Enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte de diabéticos


Obesidad, sedentarismo y envejecimiento de la población son las principales causas del aumento de esta enfermedad que celebra su Día Mundial el 14 de noviembre. Se estima que existen 190 millones de diabéticos en el mundo y para 2025 se calcula que llegarán a 330 millones. Según un estudio de la Asociación Americana de Diabetes los casos de adultos se incrementaron un 33% de 1990 a 1998.

A nivel nacional no hay muchas estadísticas, sólo se sabe que entre un 3 y 5% de la población padece esta patología y que ha aumentado igual que en el resto del mundo.

La diabetes presenta diversas complicaciones que pueden terminar en ceguera, insuficiencia renal, amputaciones por neuropatías (insensibilidad en los nervios) y/o accidentes cardiovasculares. Estos últimos son la principal causa de muerte en los diabéticos. En Estados Unidos un 37% de los diabéticos mayores de 35 años tiene una enfermedad cardiovascular diagnosticada.

Además del incremento de esta patología, el problema es que alrededor de un tercio de los diabéticos no sabe que lo es y muchos de los diagnosticados no se controla, por lo tanto, la posibilidad de morir repentinamente por esta causa, también crece.

La diabetes consiste en un nivel excesivo de glicemia (glucosa en la sangre). Esto puede producirse por falta de insulina o una resistencia a ella, es decir, hay suficiente, pero el cuerpo no responde. La insulina es una hormona encargada de tomar la glucosa que viaja por la sangre y facilitar su ingreso a las células para que éstas puedan funcionar. Cuando hay poca insulina se trata de una diabetes tipo 1 o juvenil, que representa un 10% del total, en cambio, cuando hay resistencia insulínica es una diabetes tipo 2, que corresponde al 90% restante, y es la que ha aumentado, tanto en adultos como en niños. Ambas tienen un origen genético, pero la tipo 2 puede gatillarse o no, según condiciones especialmente relacionadas con la obesidad.
El doctor Sergio Majlis, jefe de Endocrinología de Clínica Alemana, explica que la diabetes es una enfermedad metabólica que se expresa en el terreno vascular, tanto a nivel micro (retinopatía) como macro (problemas coronarios).

“Los efectos colaterales se producen por un mal control de la diabetes. El ideal es mantener una glicemia en ayuna menor a 120 mgs/dl, una postprandial (después de 2 hrs de comer) menor a 140 mgs/dl y una hemoglobina glicosilada menor a 7 (promedio de glicemia de últimos 3 meses). Las repercusiones de la diabetes se expresan después de varios años de enfermedad y mal manejo, por eso es tan importante examinarse para detectarla y controlarla. Y además, las complicaciones que la persona exprese dependen de una predisposición genética para ellas y, por supuesto, de un mal control”, afirma.

De glicemia alta a arterias obstruidas
La hiperglicemia provoca alteraciones en tres áreas que favorecen los accidentes vasculares: “Genera cambios metabólicos en las paredes de los vasos sanguíneos que hacen más fácil su ruptura y aumenta el estrés oxidativo y produce alteraciones en el metabolismo intermedio, lo que desemboca en que el hígado produzca lipoproteínas (proteínas con grasa que viajan por la sangre) más susceptibles de generar placas de ateroesclerosis, que son las responsables de obstruir los vasos sanguíneos. También modifica la composición de las placas ateroescleróticas, haciéndolas más frágiles, lo que activa el proceso de coagulación y produce trombosis, fenómeno que tapa las arterias”, explica el doctor Majlis.
Además de favorecer los infartos, trombosis y otras enfermedades vasculares, la diabetes ayuda a que se presenten precozmente y en una forma más grave porque generalmente se tapan más arterias.

De acuerdo con el endocrinólogo todas estas características hacen necesario un control mucho más estricto del diabético respecto de los otros factores de riesgo para accidentes cardiovasculares. “Los niveles de lípidos deben mantenerse igual que en una persona que ya ha tenido un evento cardiovascular. Es decir, un colesterol LDL (malo) menor de 100, HDL (bueno) mayor de 45 y triglicéridos menores de 150. Además, el diabético debe mantener un peso óptimo y controlar la hipertensión (incluso mantener en 130 o 135/ 85) porque ésta acentúa el daño producido por la ateroesclerosis. También debe suspender hábitos nocivos como el tabaquismo y sedentarismo”.

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Categoría: Actualidad Médica.




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