Teléfonos celulares: Una discusión que no termina


Hoy más que una herramienta, parecen una necesidad. Aunque no todas las personas poseen uno, todos los conocen y admiran sus beneficios. Es quizás uno de los adelantos tecnológicos que más influencia ha tenido no sólo en Chile, sino que en el mundo. Transformó el sueño de los que requieren estar ubicables la mayor parte del tiempo, en una realidad cotidiana. Y es que nadie puede dudar que los teléfonos celulares han transformado la vida de los chilenos.

Si en 1995 el celular era un símbolo de estatus, en la actualidad la masificación de este objeto en todos los niveles socioeconómicos ha hecho que el teléfono móvil evoque otros valores, como la independencia y la seguridad. Tal es la popularidad de estos aparatos en la sociedad actual, que un estudio realizado por un equipo de especialistas en tecnología de información y comunicación del Instituto de Sociología de la Universidad Católica, señala que para el año 2006 se espera que al menos el 50% de los chilenos sea dueño de un flamante teléfono móvil.

Hasta aquí el asunto no reviste mayor importancia. El problema es que según una investigación publicada recientemente por el sitio web de Discovery Channel, la seguridad de estos aparatos está siendo nuevamente cuestionada. Esta vez el epicentro de las dudas se localiza en Italia, donde el experto en biología celular, Fiorenzo Marinelli, realizó varias pruebas que prometen escribir un capítulo importante en esta discusión científica.

Los ensayos efectuados por el investigador italiano, sugieren que si bien los teléfonos celulares no son una amenaza directa en relación al cáncer, pueden ser un factor determinante para que determinados tumores crezcan de manera más agresiva y rápida.

Su equipo, perteneciente al Consejo Nacional de Investigación, en Bolonia, realizó varias pruebas de laboratorio con células de leucemia. Los resultados demostraron que los genes que aceleran la reproducción de estas células se excitaban sensiblemente cuando eran sometidos a las radiaciones del teléfono móvil durante más de 48 horas.

Según la revista británica «New Scientist», que publicó los detalles de la investigación y una entrevista con Marinelli, el proceso fue bastante sorpresivo para los científicos. Sometidas a una radiación de 900 megahertz, el promedio que utilizan las redes de estos aparatos, y a una potencia de 1 milivatio, las células cancerígenas comenzaban a activar «genes suicidas» en las primeras 24 horas, de manera que éstas morían en una tasa cercana al 20% más que otras células, pertenecientes a un grupo de control del experimento, que no fue expuesto a estas radiaciones.
En un comienzo eso sugirió que la radiación podía exterminar células cancerígenas. No obstante, la situación cambió rápidamente después de 48 horas de exposición. Tres genes que promueven la multiplicación celular se activaron y provocaron una reacción en las células cancerígenas supervivientes, que comenzaron a reproducirse rápida y ferozmente. Con el paso de los minutos, se convirtieron en una variedad mucho más agresiva de lo que eran antes de la exposición a las radiaciones.

Entrevistado por la revista británica New Scientist, Marinelli sostuvo que estos resultados constituyen una clara evidencia de que las ondas radiofónicas de estos aparatos tienen una influencia en los genes que determinan el avance de los tumores. «Aún no sabemos cuáles pueden ser los efectos en células humanas sanas, pero en las cancerígenas, especialmente en las relacionadas con la leucemia, la respuesta parece ser siempre la misma», señaló el investigador.

Marinelli sospecha que la radiación pudo desestabilizar el contenido genético al interior de las células, desatando un mecanismo de defensa que provoca que las células se repliquen sin control. La importancia de esta investigación es que apunta directamente al centro del debate sobre estos aparatos: si los patrones para medir la seguridad de los teléfonos móviles es el correcto.

El doctor Arnold Hoppe, jefe del Servicio de Neurología de Clínica Alemana, explica que la preocupación por el uso de los celulares y los supuestos riesgos para la salud, surgió de estudios experimentales: «Al exponer el cerebro de ratas a ondas electromagnéticas se observó un aumento en la incidencia de tumores cerebrales, en proporción directa con el incremento de temperatura del tejido cerebral. Algunos estudios suecos, utilizando la metodología de casoscontrol, encontraron también cierta asociación en humanos. Sin embargo, posteriormente se ha demostrado que los aparatos en uso no son capaces de inducir un aumento de temperatura cerebral en el ser humano. Además en un estudio belga se viene haciendo un seguimiento a todos los abonados a celulares de ese país desde el inicio de su utilización y hasta ahora no se ha encontrado una mayor frecuencia de tumores cerebrales respecto de la población que no los emplea».

Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre el tema son de carácter experimental y aún deben ser confirmados por investigaciones posteriores. El primero efectuado con células humanas, fue dirigido por científicos finlandeses y descubrió que estas radiaciones dañaban la barrera que evita la entrada de sustancias nocivas de la sangre al cerebro. Las consecuencias de este efecto serían malestares, como cefalea, cansancio y trastornos del sueño. Pero esto no ha sido demostrado.

De acuerdo a una comisión inglesa encomendada para estudiar el tema el año 2000, no existen riesgos en la salud asociados al uso de teléfonos móviles. Sin embargo, la creciente utilización no deja indiferente a nadie. Debido a esto, el gobierno inglés y la industria de telefonía encargó a un comité internacional de expertos que elabore un informe concluyente. Por otro lado, un grupo de un centro universitario diseñó una antena para los celulares que disminuiría un 85% las radiaciones que se contactan con el organismo.

«A la fecha, las sugerencias experimentales desde el punto de vista del hombre, no entregan información suficiente para concluir que sean dañinas. Pero más vale prevenir que lamentar, por lo que se recomienda usar los sistemas de manos libres, ya que de esta manera se aleja del cerebro la fuente de radiación. Esto, especialmente en niños y jóvenes, porque teóricamente hay una mayor susceptibilidad a desarrollar un tumor por la mayor posibilidad de una exposición más larga, debido a que en todo efecto oncogénico la dosis es clave», sostiene el doctor Hoppe.

Otras recomendaciones son mantener conversaciones cortas, usar el mínimo posible el celular, ponerlo lejos de la cabeza y preocuparse de buscar el equipo con la menor tasa de radiaciones, conocida por su sigla en inglés SAR (Specific Absorption Rates). Por ahora, las evidencias parecieran indicar que sólo este tipo de medidas preventivas servirían para evitar el desarrollo de tumores cerebrales, porque, como afirma el neurólogo, «es probable que pase mucho tiempo antes de tener respuestas definitivas».

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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