¿Quién está detrás del abuso sexual de un menor?


El desmantelamiento de dos gigantescas redes internacionales de tráfico de pornografía infantil y el arresto de un ex profesor de 77 años acusado de cometer abusos sexuales a menores en Angol, han puesto una vez más en el debate público el tema de la pedofilia en Chile.

Entender cómo tantas personas pueden verse motivadas a abusar sexualmente de menores hasta el punto de que exista un mercado para enormes redes de tráfico sexual infantil, puede resultar difícil para la mayoría de las personas que han visto durante esta semana los reportajes televisivos y portadas de diarios que hablan de estos casos.

De acuerdo al Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM IV), se denomina pedófilo a una persona que ha tenido durante al menos seis meses fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños prepúberes o algo mayores (generalmente de 13 años o menos).

Entre otros elementos, el manual señala que estas fantasías, impulsos sexuales o comportamientos pueden derivar en malestares clínicamente significativos o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad de la persona.

El doctor Carlos Téllez, psiquiatra de Clínica Alemana, explica que el abuso sexual es muy frecuente, y que no respeta clases sociales ni educación.

“Sólo un porcentaje es cometido por pedófilos auténticos, el resto es producto de otras situaciones o patologías. Entre el 50 y 75% de los casos diagnosticados tiene desórdenes de ansiedad, depresión, y/o abuso de alcohol y sustancias. Dentro de los trastornos de personalidad, el más riesgoso es el antisocial ya que los hace más peligrosos, no respetan a los otros, no tienen sentimientos de culpa y no controlan impulsos ni postergan la gratificación”, explica.
¿Cómo se ve un pedófilo a sí mismo?
El doctor Téllez explica que estos individuos tienden a tener “distorsiones cognitivas”, que consisten en creencias aprendidas que usan para justificar sus conductas.

“Por ejemplo, ellos asumen que un niño que no opone resistencia a la iniciativa sexual de un adulto es porque realmente quiere ser sexualmente abordado; que tener sexo con un adulto es una buena manera de aprender sobre el tema, o que los niños que preguntan de sexo es porque realmente quieren tenerlo”, sostiene.

De acuerdo al especialista, la pedofilia es un trastorno muy difícil de tratar. Se han ensayado distintas terapias psicológicas de corte cognitivo conductual y biológicas con fármacos que inhiben las hormonas masculinas (castración química) y por ende el deseo e impulso sexual. Sin embargo, aún no hay un tratamiento específico que sea efectivo.

Señales que pueden delatar un caso de pedofilia
De acuerdo a datos del Servicio Médico Legal, prácticamente todos los abusadores pedófilos son hombres. La mayoría de las veces se trata de alguien cercano a la víctima y suele actuar en el mismo hogar o en casa de conocidos.

Tal vez, las señales más evidentes de abuso sexual las dan los mismos niños afectados. Las más comunes son cambios conductuales en el menor, retraimiento, mayor tendencia al llanto, irritabilidad, rechazo a estar con ciertas personas o ir a algunos lugares, y signos físicos más evidentes como sangramiento o irritación en zona genital o anal. También es común ver en estos menores actitudes sexuales, como gestos o un vocabulario que no son propios de la edad.

A largo plazo, este tipo de abuso también puede provocar una serie de trastornos en las víctimas, como depresión, desórdenes de angustia, fobias y traumas sexuales importantes. “Incluso se ha comprobado que los niños abusados tienen mayores índices de enfermedad afectiva cuando son adultos (depresiones), y un porcentaje puede ser a su vez abusador en la adultez, con lo que se perpetúa el fenómeno”, explica el especialista.

Para evitar que esto suceda, es fundamental la detección precoz del abuso y efectuar un tratamiento psicológico o psiquiátrico a tiempo. “Lo más importante es crear los lazos de confianza con los hijos para que se atrevan a contar los que les pasa, ya que los abusadores suelen manipular a los niños con el temor a las consecuencias de revelar este secreto”, concluye el especialista.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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