Volver a trabajar despues de un infarto


Después de un infarto, para Jesús Martínez, abogado de salud laboral de UGT Madrid, es el propio médico quien ha de establecer los riesgos de la profesión que el trabajador va a desarrollar a través del servicio de prevención, que ha de velar por que la salud del trabajador sea garantizada. Esto se realiza mediante una evaluación de riesgos previa, tras lo cual el servicio médico establece un protocolo de actuación.

El servicio de prevención se rige por el secreto profesional y, por lo tanto, sólo comunicará los resultados al trabajador. No obstante, si el empresario conoce que el trabajador tiene problemas cardíacos, ha de ser él quien lo comunique al servicio de prevención, para, de esta manera, precisamente poder prevenir los factores de riesgo asociados al puesto.

Así pues, el riesgo de infarto en determinadas profesiones está valorado por el servicio de prevención y ajustado a medidas específicas. Martínez añade que, con menos de cinco empleados, la prevención ha de ser asumida por el propio empresario. Y a partir de 250 (si existen factores de riesgo) o de 500 (en caso negativo) la empresa está obligada a contar con un servicio propio de prevención, desglosado en departamentos de seguridad, higiene, economía y medicina.

Chequeos en las empresas

Paloma Fuentes, directora del gabinete de medicina de salud legal y laboral Valcor, explica que la legislación establece este tipo de revisiones a través de la ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales, en la que cada sector establece sus protocolos específicos de riesgo. Si bien, estos exámenes no son obligatorios excepto para profesiones en las que esté determinado que se pone en riesgo la salud del trabajador y la de terceras personas (en el caso de radiaciones, por ejemplo).

De este modo, si una persona sufre una cardiopatía y el trabajo que desarrolla está contraindicado para su dolencia, se le someterá a un examen que finalizará con la calificación de apto, no apto o apto con restricciones. En el caso de obtener esta última calificación, el convenio de cada sector ha de contemplar la reubicación y, en el caso de obtener un no apto, se le tramitará al trabajador la incapacidad laboral, lo que se denomina causa sobrevenida.

En este sentido, el Dr. Zarco añade que ciertas patologías cardíacas pueden verse afectadas también por ciertos condicionantes laborales como el calor, la humedad o la exposición a ciertos tóxicos, como el monóxido de carbono, los nitratos o los hidrocarburos halogenados, todos ellos factores de riesgo para sufrir patologías diferentes a la cardiopatía isquémica y catalogadas como enfermedades profesionales. Las profesiones que se engloban dentro de estos condicionantes son, por ejemplo, reparadores de automóviles, siderurgia, rehabilitación de edificios…

La ley contempla unos protocolos establecidos por el Ministerio de Sanidad que fijan la periodicidad de los chequeos en función del riesgo que existe y de los resultados que se encuentran en el examen de cada trabajador, según remarca Antonio Iniesta, presidente de la Asociación Española de Medicina del Trabajo. No obstante, no existe un protocolo de prevención cardiovascular como tal contemplado por el Ministerio.

En los servicios médicos de las empresas se suelen realizar analíticas de sangre y orina, toma de tensión, medición del colesterol, control de tabaquismo, etcétera, pero sólo en empresas de mayor tamaño se suelen realizar electrocardiogramas o ergometrías.

Lo más frecuente es que cuando se le realiza un chequeo rutinario a un trabajador aparezcan dolencias laborales comunes (sobre todo de tipo traumatológico), enfermedades que no incapacitan para el desarrollo del trabajo pero que han de ser controladas.

Control personal

El problema es que desde un servicio interno se hace un seguimiento propio y se puede reconducir al paciente para que no se agrave el problema, pero, desde los servicios de prevención externos (las mutuas con las que cuentan la mayoría de empresas), se deriva al paciente al sistema público y, en estos casos, la curación pasa por el interés que tenga cada persona en acudir a su médico y los medios de cada autonomía para poder controlar su enfermedad.

Por ello, el Dr. Iniesta opina que “la labor principal de los médicos del trabajo es detectar problemas y, una vez detectados, lo esencial sería poder contar con una correcta coordinación entre los servicios de prevención, el sistema público de salud y las EVIS (equipos de evaluación de incapacidad del Ministerio de Trabajo). Algo factible a día de hoy gracias a las herramientas tecnológicas de las que disponemos. Porque si bien es esencial evitar accidentes cardiovasculares, una vez ocurridos lo que prima es la reincorporación al mercado laboral, algo prácticamente imposible sin la colaboración de los estos tres agentes”.

Es importante recordar que los médicos del trabajo pueden principalmente detectar factores de riesgo orientados a los pacientes isquémicos e incidir sobre algún tipo de arritmias, quedando fuera de su espectro otros problemas como pueden ser un aneurisma, una pericarditis o una endocarditis. Por ello la concienciación ha de ser individual y en el caso de los autónomos (protagonistas de muchas de estas profesiones de riesgo) mayor aún, pues cuando uno es su propio jefe frecuentemente se cae en el error de no dar importancia a los primeros signos de alarma o ir posponiendo las revisiones.

Como recomendación general, todo paciente que haya sufrido una enfermedad cardiovascular, una vez que ésta ha sido tratada, debería incluirse en un programa de rehabilitación cardíaca que comprenda un abordaje integral de control de los factores de riesgo, ejercicio físico y apoyo psicológico.

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Categoría: Actualidad Médica.




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