Tiempos de miedo


Este sentimiento está cada vez más presente en la sociedad actual, porque la inseguridad ha ido ganando espacios tanto a nivel laboral como familiar. Sin embargo, hay ocasiones en que el miedo es desproporcionado al estímulo y se convierte en algo patológico.
Hace unos años Ulrich Beck publicó un estremecedor libro traducido al castellano como La sociedad del riesgo. A lo largo de la última década, muchos autores han tocado el tema de la creciente sensación de inseguridad que se vive en la actualidad, producto del sinnúmero de presiones y amenazas a las que se está expuesto diariamente.
Como cualquier estructura de nuestro organismo, el sistema de alarma que se acaba de describir tiene una base anatómica y fisiológica que es susceptible de alterarse. Hay ocasiones en que el miedo deja de ser un mecanismo eficiente de defensa y se transforma en un obstáculo para desempeñar las tareas diarias.

“Estamos frente a un caso patológico cuando el miedo es desproporcionado al estímulo, es decir, va limitando la vida de la persona, quien condiciona sus conductas para evitar situaciones que la expongan al riesgo del objeto del miedo, así se desarrolla lo que se llama ansiedad anticipatoria”, explica el doctor Téllez.

Los trastornos de este tipo se inscriben dentro de los desórdenes de ansiedad. Entre los más conocidos están los ataques de pánico, que se desatan sin causa aparente y consisten en episodios de miedo incontrolables, en los que la locura o la muerte se ven como algo inminente.

La crisis llega a su máxima intensidad a los diez minutos y generalmente no dura más de una hora, pero deja una sensación de amenaza permanente por temor a que se repita. Hay estudios que aseguran que entre 1.5 y el 5% de las personas puede llegar a desarrollar una crisis de este tipo en sus vidas y que las mujeres son más vulnerables que los hombres.

También existen casos en que la persona no se atreve a salir ni a exponerse a lugares públicos, por temor a sufrir un ataque de pánico y no poder recibir ayuda. A este fenómeno se le conoce como agorafobia y puede ser la fobia más invalidante.

Fobia, significa miedo a y se refiere a un temor irracional y compulsivo a alguien o a algo, como a las alturas, a volar, a las inyecciones, al encierro o a las arañas. “Por ejemplo, si una persona antes de acostarse tiene que desarmar la cama entera y sacar hasta los colchones para ver si hay un araña, significa que existe un problema, ya que la conducta es evidentemente desproporcionada al estímulo que origina el temor. Esto suele ocasionar dificultades en la vida cotidiana y en la relación con los demás”, explica el doctor Téllez.

El tratamiento de los desórdenes de ansiedad, entre los que se incluyen las crisis de pánico y las fobias, ha tenido importantes progresos en los últimos años gracias a psicoterapias de tipo cognitivo-conductual y a nuevos psicofármacos, especialmente serotoninérgicos. Estudios demuestran que la combinación de ambos tipos de tratamiento tiene mejores resultados que recibirlos por separado.

El miedo ha dejado de ser una reacción marginal, reservada sólo para momentos especiales. Así como la economía y sus riesgos, el miedo también se ha globalizado.
Según el doctor Carlos Téllez, psiquiatra de Clínica Alemana “actualmente el temor a fracasar está cada vez más generalizado. Cada día tenemos más exigencias, tanto a nivel familiar como profesional; quien no logra el éxito se siente fracasado. Esto ocurre tanto en el trabajo como en el colegio, la vida familiar o las relaciones sociales”.

En lo laboral, las personas temen ser despedidos o a ser superados por sus compañeros; en lo emocional existe el constante temor a no cumplir con las expectativas de los otros, a dejar de ser queridos o ser padres ausentes; en lo social, ya nadie va completamente tranquilo por la calle, el miedo ciudadano se ha apoderado de la urbe.

Este sentimiento se desencadena como respuesta a una amenaza que podemos identificar y que es ajena a nosotros. Frente a una situación de este tipo surgen reacciones fisiológicas que preparan al organismo para ponerse a salvo: El cerebro entra en estado de alerta para identificar el peligro, se dilatan las pupilas para tener una mejor percepción del mundo; aumenta el tono muscular, sube la tensión arterial; se incrementa el ritmo cardiaco y respiratorio, la piel palidece y se comienza a sudar. En conclusión, estamos listos para luchar o huir.

El miedo como fenómeno patológico
La sensación de inseguridad que se vive en estos tiempos, obliga a mantener una actitud más defensiva y de alerta frente al sinnúmero de situaciones que se debe enfrentar diariamente. Sin embargo, es importante definir algunos límites entre lo normal y lo patológico.
De acuerdo al doctor Téllez, las técnicas de relajación son muy eficientes cuando se enfrenta situaciones de miedo. Por ejemplo, se puede hacer un ejercicio de respiración, que consiste en inspirar muy profundo, ojalá desde el abdomen, y mantener el aire tres o cuatro tiempos, para después soltarlo lentamente por la boca. Esto debe repetirse entre 5 y 10 veces hasta que los niveles de ansiedad disminuyan.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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