Arritmias: ¡Mi corazón se volvió loco!


¿Ha notado alguna vez que frente a una emoción fuerte se le acelera el corazón? Cuando eso sucede a menudo y sin razón aparente, se habla de una arritmia rápida o taquicardia. Por el contrario, cuando el pulso se enlentece y falta el aire, se trata de una arritmia lenta o bradicardia.

Las arritmias son alteraciones del ritmo o de la conducción del impulso cardiaco y se producen cuando células que normalmente controlan el corazón a cierto ritmo, varían su frecuencia de disparo.

Como explica el doctor Rodrigo Montagna, cardiólogo de Clínica Alemana, “una frecuencia cardiaca normal oscila entre 60 y 100 latidos por minuto: sobre eso hay taquicardia y bajo este piso se considera bradicardia. Pese a esto, no necesariamente es anormal sobre 100, ya que si el paciente realiza actividad física o tiene una emoción fuerte en un lapso de tiempo determinado, el pulso aumentará. Por otro lado, hay veces que puede bajar la frecuencia de 60 sin que se considere patológico, por ejemplo, durante el sueño o en el caso de personas que tengan un entrenamiento físico importante”.

Dependiendo de donde se produzcan, las arritmias también se pueden clasificar en ventriculares y supraventriculares (cuando se presentan en una estructura sobre los ventrículos).

Es posible que una arritmia se manifieste de distintas maneras, aunque también puede ser asintomática. “La taquicardia se presenta frecuentemente con la sensación de que el corazón late con mayor rapidez y de manera más enérgica y desordenada. Además, hay veces que no sólo se siente en la zona del pecho, sino que también en el cuello”.

En las bradicardias puede haber mareos, desmayos, fatiga y disnea (falta de aire en el ejercicio), debido a que a veces la frecuencia cardiaca es tan baja que hace que el corazón tenga dificultad para expulsar la sangre necesaria y disminuye el flujo cerebral.

En ciertas ocasiones, se puede producir incluso una muerte súbita, la que suele desencadenarse en personas que no tienen ningún antecedente previo de enfermedad cardiovascular, pero que repentinamente sufren la obstrucción de una arteria coronaria, lo que finalmente se traduce en una arritmia fatal.
¿Qué hacer con mi arritmia?
Existen varias causas que propician el desarrollo de un cuadro de arritmia, como algunas enfermedades genéticas que pueden favorecer la aparición de desmayos o incluso la muerte.

El doctor Montagna advierte que hay otras causas como zonas anormales en el corazón que impiden la correcta conducción del impulso, lo que ocurre frecuentemente con las cicatrices de pacientes que han sufrido infartos. Asimismo, las personas que tienen algún tipo de alteración estructural del corazón, como la hipertensión arterial o problemas en las válvulas, entre otros, también son propensas a tener una arritmia.

Para diagnosticar una arritmia, el médico debe interrogar al paciente sobre su estilo de vida y antecedentes familiares. Posteriormente, se realiza un examen cardiaco y otro físico para controlar la presión arterial y el pulso.

El especialista indica que el primer examen que se utiliza es el electrocardiograma (ECG), donde se mira el corazón desde 12 visiones diferentes. Otro procedimiento que se indica es el holter, que registra la frecuencia cardiaca durante todo un día. Si con éstos no basta, existe un método más sofisticado, llamado Loop, que es similar al holter, pero con una duración más prolongada.

Finalmente, se puede realizar otro examen más complejo y que requiere hospitalización, llamado estudio electrofisiológico, que consiste en poner catéteres dentro del corazón para estimularlo y estudiar su comportamiento eléctrico.

Dependiendo del diagnóstico, se pueden indicar diferentes tratamientos. En el caso de las arritmias rápidas, se usan básicamente medicamentos, principalmente fármacos encargados de bloquear los receptores adrenérgicos. También se pueden utilizar los antiarrítmicos, aunque en ocasiones éstos pueden desencadenar reacciones adversas, desde fatiga y problemas pulmonares hasta favorecer la aparición de otras arritmias que pueden ser letales. Por eso es fundamental que la persona se realice controles periódicos.

En algunos casos es necesario realizar una ablación por radiofrecuencia, que es la cauterización y eliminación de los focos que producen la taquicardia. Esto se realiza al mismo tiempo que el examen de estudio electrofisiológico y, en ciertos casos, tiene una alta efectividad.

El especialista explica que “para las arritmias lentas, se utilizan dispositivos como marcapasos. En algunos pacientes también se emplean desfibriladores automáticos, capaces de detectar cuando hay una arritmia que pueda producir muerte súbita y administrar automáticamente un shock eléctrico para detenerla”.

“Ciertas arritmias, particularmente la fibrilación auricular, propenden a la formación de coágulos dentro del corazón, los que pueden desprenderse y ocasionar un accidente vascular, por lo que muchos de estos pacientes requieren, además, de tratamiento anticoagulante”, concluye el médico.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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