¿Cuándo es necesario inducir un parto?


En ocasiones seguir con el embarazo puede significar más riesgos que beneficios para la madre o el hijo, y es en estos casos cuando está indicado inducir el parto, es decir, estimular las contracciones uterinas en el segundo o tercer trimestre de gestación y antes del inicio espontáneo del trabajo de parto, con el fin de adelantar el nacimiento del bebé.

El doctor Julio Astudillo, ginecólogo obstetra especialista en embarazos de alto riesgo, explica que una de las situaciones que motiva esta medida es cuando la madre sufre alguna enfermedad asociada al embarazo, como Diabetes Mellitus, hipertensión arterial, colestasia intrahepática o infecciones graves, entre otras.

En otros casos la razón puede ser un problema que afecte al bebé, como embarazo prolongado, muerte intrauterina, malformaciones o sospecha de daño fetal, restricción de crecimiento intrauterino, isoinmunización Rh.

Asimismo, la placenta y las membranas ovulares pueden presentar complicaciones que requieran de una inducción, como infección ovular, desprendimiento parcial de la placenta o rotura prematura de las membranas.

Sin embargo, no basta con uno de estos motivos para aplicar este método, también es necesario que existan ciertas condiciones que lo hagan viable, como proporcionalidad entre el tamaño del feto y la pelvis materna, función placentaria óptima y estado del cuello del útero favorable.

Principales métodos
Los métodos utilizados con mayor frecuencia para realizar una inducción son los indirectos o farmacológicos. Uno de ellos es la administración de ocitocina, fórmula que produce contracción uterina intensa con periodos de relajación.
Su administración continua por vía endovenosa simula el fenómeno contráctil del trabajo de parto espontáneo.

Otra opción es el uso de prostaglandinas, las que favorecen los cambios del cuello del útero (maduración cervical) y estimulan las contracciones uterinas.

“El riesgo de este fármaco es una posible sobre-estimulación del número de contracciones uterinas (polisistolía) y de su duración (hipertonía). Por eso se recomienda no utilizar más de dos dosis. Dependiendo del caso, se puede usar asociado a ocitocina”, explica el doctor Astudillo.

Este tipo de medicamento está contraindicado en personas con asma bronquial, enfermedades cardiovasculares, Síndrome Hipertensivo del Embarazo (SHE), cicatriz de cesárea anterior y/o placenta previa.

“El método que se elija dependerá básicamente de cada caso. Por ejemplo, si las condiciones del cuello uterino son favorables se prefiere la ocitocina, en cambio, cuando son desfavorables la mejor opción son las prostaglandinas”, sostiene el doctor Astudillo.

¿Existen riesgos?
El riesgo más frecuente de la inducción es que fracase y sea necesario efectuar una operación cesárea. Menos frecuente, pero de mayor riesgo aún es el Síndrome de hiperestimulación, es decir, un aumento exagerado del número de contracciones o del tono uterino. Esto puede provocar efectos sobre el feto, rotura uterina, desprendimiento placentario, desgarros o laceraciones del cuello del útero y sufrimiento fetal agudo.

A esto se puede sumar un agotamiento materno, hemorragia postparto, procidencia o prolapso del cordón umbilical, y/o infección ovular.
En este sentido, el doctor Astudillo sostiene que es importante considerar que este método tiene riesgos y sólo está indicado cuando los beneficios para la madre y el feto son mayores que la continuación del embarazo.

“La inducción no está concebida como una alternativa de parto, sino como el tratamiento de algún problema médico del embarazo que ponga en riesgo a la madre y/o al feto, por lo que no está indicada en casos de evolución normal o fisiológica”.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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