Aniridia: Cuando los ojos no tienen color


Negros, azules, pardos, cafés o verdes… La tonalidad de los ojos es dada por el iris, estructura responsable de regular la cantidad de luz que entra al globo ocular, ya que actúa como diafragma. Sin embargo, hay ocasiones en que el iris no funciona correctamente o no existe, como en el caso de la aniridia.

El doctor Juan Pablo López, oftalmólogo de Clínica Alemana, explica que “la aniridia es una enfermedad congénita que consiste en la falta total o parcial del iris en ambos ojos, lo que da un aspecto de una gran pupila negra. Esto se debe a una mutación genética en los genes que controlan el desarrollo del globo ocular, lo que se produce durante el embarazo”.

Esta patología puede presentarse en tres formas. Habitualmente, es hereditaria, ya que existen otros miembros afectados en la familia, o esporádica, porque no existen antecedentes familiares de la enfermedad.

Sin embargo, en algunos pacientes es posible que esta afección esté relacionada con el Síndrome WAGR, en el que los niños con aniridia no hereditaria presentan además tumores malignos en el riñón, retraso mental y alteraciones genitourinarias. Por esta razón, durante la infancia es muy importante realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad mediante ecografías abdominales en forma periódica, ya que los tumores renales son de alta mortalidad si no se detectan a tiempo.

El especialista sostiene que el rasgo clínico característico de la aniridia es la presencia de fotofobia, sensibilidad anormal a la luz
Además, se produce una serie de alteraciones oftalmológicas asociadas, como visión borrosa no dolorosa y visión nocturna reducida. Asimismo, debido a la aniridia, se puede producir estrabismo, que consiste en la desviación de uno de los ojos de su dirección normal, por lo que los ejes visuales no pueden dirigirse simultáneamente al mismo punto. Esto puede ocasionar ambliopía en los niños, que es la disminución de la agudeza visual no reversible.

Debido a que los genes que producen la aniridia son muy importantes en el desarrollo de todo el globo ocular, también pueden presentarse con esta enfermedad nistagmus, movimientos oculares rápidos e involuntarios; cataratas, opacidad del cristalino; luxación del cristalino; glaucoma, aumento anormal de la presión intraocular; degeneración corneal; e hipoplasia macular y del nervio óptico, que es el desarrollo incompleto o defectuoso de éste.

El diagnóstico se realiza con un completo examen oftalmológico del paciente y de sus familiares. No existe un tratamiento específico de la enfermedad, sólo se tratan los síntomas y las complicaciones asociadas.

El doctor López sostiene que “como la aniridia es una enfermedad con la que se nace, es conveniente que el niño y sus padres estén conscientes de su problema, ya que tendrá dificultad para leer, distinguir determinados objetos y realizar ciertas actividades”.

Para esto, es necesario explicarle al pequeño que como tiene la pupila muy grande le hace más daño la luz que a otros niños, por lo que debe usar anteojos de sol y otras ayudas visuales. Sin embargo, el especialista recomienda no dramatizar la situación, ya que el paciente debe hacer una vida totalmente normal.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Oftalmología.




Deja un comentario