Calzado escolar: Lo importante es saber elegir


Se acaban las vacaciones, los escolares se preparan para iniciar un nuevo año académico y las vitrinas de los centros comerciales muestran una amplia oferta de uniforme, útiles y calzado escolar. Este último ítem suele ser uno de los más difíciles, ya que la elección que se haga puede ser determinante para el resto del año, porque sin duda los zapatos elegidos serán sometidos a duras pruebas durante cada jornada escolar.

La doctora Loreto Díaz, fisiatra de Clínica Alemana, sostiene que al momento de comprar es importante fijarse en tres aspectos claves: que los zapatos calcen bien, que estén elaborados con materiales de buena calidad y que sean adecuados para la edad del niño.

“Desde el punto de vista práctico, hay que asegurarse de que sean duraderos, cómodos y que protejan los pies. Desde el comienzo deben ser confortables, si no, quiere decir que no calzan adecuadamente o no es el diseño apropiado. Nunca se debe obligar al niño a usar un par de zapatos que no le quedan bien”, asegura la especialista.

Modelo y materiales
Lo primero que hay que tener presente es la estructura del calzado. Lo ideal es que la parte superior y la plantilla interna sean de un material poroso, para facilitar la eliminación de la humedad. Una de las mejores alternativas es el cuero, ya que permite que los pies respiren. Los materiales sintéticos retienen la humedad y favorecen el desarrollo de hongos.

Las costuras internas deben ser de un material resistente y suave, para que no provoquen lesiones en la piel. En forma complementaria, se recomienda el uso de calcetines de algodón, un material natural que evita la irritación, favorece la ventilación y protege la piel de cualquier roce con el zapato.
La planta externa debe asegurar una buena tracción, amortiguación y flexibilidad para permitir los movimientos naturales del pie. Una buena alternativa son las de caucho o de goma, materiales flexibles, livianos y antideslizantes. Deben evitarse las plantas muy gruesas y pegajosas porque pueden tener problemas para desplazarse y causar caídas.

El taco debe ser de no más de dos centímetros y medio de alto, para que el peso del cuerpo se distribuya en forma pareja entre la parte anterior y la posterior del pie, de manera de evitar que éste se desplace hacia delante y oprima los dedos contra el zapato. Además, el taco debe tener una base ancha para darle más estabilidad al talón, a lo que también contribuye un contrafuerte reforzado.

En su conjunto, estos elementos deben dar como resultado un zapato flexible, cómodo ventilado y liviano, para que el niño pueda caminar y correr sin dificultad.

Un calce perfecto
Lo más importante es el calce adecuado. Cuando llegue el instante de probarse los zapatos, se debe poner atención al largo, ancho y profundidad, dado que una horma incorrecta puede producir presión y roce en los dedos y uñas de los pies, con consecuencias como dolor, callosidades, ampollas y deformaciones de los dedos.

Por este mismo motivo, es conveniente que la parte superior sea redonda para darle a los dedos más espacio para moverse. También son recomendables los zapatos con cordones, ya que pueden ajustarse mejor al ancho del pie, a diferencia de los mocasines, ya que en el caso de los niños es fácil que los pierdan mientras corren y juegan.
Si existe una tendencia a desarrollar callosidades, heridas o ampollas, es aconsejable consultar al médico y que los padres revisen cada cierto tiempo los pies de sus hijos. Dado que éstos crecen con rapidez, especialmente durante los primeros años de vida, en ocasiones es necesario renovar los zapatos durante el año. (El pie puede llegar a crecer el ancho de un dedo cada tres a seis meses, aunque esto varía en cada niño).

Según a la doctora Díaz, lo ideal es cambiar los zapatos “de acuerdo al crecimiento del pie” y al desgaste del calzado.

Si el niño se quita los zapatos con frecuencia, es probable que le queden incómodos. Para evitar molestias, el calzado escogido debe tener alrededor de un centímetro desde la punta del “dedo gordo” (ortejo mayor) hasta el borde interno de la punta del zapato.

Al momento de comprar hay que probarse los dos zapatos, si un pie es ligeramente más grande que el otro, lo que no es infrecuente, hay que guiarse por este tamaño y dejar que el niño camine unos pasos con los dos zapatos y con los calcetines que usará habitualmente.

A diferencia de lo que se piensa, los niños con pie plano que usan plantillas no deben comprar zapatos un número más grande, porque generan roce, lo que produce ampollas y callosidades. Sólo deben preocuparse de elegir modelos de zapatos amplios para que quepa la plantilla, con contrafuerte reforzado, sin que les quede demasiado ajustado.

“Recordar siempre que el calzado es el que debe adaptarse a la forma del pie, no éste a la horma del zapato”, concluye la fisiatra.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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