El bostezo: Más que el preludio del sueño


Este acto es parte de un repertorio de conductas normales, que existe incluso en animales muy primarios y en todos los mamíferos. Sin embargo, cuando es excesivo puede ser síntoma de enfermedad.

Puede surgir en medio de una clase, en una reunión de trabajo, o incluso en plena cita romántica. Bostezar en el lugar y momento menos adecuado es una embarazosa experiencia que todos hemos sufrido alguna vez.

El bostezo es parte de un repertorio de conductas normales, que existe incluso en animales muy primarios y en todos los mamíferos, desde los ratones hasta los humanos. Una de las primeras descripciones del bostezo fue publicada por Starling en 1900: “Es una inspiración profunda, acompañada de una apertura amplia de la boca y de la glotis, a menudo con movimientos de los brazos”.

Existen diferentes teorías que buscan explicar la función que cumple el bostezo. Al parecer es un mecanismo involuntario que nos ayuda a mantenernos despiertos cuando necesitamos estarlo, ya que al bostezar se produce una estimulación periférica que activa el sistema nervioso central y permite que la persona esté más alerta.

El bostezo: Más que el preludio del sueño Neurología

Las principales razones por las que se activa este mecanismo son somnolencia, aburrimiento y hambre. Generalmente va unido con un estiramiento, no sólo de los brazos, sino también de una contracción de los músculos de la cara. Ello ocurre generalmente después de algunas horas de trabajo o cuando es hora de dormir.

También existe una teoría sobre la función social de esta conducta, que sostiene que es capaz de comunicar un estado particular. Se ha especulado que en un grupo de mamíferos nómades, si el jefe de una manada de monos o lobos, por ejemplo, o un grupo de ellos empiezan a bostezar, significa que se acabó la jornada porque algunos miembros están cansados y necesitan dormir.

Cuando alguien bosteza se puede inducir que muchas otras personas empiecen a hacerlo, lo que apoya la teoría sobre la función social que cumple este comportamiento. Esto también ocurre al escuchar hablar del tema, de hecho, lo más seguro es que mientras usted lee este artículo no pueda reprimir las ganas de bostezar.

Puede ser síntoma de enfermedad

Existe una serie de enfermedades, que entre otras manifestaciones, pueden presentarse con un aumento o una disminución del bostezo.

Si bien los mecanismos de este comportamiento no se conocen completamente, se sabe que se origina dentro de estructuras claves del sistema nervioso: los núcleos paraventriculares del hipotálamo y el hipocampo.

Además, hay una serie de neurotransmisores involucrados. Los más importantes son los sistemas dopaminérgicos y los sistemas colinérgicos. De acuerdo a algunos estudios, la vía principal por la que funciona el bostezo es por una estimulación dopaminérgica a nivel paraventricular.

Hay investigaciones que sostienen que los fármacos que estimulan el sistema dopaminérgico, como la apomorfina, pueden inducir a un aumento del bostezo.

También hay patologías que afectan los sistemas de transmisión dopaminérgico, como la enfermedad de Parkinson, que provoca una disminución importante de la necesidad de bostezar.

Por el contrario, la enfermedad de Huntington y la parálisis supranuclear progresiva causan un incremento de este acto. Este fenómeno también se presenta “antes de una crisis de migraña, en las personas con depresión y en una serie de enfermedades de tipo psiquiátrico, gastrointestinal e infeccioso; y por supuesto, cualquier patología que provoque hipersomnolencia va a producir un aumento de esta reacción”.

En definitiva, el bostezo excesivo es más bien un síntoma de otro problema, por lo tanto, para combatirlo es necesario tratar la causa. Recién en la década del 70 se inició un auge en el estudio experimental del bostezo.

Dentro del reino animal se comprobó que en varias especies existe un dimorfismo sexual en este comportamiento, ya que los machos bostezan mucho más que las hembras.

Tanto en ratas como en monos, se descubrió que esto se debe a la acción de la testosterona y que el bostezar guarda estrecha correlación con períodos de excitación sexual.

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Categoría: Neurología.




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