Jubilarse del trabajo no significa jubilarse de la vida


Ocho horas diarias, cinco días a la semana durante más de 40 años, es aproximadamente lo que dedica la mayoría de los trabajadores a su actividad laboral.

Esto significa, alrededor 8.800 horas o más de la existencia de una persona. Para cualquier individuo acostumbrado a llevar este ritmo de vida, cerrar esta etapa productiva puede provocar una serie de problemas psicológicos como sentimientos de inquietud, depresión, angustia y ansiedad. Para evitar que esto suceda lo primero que hay que hacer es tener presente que jubilarse del trabajo no significa jubilarse de la vida.

Por eso es tan importante que las personas comiencen a prepararse con tiempo para enfrentar este momento de la mejor forma posible, sobre todo considerando que en Chile cada vez hay más adultos mayores.

Muchos esperan el momento de la jubilación con ansias porque podrán descansar y dedicar más tiempo a sí mismos y a su familia, sin embargo, hay otros que no pueden imaginarse sin trabajar y que les cuesta aceptar que son prescindibles y reemplazables. Se resisten a la idea de pasar a ser parte de la población pasiva, que en nuestra cultura es sinónimo de improductividad.

Esto es comprensible dado el valor asignado al trabajo en nuestra sociedad, como generador de identidad personal y sustentador de la autoestima.

De acuerdo con la doctora Ilse Hermansen, psiquiatra de Clínica Alemana, “en Chile es difícil pasar de ser un trabajador a ser un jubilado porque aquí se ve al adulto mayor como una persona que no es capaz. La sociedad no prepara para la tercera edad, por lo tanto, cuando esta etapa está cerca las personas se angustian porque aparecen la declinación física, el miedo a tener que depender de otros y la idea de la muerte, que se hace cada vez más patente”.

Además de dejar atrás las actividades netamente laborales, al jubilarse la persona abandona rutinas, lugares y un grupo humano con el que se ha establecido lazos afectivos, sobre todo si se ha permanecido por mucho tiempo en la misma empresa o actividad.
Cómo prepararse
Para evitar que esta transición tenga efectos negativos es necesario comenzar a prepararse antes de que llegue el momento de vaciar el escritorio, guardar los diplomas y despedirse de la oficina que lo acogió por tanto tiempo. “Antes de que llegue la hora hay que pensar en medidas concretas que permitan realizar aquellos deseos que siempre he tenido y que he ido postergando por diversos motivos, como viajes, actividades artísticas, disfrutar de los nietos, etc. “, sostiene la psiquiatra.

Para poder llevar esto a cabo, es fundamental tomar con antelación las providencias económicas y preocuparse oportunamente de la salud, de manera que estas áreas no terminen siendo un impedimento para disfrutar del tiempo libre del que se dispondrá de ahora en adelante.

De acuerdo con la especialista, una vez que se ha jubilado, la tarea es no caer en el estancamiento y hacer el duelo de la crisis de la edad media.

Cuando se entra en este proceso de cuestionamiento, la persona empieza a repensarse a sí mismo y lo sano es tratar de tomar las mejores decisiones posibles respecto del futuro. Además, el individuo debe hacerse responsable y asumir lo que no hizo, sin entrar en un sentimiento de derrota o frustración.

“Es necesario que la persona asuma su nueva realidad, reflexione y desarrolle la capacidad de disfrutar de sus logros, en vez de hacer una revisión amargada de lo que no ha conseguido en su vida, porque si se queda estancada en el pasado va a vivir con un sentimiento de vacío”, explica la psiquiatra.

Una vez hecho este cuestionamiento se puede comenzar con un proceso de mayor actividad, aprovechar esa libertad interna y pedirle una mano de vuelta a la sociedad, a la que se le entregó una vida de trabajo.

La idea es que el jubilado dedique el nuevo tiempo disponible a participar en diversas actividades, accesibles a su posibilidad financiera y compatibles con su salud, gustos e intereses. Hay que tener presente que la jubilación puede y debe ser una etapa productiva de la vida, si hay una preparación adecuada para ello.

“Hay que entender que es el cuerpo el que envejece, pero no la mente, y es decisión de cada cual si deja que lo viejo comande todo o si deja predominar a su parte joven”, afirma la doctora Hermansen.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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