Que es el Aspartame


¿Azúcar o sacarina?, parece ser la pregunta habitual que enfrentan las personas cuando el mozo se acerca con las tazas de café. ¿Normal o light? Es la duda de muchos al momento de escoger una bebida cola. Lo cierto es que este tipo de elecciones se consideran tan frecuentes como normales en el mundo de hoy. Y es que el avance de la industria química ha permitido elaborar sustancias que con el correr del tiempo han desplazado al azúcar al abismo del olvido.

Si hace algunas décadas el responsable principal de ese destierro se denominaba sacarina, en la actualidad el rey del feudo light se llama aspartame, un edulcorante 180 a 200 veces más dulce que el azúcar y casi tan rico como ésta. Una sustancia poco conocida, pero consumida por muchos. Un producto que lejos de ser cuestionado, era la solución perfecta para quienes gustan cuidar la figura. Hasta que un sencillo correo electrónico abrió las compuertas del debate sobre su uso y los riesgos que involucra para la salud humana. Una guerra de argumentos científicos y opiniones expertas que ya había comenzado en Estados Unidos varios años atrás.

El aspartame, publicitariamente conocido como NutraSweet o Equal, fue descubierto casualmente en 1965 por el científico James Schattler, mientras investigaba un remedio para el tratamiento de la úlcera gástrica. Es muy probable que Schattler jamás imaginara el impacto comercial de su descubrimiento. Menos pensar que hoy en día más de 100 millones de personas consumen habitualmente los cerca de 4 mil productos que contienen esta sustancia, entre ellos famosas bebidas y alimentos.

En 1981, la FDA (Food and Drug Administration), la agencia norteamericana de control de alimentos y drogas, autorizó su uso en forma de polvo y tabletas. Dos años después el organismo dio el visto afirmativo para que la sustancia fuera utilizada en las bebidas carbonatadas y en otros tipos de líquidos y alimentos. No obstante, la discusión sobre sus efectos para la salud había nacido paralelamente con los trámites para su aprobación.
En los mismos días que la FDA realizaba exhaustivas pruebas con el aspartame, grupos de ciudadanos norteamericanos comenzaron a cuestionar las bondades del edulcorante. Ello motivó que los resultados de los exámenes fueran corroborados por otra institución, el Public Board of Inquiry. Este organismo dictaminó que el aspartame no era causante de ningún daño para la salud de los seres humanos. Sin embargo, no pudo demostrar que no fuera el responsable de los tumores que presentaban algunas de las ratas que utilizó el laboratorio. El campo de la batalla científica estaba a la vista.

En 1984, la FDA le pidió al Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), que revisara los supuestos casos de efectos secundarios en los consumidores. La institución consideró que no existía relación entre la ingesta de la sustancia y ciertos fenómenos físicos presentados en los sujetos. A pesar de la negativa, los activistas continuaron apelando cada una de las resoluciones de la FDA, hasta que en 1985, la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia le dio la razón al organismo. Su decisión fue nuevamente ratificada en 1987, después de que varias organizaciones ligadas al tema de la salud pidieran restringir su uso. El aspartame tenía luz verde para su comercialización.

Se reactiva la polémica
Si la FDA, un organismo conocido por su rigurosidad y exigencia para la aprobación de productos para el consumo humano, había dado su consentimiento para el uso del aspartame, ¿por qué ciertos grupos seguían sosteniendo que era dañino para la salud y cuáles eran los argumentos para sostener esa tesis?

Se dice que a veces para empezar una guerra se necesita de una bala y alguien dispuesto a dispararla. Eso fue lo que ocurrió con las declaraciones que formuló el médico estadounidense Adrian Gross, varios años después. El doctor, que había participado de las pruebas que realizó la FDA, denunció que las investigaciones efectuadas por la compañía creadora del Nutrasweet contenían datos fraudulentos. El profesional señaló que las presiones de la industria química norteamericana, habían sido un factor central para la aprobación del aspartame.
El combate se libró en los medios de comunicación y especialmente a través de Internet. En 1994 una activista llamada Betty Martini, escribió un mensaje electrónico sobre los supuestos efectos adversos del aspartame. Mandaba 4000 copias diariamente al azar entre millones de usuarios de Internet. Tal como un virus, la información se transmitió de computador en computador con una rapidez asombrosa. El resultado fue impresionante. Al poco tiempo, el aspartame volvía en gloria y majestad al centro de la discusión científica en Estados Unidos y para qué decirlo, a las portadas de los diarios más importantes. El debate, como un ave fénix, renacía en la década de los 90.

