Nueva técnica para tratar tumores que reaparecen


Con éxito se realizó la primera radioterapia intraoperatoria (RIO) en nuestro país. Ésta es la única alternativa para personas cuyo cáncer ha vuelto a desarrollarse en el mismo lugar, cuando éste ya ha sido irradiado con dosis máximas. Consiste en aplicar radiaciones ionizantes que tienen la propiedad de destruir células, especialmente aquéllas que estén en una acelerada reproducción como los tumores, pero en vez de hacerlo en forma externa como se efectúa tradicionalmente, se aplica directamente en la zona tumoral expuesta previamente a través de una cirugía.

La intervención se efectuó el 22 de noviembre a una mujer de 62 años, quien fue tratada el año pasado por un cáncer al endometrio que reapareció. “Ella ya había tenido una radioterapia, por lo tanto, no podía ser irradiada externamente de nuevo. Sabíamos que si solamente se le extirpaba el tumor mediante una cirugía, éste resurgiría tal como ya lo había hecho. Sólo quedaba intentar irradiárselo directamente”, explica la doctora Karen Goset, radioterapeuta de Clínica Alemana, quien encabeza el equipo multidisciplinario de RIO que está compuesto por cirujanos, anestesistas, físicos y radioterapeutas.

La doctora Goset y la físico médico Beatriz Sánchez-Nieto se entrenaron en radioterapia intraoperatoria en el Hospital Gregorio de Marañón, España. Posteriormente con la colaboración del jefe del programa de RIO de ese hospital, doctor Felipe Calvo, que lleva más de 1.000 pacientes tratados con esta técnica, y su departamento de física, se mandaron a fabricar los elementos necesarios para aplicarla aquí. Tras numerosos estudios que tomaron meses de trabajo para los físicos, se logró implementar un programa de RIO en Clínica Alemana.

La especialista explica que la radioterapia intraoperatoria permite aumentar la dosis de radiación porque se dirige en forma más localizada, lo que se traduce en un mejor control local de la enfermedad, por lo tanto, una mejor calidad de vida y probablemente una sobrevida más larga.

La efectividad es tal que, de acuerdo con un estudio publicado por el doctor Felipe Calvo en Int. J. Radiation Oncology Biol. Phys. 2001, un 82% de los pacientes tratados con esta técnica tuvo un control local de la enfermedad.
Del pabellón a radioterapia

El paciente entra a la cirugía y una vez que se ha realizado la extracción máxima del tumor y su lecho está al descubierto, se ubica un cono sobre la zona a irradiar, el cual impide que la radiación pase a otros lugares. La persona es sellada completamente, para que no haya riesgos de infección por la herida abierta, y luego llevada a radioterapia. En todo el proceso, sigue anestesiada y monitoreada por los equipos y especialistas.

“Para los anestesistas este tipo de traslado no es un procedimiento completamente nuevo, ya que con cierta frecuencia llevan pacientes anestesiados de la UCI a escáner”, sostiene la doctora Goset.

En el búnker de radioterapia, el cual es previamente preparado para que tenga las condiciones de un pabellón, se sacan los plásticos y telas sellantes, y se adosa el cono dispuesto en el área de irradiación a otro cono que se fija al equipo de radioterapia.
Especialistas adosan el cono del equipo de radioterapia a la zona que se irradiará.

De acuerdo con una serie de características del tumor residual, el radioterapeuta elige una determinada energía de electrones y los físicos calculan el tiempo necesario para cumplir con esa prescripción. Luego se cierra el búnker y comienza la terapia, que en este del primer caso duró alrededor de ocho minutos, lapso en el que el paciente es vigilado por el equipo tratante a través de monitores de televisión.

“Al terminar, se sacan los conos, se vuelve a sellar, el paciente va al pabellón y lo cierran”, explica la especialista y agrega que con todas las medidas de asepsia se puede garantizar un riesgo de infección igual al de cualquier operación.

Las principales complicaciones son daños causados por la radiación, como fibrosis en los vasos sanguíneos, ruptura del intestino y neuropatía periférica -lesión en los nervios-. De hecho el estudio del doctor Calvo afirma que a 5 años un 23% de los pacientes presentó una complicación derivada de este tratamiento y la más frecuente fue la neuropatía periférica.

De acuerdo a la doctora Goset, esto explica por qué se habla de un tratamiento de rescate. “Es una alternativa para un grupo reducido que no tiene muchas más opciones, pero con un programa especial podría ser utilizado en más casos lo que implicaría grandes beneficios, sin embargo, para eso falta tiempo”.

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Categoría: Glosario Médico.




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