Bacteria asesina: Un antiguo y conocido enemigo


Desde fiebre y malestar generalizado hasta intoxicación e incluso la muerte, son algunas de las consecuencias originadas por la Streptococcus B hemolítico grupo A (SBHA), conocida también como “la bacteria asesina”.

Las infecciones invasivas por este germen han sido reconocidas por años, existiendo incluso, reportes de casos de fiebre puerperal, registrados por Luis Pasteur en 1879.

Este agente es el mismo que origina enfermedades tan comunes como la amigdalitis bacteriana, la escarlatina y algunas infecciones de la piel. Sin embargo, el problema se presenta cuando algunos subgrupos de esta bacteria expresan facultades agresivas distintas y afectan a alguien que no tiene capacidad de neutralizarlas.

Bacteria asesina: Un antiguo y conocido enemigo Salud Pública

En este último caso se puede generar un proceso infeccioso que invade y devora tejidos. También es posible que origine un shock tóxico streptocócico, con grave caída de la presión arterial y falla de algunos órganos.

Esta bacteria puede transmitirse con cierta frecuencia de persona a persona en el caso de la faringoamigdalitis. Sin embargo, es menos transmisible en las estreptococias cutáneas invasivas.

Las infecciones invasivas por Streptococcus B hemolítico grupo A son poco frecuentes, pero hay periodos en que comienzan a agruparse casos, lo que pudiera deberse a que la bacteria más predominante o prevalente va modificándose, lo que deriva en que cada cierto tiempo van expresándose más aquéllas que tienen estos.

El diagnóstico de bacteria asesina se realiza principalmente cuando hay infecciones de la piel relacionadas a trauma o cirugía, en la que junto a las características habituales de inflamación se hace muy predominante el dolor y aparecen zonas de aspecto necrótico o vesicular. Además, en las muestras de cultivo que se realizan crece el Streptococcus B hemolítico grupo A.

Si se confirma el diagnóstico es fundamental actuar a la brevedad, aplicando un tratamiento precoz e intenso. Primero se realiza quirúrgicamente una limpieza y debridación (extirpación de los tejidos desvitalizados que rodean la lesión), y se administran antibióticos endovenosos en dosis altas, principalmente penicilina y clindamicina.

Si la persona es alérgica a la penicilina, se utiliza cefalosporina de tercera generación o vancomicina, dependiendo del caso. Actualmente, también se aplican inmunoglobulinas, anticuerpos altamente específicos que bloquean las respuestas que generan las toxinas bacterianas.

La tasa de mortalidad por este tipo de infección sin tratamiento es alta. No obstante, en los últimos años, las víctimas fatales han ido disminuyendo, gracias a la incorporación de nuevas técnicas en el manejo de los casos, sumado a un apoyo cada vez más sofisticado de las unidades de cuidados intensivos.

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Categoría: Salud Pública.




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