Los que acusan
En noviembre de 1996 apareció un artículo en la publicación médica Journal of Neuropathology and Experimental Neurology que relacionaba al aspartame con ciertas enfermedades en los seres humanos. Específicamente, la investigación, que realizó el doctor John Onley de la Universidad de Washington, señalaba que la frecuencia de aparición de tumores cerebrales en Estados Unidos había aumentado en un 10% en un tiempo muy corto desde que se aprobara el uso masivo del edulcorante en 1983.

Aunque el mismo documento desistía de conectar directamente a la sustancia química con los tumores cerebrales, fue claro en calificar el aumento de esta patología como sospechosa, más aún considerando algunas pruebas que ratificaban la presencia de tumores cerebrales en varias de las ratas que habían recibido aspartame en sus alimentos.

Tal como explican los grupos detractores, en el aspartame están presentes dos aminoácidos, la fenilalanina y el ácido aspártico, enlazados por un elemento químico denominado metil ester, que le da el sabor dulce. Según los críticos, su ingesta aumenta de manera importante la cantidad de fenilalanina en la sangre, lo que sería tóxico para el organismo. Pero como si fuera poco, además se dice que cuando pasa por el intestino delgado para ser absorbido, se rompe la unión de los dos aminoácidos y se produce metanol, un alcohol dañino para la salud.

Uno de los principales argumentos contra el aspartame es justamente su composición: dos aminoácidos, fenilalanina y ácido aspártico, que al estar expuestos al calor o al almacenamiento prolongado se degradan en metanol y ácido fórmico, altamente tóxicos para el cuerpo.

Articulados en asociaciones como “Víctimas del Aspartame” y “Misión Posible Internacional”, los activistas señalan que esta sustancia representa un gravísimo daño para el ser humano, ya que es uno de los factores que inciden en la aparición de numerosas enfermedades.
Según la revista médica The Lancet, que investigó cómo se estaba dando esta pelea en la Internet, existen cerca de seis mil sitios web que se refieren al aspartame. Sus atacantes – algunos médicos, distintas organizaciones y gente que da su testimonio después de haberlo consumido- , lo acusan de producir o agravar una impresionante cantidad de males; entre ellos, tumores cerebrales, enfermedades neurológicas parecidas a la esclerosis múltiple, mal de Parkinson, ceguera, lupus eritematoso sistémico, fibromalgia, epilepsia, defectos congénitos, alergia, hipertensión, dolor de cabeza, desconcentración, falta de memoria, hiperkinesia y trastornos de aprendizaje en los niños. Incluso se lo relaciona con la obesidad y la diabetes.

El doctor H.J. Roberts, destacado diabetólogo norteamericano y director del Instituto de Investigación Médica de Palm Beach, aseguró haber efectuado una investigación sobre 551 personas que habían consumido aspartame y que presentaban efectos secundarios como dolor en las articulaciones (10,5%), sequedad ocular (8,3%), reacciones alérgicas en la boca y en los labios (5,3%) y urticaria (4,5%).

Por último, un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York, comúnmente mencionado por los detractores del aspartame, señala que la sustancia fue aplicada a cerdas preñadas, que metabolizan la fenilalanina de manera parecida a los seres humanos, obteniendo preocupantes resultados. Según el análisis, la exposición fetal al aspartame afecta negativamente los patrones de aprendizaje. Por lo mismo, el doctor Roberts recomendó que el edulcorante no fuera consumido por niños ni por mujeres embarazadas. Además se argumentó, que lejos de colaborar en el control del peso, el aspartame aumenta de manera importante la sensación de apetito, pues al mezclarse con carbohidratos se producía en el cerebro un cese de la producción de serotonina que en buenas cuentas incita a un mayor consumo de alimentos.

En la segunda parte de este reportaje, podrá informarse sobre qué organizaciones defienden el uso de este edulcorante y cuáles son los argumentos que sostienen esta posición. Además se detallan algunas precauciones y lo que ha sido comprobado científicamente en relación al aspartame.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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