Exitosa recuperación de trasplantado de hígado y riñón


Han pasado seis meses desde el día en que Mauricio entró al pabellón para ser sometido al primer trasplante combinado de hígado y riñón que se ha realizado en Clínica Alemana. Desde ese momento, Mauricio ya no es el mismo.

Después de pasar casi toda su infancia de hospital en hospital, haciéndose exámenes y dependiendo diariamente de múltiples medicamentos, hoy a sus 14 años está tratando de ponerse al día y realizar todas esas cosas que su enfermedad le impedía.

“Ahora me siento bien, puedo andar en bicicleta y jugar con mis amigos, antes no podía porque me cansaba”, cuenta Mauricio. Su hermana Isabel Araya asegura que a su hermano le ha cambiado la vida: “Antes no tenía ánimo de nada, andaba aburrido, sentía fatiga, se acalambraba, estaba casi siempre muy decaído. Ahora le falta día para entretenerse, para hacer cosas diferentes”.

En niños es muy poco frecuente que se requiera un trasplante combinado de hígado-riñón, de 1.280 cirugías de este tipo en Estados Unidos, sólo un 3 % corresponde a niños.

Mauricio nació con una patología que es hereditaria, llamada enfermedad poliquística renal, la que suele asociarse con una fibrosis hepática.
En febrero de este año el estado de Mauricio ya era insostenible y la única forma de que siguiera con vida era con un hígado y riñón nuevos.

El donante fue un joven de Talca de 19 años, que falleció en un accidente. El equipo de trasplante de Clínica Alemana, encabezado por el doctor Juan Hepp, fue el encargado de realizar esta compleja cirugía, en la que participaron más de 10 especialistas, y que duró más de ocho horas.
Innocenti, uno de los trasplantólogos que participó en la cirugía, “Mauricio ha tenido una excelente evolución, incluso, se le dio de alta al décimo día, lo que es muy bueno para un niño.

Con esto su calidad de vida cambió mucho, ahora está alegre y cada vez que uno lo ve también siente una alegría muy grande por él y su familia, y porque además significa un paso adelante para nosotros como equipo”.

Un viaje hacia la vida
A medida que Mauricio fue creciendo, su enfermedad fue evolucionando y empeorando, hasta que se produjo una insuficiencia renal y fue necesario someterlo a diálisis. Por eso en noviembre de 2001, acompañado por su mamá y hermana, tuvo que viajar desde su pueblo natal, Chañaral Alto (al interior de Ovalle) hasta Santiago, para dializarse tres veces por semana.

De acuerdo con la doctora Gloria Ríos, pediatra de Clínica Alemana, cuando él llegó al programa de trasplante, estaba con una desnutrición secundaria severa, ya que su enfermedad hepática y renal no le permitían alimentarse en forma adecuada, lo que afectó su proceso de desarrollo, tanto en peso como en talla. Es más, los últimos días antes del trasplante hubo que ponerle una sonda para alimentarlo y fortalecerlo para que resistiera la cirugía”.

Además de afectar su desarrollo, su enfermedad tuvo consecuencias en su crecimiento personal, pues Mauricio no asistía con regularidad al colegio, ni podía participar en actividades con niños de su edad. “Todo esto también impidió una mayor relación con sus pares, porque él era un paciente que vivía prácticamente en el hospital, y aunque aquí asistía al colegio, no tenía la vida normal de un niño”, sostiene la doctora Ríos.

Sin embargo, luego de la cirugía, estas desventajas se han ido desvaneciendo. Su hermana explica que “desde que Mauricio se trasplantó se notó la diferencia, cambió la expresión de la cara y la forma de comunicarse con las personas. Ahora va al colegio en 5° básico y de a poco se ha ido poniendo al día porque antes faltaba mucho, debido a la enfermedad, los controles y la diálisis”.
Desde el punto de vista médico en estos meses ya se está viendo avances. “En el último control nos dimos cuenta que había crecido dos centímetros y medio, lo que tiene muy contentos a él y a todos nosotros.

La velocidad de crecimiento que tiene ahora es espectacular, tanto su aspecto como su masa muscular se están recuperando, es decir, su pronóstico es muy bueno”, afirma la doctora Ríos.

El doctor Innocenti explica que “lo que le impedía a Mauricio un desarrollo normal era su falla hepática y renal. Ahora que se solucionó esto, no hay ningún problema irreversible, probablemente va a ser un poco más bajo que el promedio, pero su desarrollo sicomotor y neurológico es absolutamente normal”.

Como Mauricio ya no necesita dializarse, volvió a su casa en Chañaral Alto, junto a sus padres y hermanos. Actualmente toma las drogas necesarias para evitar el rechazo de los nuevos órganos y viaja una vez al mes a la Clínica para controlarse.

Si sigue así de bien, lo más probable es que estas visitas sean cada vez más alejadas en el tiempo y que el número de drogas vaya disminuyendo hasta quedar sólo con una.

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Categoría: Actualidad Médica.




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