Criptorquidia: Cuando los testículos no descienden


Problemas psico-sociales, infertilidad e, incluso, una mayor tendencia a desarrollar cáncer, son las consecuencias de la criptorquidia -del griego kriptos (oculto) y orquis (testículo)- una malformación congénita que consiste en la falta de descenso permanente de uno o ambos testículos desde la cavidad abdominal hasta las bolsas escrotales.

Lo normal es que durante la vida embrionaria, los testículos empiecen a formarse en una zona próxima a los riñones y luego, en los últimos meses de gestación, terminen su recorrido en su alojamiento definitivo -las bolsas escrotales-, dado que para producir los espermatozoides requieren temperaturas más bajas que las del interior del abdomen. A veces se presentan causas hormonales, de malformación o incluso mecánicas, que llevan a que este descenso no se complete.

En algunos casos los testículos bajan por sí solos durante el primer año de vida y todo sigue su curso normal. Sin embargo, hay ocasiones en que esto no ocurre y es necesario realizar una cirugía para ubicarlos en los sacos o bolsas escrotales, y así evitar problemas futuros.

El doctor Ricardo Zubieta, urólogo infantil de Clínica Alemana, explica que “después de los dos años de edad, un menor con un testículo no descendido puede ver afectada su futura fertilidad, ya que al interior del abdomen existen alrededor de 3° Celsius más que en las bolsas escrotales, temperatura que termina dañando las células germinales, que son las que más tarde producirán los espermatozoides”.

Además, está demostrado que los testículos ocultos son más propensos al desarrollo de cáncer. A esto se suma, por supuesto, los problemas psicológicos que puede provocar en un varón la ausencia de uno de sus testículos o de ambos, sobre todo en la adolescencia y adultez.
“La incidencia de cáncer testicular aumenta alrededor de siete veces en los testículos criptorquídeos”, afirma el especialista.

Cirugía, el principal tratamiento
Antes de definir el tratamiento, lo más importante es cerciorarse de que se trata de un testículo criptorquídeo, ya que existen otras alteraciones semejantes que pueden llevar a confusión, como es el caso de los testículos en ascensor (ver recuadro).

Una vez confirmado el diagnóstico de criptorquídea, se determina el tratamiento a seguir. En la mayoría de los casos se recurre a la cirugía para corregir el testículo no descendido.

“Los menores que presentan este problema pueden intervenirse desde el octavo mes de vida y en lo posible no más allá de los dos años, por riesgo de daño testicular”, explica el doctor Zubieta.

La técnica clásica es la cirugía abierta, bajo anestesia general, que requiere hospitalización transitoria o a lo más de un día. En algunos casos (principalmente en testículos no palpables), también es posible hacerlo vía laparoscópica, un procedimiento que consiste en realizar pequeñas incisiones de aproximadamente un centímetro por donde se introducen los instrumentos quirúrgicos, mientras la intervención es observada a través de una pequeña cámara colocada al interior de la cavidad abdominal.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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