Accidente cerebrovascular: Cómo reconocerlo a tiempo


Antiguamente se enseñaba a los médicos que el accidente vascular era un fenómeno impredecible, sin tratamiento, con una escasa rehabilitación y que no podía ser prevenido.

El doctor Alejandro Brunser, neurólogo de Clínica Alemana, señala que “si uno quisiera enfatizar algo es que el accidente vascular es una enfermedad frecuentemente prevenible (por sus factores de riesgo claros), tratable (es una urgencia médica) y su rehabilitación, en algunos casos, puede ser larga y durar años”.

Según cifras del Ministerio de Salud, en 1999 fallecieron 7.485 personas a causa de enfermedades cerebrovasculares. En términos específicos, el accidente vascular-encefálico agudo es la tercera causa de muerte en Chile.

La enfermedad cerebrovascular se produce por un compromiso de las arterias del cerebro y puede ser clasificada en tres tipos: el infarto cerebral (oclusión de un vaso sanguíneo del cerebro que impide la llegada de sangre a las zonas que éste irriga, lo que causa la muerte del tejido que depende de esta circulación), la hemorragia intracraneana (que es secundaria a la rotura de una arteria cerebral) y la hemorragia subaracnoidea (que ocurre por la rotura de un aneurisma o debilidad en la pared de la arteria).

Estas tres enfermedades se manifiestan con un cambio brusco en el estado normal de la persona, como la aparición de debilidad o adormecimiento de la mitad del cuerpo, torpeza en las extremidades, dificultad para hablar, incapacidad para entender el lenguaje o utilizarlo de manera comprensible, problemas en la voz, dolor de cabeza, vómitos y desmayos.

“Si el paciente presenta alguna de estas dificultades, debe consultar con urgencia”, asegura el especialista.

El diagnóstico de esta patología se hace por medio de un examen clínico exhaustivo, que se puede complementar con un escáner cerebral o resonancia nuclear magnética, entre otros.

El doctor Brunser explica que el tratamiento dependerá del tipo de accidente vascular. Si se está ante un infarto cerebral y el paciente reúne las condiciones y características necesarias, se realiza una trombolisis, que consiste en administrarle un remedio para destapar la arteria que está impidiendo el flujo normal, pero sólo se puede realizar en las primeras tres horas de evolución.
En el caso de un aneurisma intracraneano roto, primero el paciente debe ser estabilizado (por lo general ingresa grave). Posteriormente, se busca la ubicación exacta de la lesión para excluirla y así evitar el desangramiento y controlar las complicaciones de una hemorragia subaracnoidea, las cuales pueden ir desde la aparición de infartos cerebrales hasta la hidrocefalia.

En el caso de la hemorragia intracerebral, después de estabilizar al enfermo, hay que descartar causas secundarias de esta patología, como malformaciones vasculares y tumores, además de vigilar el aumento de la hemorragia, que con frecuencia ocurre en las primeras horas.

Las expectativas de vida de un paciente que ha sufrido un accidente vascular-encefálico dependen de su condición previa, es decir, si presentaba una patología de base, y además de las características del problema vascular actual. “Un porcentaje importante de pacientes con buen manejo y rehabilitación pueden volver a una vida autovalente”, señala el neurólogo.

Las consecuencias dependen del lugar cerebral donde se produjo el daño. Pueden quedar secuelas como la pérdida de campo visual, trastornos del lenguaje, dificultad para moverse y problemas para hablar y comprender, entre otros.

Sepa cómo prevenir
En Clínica Alemana se ven aproximadamente 200 a 250 casos de enfermedad cerebrovascular al año. La rehabilitación se hace con un equipo multidisciplinario, integrado por kinesiólogos, fonoaudiólogos expertos en deglución, sicólogos, neurólogos y médicos internistas.

“Es importante corregir los factores que estaban provocando que el paciente tuviera un mayor riesgo de tener un accidente cerebrovascular”, advierte el doctor Brunser. Entre ellos, los más importantes son la hipertensión arterial, algunos tipos de arritmias, la diabetes, las cardiopatías, las placas de aterosclerosis en las carótidas y el tabaquismo, entre otros.

El especialista advierte que la prevención se basa en manejar estos factores de riesgo, es decir, que el paciente hipertenso controle su presión, que el fumador deje de serlo, que los diabéticos manejen su enfermedad, que quienes sufren cardiopatías las controlen y que aquéllos con riesgo embólico, lo reduzcan con distintas terapias. “Lo importante es que ésta es una enfermedad prevenible, ése es el gran punto”.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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