Obesidad infantil: Vida Sana, Cuerpo Sano


Max es un niño de 14 años. Sin ser famoso ya dio su primera entrevista al diario El Mercurio. Sin ser escritor ya redactó su primer libro: El Cuaderno del Hambre, donde anotó todo lo que quería y no podía comer. A pesar de que aparenta estar sano, Max sufre de una enfermedad crónica que le ha causado más de un problema físico y social. Max padece de obesidad infantil.

Después de nueve meses de tratamiento, este niño logró bajar 18 kilos. Ahora, pesa 60 y el equipo de especialistas que lo maneja cree que ya ha pasado la parte más difícil. En el futuro, será responsabilidad de Max mantenerse dentro de un rango de peso adecuado para su edad y estatura. Sin embargo, aún cuando su tratamiento fue positivo, el caso de Max viene a confirmar que el problema de la obesidad infantil no es un tema menor en Chile. Todo lo contrario, esta enfermedad silenciosa cobra cada día que pasa nuevas víctimas. Y más preocupante aún, nada hace pensar que su solución será rápida. Quizás por lo mismo, es el momento de poner una barrera oportuna, para evitar que en el futuro Chile sea conocido como un país de gorditos. Sólo en la última década, esta enfermedad se ha cuadruplicado en niños de entre 6 y 17 años.

A juicio de María Luisa Muñoz, nutricionista del Servicio de Pediatría de Clínica Alemana, el problema de la obesidad en los niños está estrechamente relacionado con las características de la actual vida moderna y las numerosas alternativas de entretención que ella ofrece. “Hoy en día los niños tienen en su casa acceso a millones de opciones para jugar sin tener que mover prácticamente un dedo. Pasan horas sentados frente al computador jugando y navegando en internet, tienen videojuegos y está la televisión. Y como si fuera poco cuando salen, los papás los llevan en auto. Es decir, casi no hacen ejercicios” comenta la especialista.

A este cuadro de marcado sedentarismo, que en parte caracteriza a los niños modernos, se debe agregar un factor que resulta determinante al momento de hablar sobre la obesidad infantil: la denominada comida chatarra. La nutricionista es clara en este aspecto. “Yo diría que las hamburguesas, los hot dogs, las pizzas y las papas fritas han ocasionado un daño enorme a los niños. En primer lugar, son muy baratos por lo que el niño tiene un fácil acceso a estos alimentos. Segundo, están en todas partes, en los malls, en los cines, en la playa y en las calles. Además, vienen con juguetes y regalos aumentando su atractivo para el menor. Y tercero, ofrecen una cantidad de comida sumamente calórica, saturada en grasas, que entrega un enorme aporte de energía que el niño no es capaz de gastar”, dice.
El apogeo de esta cultura de entretención y de comida chatarra, que constantemente sigue siendo publicitada por el mercado, demuestra a juicio de Muñoz que “como sociedad no nos estamos preocupando de este problema”, agrega la Doctora Muñoz. “Si bien yo no sería tan enfática para decir que estamos viviendo una epidemia de obesidad infantil, sí creo que si las cosas siguen tal cual estamos encaminándonos a un escenario similar”.

Cuando los Padres deben preocuparse: Diagnóstico y Tratamiento

Como prevenir siempre es mejor que curar, hoy en día todos los pediatras llevan un control riguroso del peso de los niños. Existe un margen en la relación peso estatura donde se considera que el menor está dentro de un rango normal. La complicación se presenta cuando la medición demuestra que el menor está fuera de esa media. Ese es el momento en que los padres deben comenzar a preocuparse. Inquietud que debe ser todavía mayor cuando existen antecedentes familiares de obesidad.Índice de Masa Corporal o IMC
Este sistema de medición, que como ya se señaló se obtiene al dividir el peso de la persona por su altura al cuadrado, comprende cuatro categorías: enflaquecidos, normales, con sobrepeso y obesos. Una vez que se realiza el examen, se aplica una escala que puede arrojar un diagnóstico dentro de los siguientes parámetros:
Enflaquecidos
Hombres: Menos de 20
Mujeres: Menos de 19
Normales
Hombres: Entre 20-24
Mujeres: Entre 19-23
Sobrepeso
Hombres: Entre 25-29
Mujeres: Entre 24-28
Obesos
Hombres: Más de 30
Mujeres: Más de 29

Para determinar el alcance del problema de peso, se realiza una evaluación del niño. Una forma de hacerla es través del Índice de Masa Corporal o IMC. Esta medición se obtiene al dividir el peso de la persona por su altura al cuadrado.

Un buen diagnóstico es un elemento central en el éxito de la lucha contra la obesidad, por que permite aclarar cuáles son las posibles causas del problema. Estas pueden ser: genéticas, debido a ciertos medicamentos, por estados psicológicos determinados, por causa de stress infantil y por enfermedad. Sin embargo, lo más usual es que la obesidad esté originada por malos hábitos alimenticios.

