El duelo, segunda parte: Prepararse antes del final


La muerte de un ser humano es un acontecimiento que no concierne solamente a quién va a morir, sino también a su familia y a veces también, a las personas que están al cuidado de quién está padeciendo.
Quienes rodean a una persona que va a morir, pasan por distintos procesos y viven difíciles momentos, durante el tiempo de vigilia en el que les toca acompañar al enfermo. La tristeza y la impotencia son sentimientos que se viven diariamente, como un duelo anticipado. Por eso es importante que los que están en esta penosa situación, se apoyen de especialistas que sean capaces de guiar su dolor por el mejor camino.

La muerte de un ser humano es un acontecimiento que no concierne solamente a quién va a morir, sino también a su familia y a veces también, a las personas que están al cuidado de quién está padeciendo. La muerte es una etapa de la vida y así como nuestros esfuerzos están destinados a hacer todo lo posible por salvaguardar la vida, no es menos importante estar bien preparados para poder actuar en el momento en que la muerte es un hecho inevitable.

En estas circunstancias, los familiares de la persona que va a morir, también debe recibir una atención especial. Por eso, la misión del personal de salud es poder acoger, acompañar y facilitarles todo lo que esté al alcance para el difícil momento al que se ven enfrentados. En Clínica Alemana, existe una preparación especial que permite al personal actuar de la mejor manera posible en etapas de la vida tan complicadas como la muerte de un ser querido.

Por eso, existen algunas recomendaciones importantes que permitirán que el tiempo que le queda de vida a la persona enferma, sea lo más placentero posible tanto para él o ella, como para la familia y los amigos cercanos que vivirán más tarde un proceso de duelo con su partida.
Volver a vivir
Tal como se mencionó en el artículo anterior, el duelo es un proceso normal que es necesario vivir intensamente antes de volver a las actividades cotidianas. Supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación. Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta.

Podemos decir que hemos completado un duelo cuando somos capaces de recordar al fallecido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir sin él o ella, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en la vida y en los vivos.

Pero antes de eso, vivir las etapas del duelo y no asustarse con los tiempos, porque cada uno puede vivir su proceso de manera diferente.

La duración del duelo es siempre variable y dependiente de factores particulares que influyen en la respuesta individual a la pérdida. Los síntomas más intensos del duelo agudo pueden durar entre 6 y 12 meses, pero se conocen procesos que necesitan 3 años y más. Hay aspectos de la pérdida que acompañan al doliente para siempre o del duelo mediato, que se prolongan durante años y a veces hasta su muerte.

El tiempo es terapéutico porque da una perspectiva, ayuda a re situar los hechos, adaptarse al cambio y procesar sentimientos. Sin embargo, que «el tiempo todo lo cura», «sólo se necesita tiempo», «con el tiempo el dolor es menor», sólo es cierto si se toma el duelo como un trabajo, se afronta la pérdida sin negarla inhibirla o posponerla y se atraviesa el dolor sin evitarlo o circunvalarlo.
Respecto a los familiares:
Estar al cuidado de niños implica «necesariamente» la consideración de la familia como parte del tratamiento que se otorga. Al momento de ser necesaria la hospitalización y verse enfrentados a un pronóstico poco favorable, es aún más importante que la familia esté implicada. Ellos no son «visitas», están en su casa a la cabecera de los cuidados del niño y no debemos privarlos de esta ocasión de cuidarlo, en todos los sentidos del término, si esto es necesario.

Si el paciente va a morir, ésta será sin duda la última oportunidad de expresarle sus afectos y acompañar al ser querido en el proceso de morir. Más aún, al estar al cuidado de niños, debemos recordar que los padres como figuras significativas van a ser quienes mejor puedan entender, acompañar, tranquilizar y cuidar a su hijo(a).

Se ha constatado, que encargarse cariñosamente del cuidado de los enfermos antes de su muerte y de su familia antes y después de ésta, conduce a una disminución significativa de la rabia y la desesperanza entre los familiares en duelo.

Respecto a las redes de apoyo:
También se debe estar atento a la existencia o no de «redes de apoyo», es decir si hay personas de la familia que sean capaces de apoyar y acompañar en el momento del fallecimiento, que puedan ayudar con los trámites, que se hagan cargo de quienes están más directamente afectados.

En caso de no ser así, el papel del equipo de salud es también poder acoger a la persona que está sufriendo, darle un espacio para poder expresar sus emociones y ayudarla en lo que necesite. (Por ejemplo, llamar a alguien que ella desee que la asista, contactar los servicios funerarios, ayudarla a vestir al niño(a) que falleció, solicitar apoyo psicológico, etc.)

Respecto a las circunstancias en que ocurre la muerte:
Es importante considerar las diferencias que existen entre una muerte inesperada (accidente, evento traumático, etc) y una muerte que ocurre de manera previsible. Numerosos estudios han demostrado que las respuestas son menos violentas cuando el duelo es esperado, una de las razones es que la anticipación ofrece la oportunidad de prepararse al sufrimiento y decir (o hacer) todas aquellas cosas que necesiten a su familiar.

Sin embargo, el que haya posibilidad de prever lo que va a ocurrir y las personas crean estar preparadas para ello, no significa que no vayan o ocurrir intensas reacciones de dolor y angustia al momento de la muerte.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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