Cómo es el tratamiento de un niño obeso


El panorama es desolador. Un 16% de los escolares de 1° básico es obeso y según un estudio de la Universidad de Chile para el año 2010 habrán 1 millón 294 mil niños con sobrepeso u obesidad.

Las consecuencias no se dejan esperar: de acuerdo con un último informe del CDC (Centers for Disease Control and Prevention), organismo estadounidense dedicado al control y prevención de enfermedades, si continúa el aumento de la obesidad, ésta será la primera causa de muerte evitable, desplazando al cigarrillo al segundo lugar.

La doctora Francisca Ugarte, endocrinóloga infantil de Clínica Alemana, explica que los efectos a corto plazo de la obesidad infantil son problemas ortopédicos en la columna, rodilla, cadera y tobillo (genuvalvo, hiperlordosis, necrosis de la cabeza del fémur), y de autoestima, lo que implica un serio estorbo para el desarrollo social del niño. “A largo plazo se pueden desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, dislipidemia y enfermedades cardiovasculares”.
¿QUÉ NIÑO ES OBESO?

Hasta los dos años los niños son de apariencia “gorditos”, pero eso es normal. A partir de esa edad se produce el primer cambio en su configuración, donde adquieren una forma similar a una pera, y a los cuatro años viene otra modificación que tiene como resultado una configuración longilínea.

Estos cambios son signos de que los porcentajes de grasa normales de un niño van disminuyendo hasta llegar a su punto más bajo a los 4 a 6 años en las niñas y a los 5 a 7 años en los niños. Luego comienza a aumentar progresivamente hasta el nivel adulto.

Para medir esto objetivamente se utiliza el Índice de Masa Corporal (IMC) -el peso dividido por la talla al cuadrado- el cual se compara con las curvas elaboradas por NCHS (Nacional Center for Health Statistic)

Sin embargo, cuando las medidas de prevención no son tomadas y aparece el sobrepeso, hay algo que hacer para evitar todas estas consecuencias. “El tratamiento de los niños obesos funciona muy bien, ya que ellos se ajustan a las exigencias mucho mejor que los adultos”, sostiene la doctora Ugarte.

Una dieta distinta a la de los adultos
“El tratamiento de la obesidad infantil consiste en una alimentación equilibrada con una restricción calórica no mayor de un 10% de lo normal. La dieta debe contener un 50 a 60% de carbohidratos, un 35% de grasas y un 15% de proteínas para permitir el crecimiento y desarrollo normal del niño.

No se utilizan medicamentos como absorbedores de grasa, porque eliminan vitaminas esenciales, o inhibidores del apetito, y sus efectos en el crecimiento no están determinados. También se les indica un aumento en la actividad física”, explica la endocrinóloga.

La realidad de un niño es muy distinta a la de un adulto porque se está desarrollando y creando hábitos. Por eso, en el caso de los menores los regímenes hipocalóricos no son recomendables.

Incluso las metas son diferentes: “En muchos niños se busca que no suban de peso, porque están creciendo. La idea es que coman lo normal, no menos. El mejor indicador de que el tratamiento ha sido exitoso, es el cambio de hábitos y el cumplir la dieta, más que el peso”, enfatiza la especialista.
Por lo tanto, basta con una alimentación basada en las cuatro comidas del día, rica en verduras, frutas y carbohidratos no refinados (cereales sin azúcar, pan integral, papas, etc.), donde se eliminen las grasas saturadas (frituras) y azúcares (bebidas, chocolates, etc.) y con colaciones sanas (ver artículos relacionados).

Es mejor no utilizar alimentos dietéticos, porque algunos no lo son realmente; las excepciones están dadas por los lácteos y gaseosas, aunque el ideal es reemplazar estas últimas por agua. Y los resultados se verán rápidamente. De acuerdo con la doctora Ugarte en cuatro a ocho meses un menor obeso puede estar sano.

“Fallan cuando los papás los subestiman”
A pesar de que los niños se ajustan mejor que los adultos a los cambios de hábitos, para esto requieren de motivación y un importante apoyo familiar.

Según explica la especialista, la motivación tiene que venir de ellos. Principalmente se origina en no ser molestados más y en demostrar que son capaces de seguir la dieta. En esta tarea la familia juega un rol fundamental. “Los niños fallan cuando los papás tienen sobrepeso, por lo tanto, no han podido manejar su problema, y también cuando subestiman a sus hijos”, destaca la doctora Ugarte.

Muchas veces es necesario cambiar los hábitos de la familia completa y esto exige la colaboración de los papás, los hermanos y la nana. La especialista afirma que no es frecuente que alguno de los hermanos sea muy flaco y otro gordo, pero de ser así, hay que convencerlos de que cada uno debe recibir la dieta adecuada para él.

“Los papás deben entregar estímulos positivos. Es útil dar pequeños regalos, previamente acordados, que estén relacionados con la autoimagen. Si el niño no cumple, el doctor se debe encargar, porque la idea no es que la casa se transforme en un campo de batalla. La misión de los papás es llevar a cabo las instrucciones del médico, pero la responsabilidad es del niño”, enfatiza la endocrinóloga.

Incluso el colegio entra en este tratamiento, porque es necesario informar a los profesores y preocuparse de que la alimentación que allí recibe sea la adecuada.

Sin embargo, es imposible pensar que un niño no se va a salir de la dieta en situaciones especiales. Para la doctora Ugarte, los cumpleaños y ciertas celebraciones son motivos justificados, y no hay que temerles, porque los niños no son obesos porque coman papas fritas y torta en un cumpleaños, sino porque ingieren todos los días cereales de chocolate al desayuno, dos hotdogs de colación, una lasaña con helado al almuerzo, dos panes con palta al té y puré con huevo en la noche.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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