En el escenario que la obesidad ya sea una realidad en la vida del niño, el pedíatra deriva al menor a un equipo multidisciplinario, compuesto por médicos, psicólogos y nutricionistas. Ellos serán los encargados de diseñar un tratamiento adecuado para sus características.

En general, éste involucrará determinadas dietas según la etapa de crecimiento del menor y el grado de obesidad, así como la recomendación de hacer ejercicios. No obstante, como explica la especialista de Clínica Alemana existen otras consideraciones más importantes que un determinado régimen alimenticio o un programa específico de actividad física.
El tratamiento de la obesidad en los niños es diferente que en el caso de los adultos, especialmente por el proceso psicológico y corporal por el que atraviesan. “No se trata solamente de hacer dietas y lograr que bajen de peso, por que si continúan con sus mismos hábitos de vida lo más probable es que vuelvan a tener problemas en el futuro. Actualmente, lo que se busca es un tratamiento integral, multidisciplinario. Enseñar un estilo de vida saludable” explica María Luisa Muñoz.

Por ello es clave que la decisión de bajar de peso provenga no tan sólo de los padres, sino que también del menor. Para estimularlos, según la nutricionista, es fundamental “enseñarles a llevar una vida sana. Para eso es de suma importancia expresarle al niño que existen alternativas de alimentos con menos calorías. Explicarle que es necesario que logren comer de manera equilibrada, para llevarlo a un crecimiento justo entre peso y talla. Si se les habla de forma directa y clara, y no se fantasea con ellos, asumen muy bien su papel en el tratamiento. Incluso a veces son capaces de arrastrar al resto de su familia a un estilo más sano de vida, a hábitos saludables”. En buenas cuentas, a juicio de la nutricionista, “la cantidad de información que uno pueda proporcionarle al menor es un componente relevante en su tratamiento, pues les entrega herramientas para valorar su situación. Por ejemplo, les entusiasma mucho decirles hacia dónde van si mantienen sus hábitos y cuáles son los cambios que pueden lograr si se comprometen con el proceso”.

El tiempo que demore el niño en bajar de peso es bastante variable. Por lo mismo, no hay que desilusionarse o perder el entusiasmo si el tratamiento no arroja resultados rápidos. Según la nutricionista “el tiempo es un factor individual en estos casos. Se calcula que con un plan de tratamiento integral, el niño puede demorarse hasta más de un año en bajar de peso y mantenerse dentro de evaluaciones normales. Es decir, la respuesta en general no es rápida, aún cuando su grado de compromiso sea alto”.

En ese sentido, el rol de la familia es relevante en el resultado del tratamiento por que el niño no vive sólo. Está inserto en un medio que si no es capaz de motivarlo, las posibilidades de fracasar son bastante altas. Además, la familia sirve como un sostén importante cuando los niños son molestados o marginados en el colegio.

Un error común en estas situaciones, es considerar la comida como un factor de alivio cuando las cosas andan mal. “Una de las formas de prevenir este tipo de conducta es enseñar que el alimento no es un consuelo. Para hacer esto hay que evitar asociar el alimento con estímulos positivos como premios, afectos o entretención” señala Muñoz.
Porqué es clave combatir la obesidad en los niños

La importancia de tratar la obesidad infantil es por que tiende a volverse crónica con el tiempo, se fijan los malos hábitos y se refuerza la autoimagen de obeso. De esta manera, bajar de peso en la etapa adulta se convertirá en una tarea mucho más compleja. Sin embargo, esas no son todas las complicaciones.

La obesidad infantil tiene una serie de consecuencias en la salud del adolescente. Es una de las principales causas de que enfermedades crónicas debuten a temprana edad, transformando a los niños en pacientes precoces. Por ejemplo, está comprobado que la hipertensión se presenta con mayor anticipación en menores con problemas de peso. Lo mismo sucede con la diabetes tipo 2, propia del adulto mayor, y que se ha acrecentado en la población menor de 20 años en un 500%.

En las niñas puede producirse un adelanto de la menarquia, como se denomina la primera fecha en que aparece el período menstrual. La maduración sexual anticipada termina por afectar el proceso de crecimiento, pudiendo quedar más bajas que sus pares.

Además, las mujeres tienen más riesgo de sufrir de síndrome de ovario poliquístico. Estos quistes en los ovarios producen irregularidades menstruales. En esta compleja etapa psicológica es usual que las niñas enfaticen la figura por sobre la salud, lo que puede inducirlas a una anorexia nerviosa.

La obesidad también se asocia a enfermedades metabólicas, como la dislipidemia en que el colesterol y los triglicéridos se depositan en las arterias provocando arterosclerosis. De esta manera, se elevan peligrosamente los riesgos de sufrir un infarto al corazón en la etapa de adulto joven.

Por último, y por si fuera poco, la obesidad es causa de numerosas enfermedades psicológicas, como problemas de adaptación, baja autoestima y cuadros de depresión.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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