero no somos quienes tienen que tomar las decisiones para poder intervenir y resolver este problema. Este es el primer estudio que se hace en población infanto-juvenil en Chile. Hay algunos otros que se han realizado en poblaciones pequeñas de Brasil, México y estados Unidos. Pero un estudio nacional como este, es único en Sudamérica.

Cómo médico de provincia, ¿Qué valor tiene para usted el haber liderado el equipo de investigación?
– No es fácil en un país centralizado como este entrar en las ligas mayores. Hacerlo desde provincia es tremendamente complicado. Pero en este momento el nivel de publicación que nosotros tenemos es tan bueno o mejor que el de cualquier centro de salud de Santiago. De hecho, se ha establecido un orden a través de ISI, que se ha transformado con el tiempo en el patrón internacional para medir el nivel y la calidad de un trabajo de investigación. En Chile existe sólo una revista ISI que es la Revista Médica de Chile. Pero nosotros tenemos publicaciones también en The British Journal of Psychiatry y en The American Journal of Psychiatry.

– El terremoto del pasado 27 de febrero abrió una nueva ventana de investigación con respecto a la salud mental infanto-juvenil del país. Tengo entendido que también desea desarrollar un estudio epidemiológico sobre el impacto que este hecho tuvo en la salud mental de este grupo. ¿Qué nos podría contar al respecto?
– Esta es una oportunidad absolutamente única en la vida y en el mundo, en la que dos o tres meses antes de un evento natural tan espectacular como este se tiene una evaluación de la salud mental de los niños y adolescentes. Una línea basal con la cual poder contar. Me parecía que era imperdonable no volver a evaluar a esos niños para saber cuál había sido el impacto real de ese hecho en ellos. Empezaremos a trabajar a partir del mes de octubre. Hay muchas hipótesis respecto a los resultados. Lo interesante es que las conclusiones que alcancemos van a ser tan únicas, que no podrán ser comparados con ningún otro estudio, porque este va a ser el único que cuente con un trabajo previo, que nos permitirá hacer una comparación preciosa. Debo decir que tuvimos una suerte académica increíble.

– Por último doctor, cuáles son los proyectos que tiene actualmente en mente
– En este momento, la idea más concreta tiene que ver con desarrollar una red asistencial eficiente en Concepción, estamos haciendo todos los esfuerzos necesarios para que aquello se concrete. Desde el punto de vista de desarrollo académico y formador, debo decir que hemos hecho grandes. Este año, en la Universidad de Concepción, se inició la formación en psiquiatría infanto-juvenil. Para 2011 esperamos crear una subespecialidad en psicogeriatría, un tema muy importante para el país, el próximo mes viene un profesor de Estados Unidos que va a estar con nosotros para ayudarnos a preparar esa subespecialidad. Otro desarrollo tiene que ver con la creación, hace dos años, de un doctorado en salud mental, versión que ya está terminando y que estaba destinado a licenciados y no sólo a personas del área médica. Yo tengo la convicción de que necesitamos de un profesional especialmente preparado para intervenir en lo que es prevención y promoción. A mí me gustaría decir, que si seguimos pensando en el futuro con la mentalidad asistencial, donde el especialista está esperando que le llegue el paciente, siempre vamos a llegar tarde. Yo soy un convencido de que la salud en el mundo cambió en el siglo pasado cualitativamente de una manera impresionante, cuando se tomaron las líneas de tratamiento básicas. Se mejoró la calidad de vida, gracias a las medidas preventivas y de promoción. Y para eso necesitamos profesionales especialmente preparados. Mi proyecto es hacer en psiquiatría lo mismo que se hizo en la salud general, intervenir antes.

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Categoría: Actualidad Médica.




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