Dientes en el adulto mayor: Cuidar lo que tenemos


La mutilación dentaria como consecuencia del “envejecimiento” ha sido históricamente asumido como una realidad. Pero esta creencia, a la luz del manejo terapéutico preventivo – contemporáneo, podría ser desechada porque gracias a los avances científicos, se tiene un conocimiento más acabado de las afecciones de la cavidad bucal. Esto permite a los especialistas prolongar la vida de las piezas dentarias.

Así lo confirma la odontóloga de Clínica Alemana Weronika Weil, quien señala que “en la actualidad, las expectativas de vida han aumentado y la gente se mantiene activa por mucho tiempo. Por ejemplo, una persona de 60 años, está absolutamente vigente desde todos los puntos de vistas; ya sea laboral, social y afectivo. Y la boca, como nuestra carta de presentación, no puede quedar fuera de este contexto”.

Una persona de mayor edad probablemente ha sido afectada por varios episodios patológicos en su boca, como caries y enfermedades periodontales que provocaron la eliminación de sus piezas dentarias. También es posible que, como consecuencia de esta pérdida de tejido, las personas hayan recibido tratamiento en base a obturaciones, coronas, puentes o prótesis dentarias.

Consultas más frecuentes
Entre los motivos más comunes de consulta, se encuentran la recesión gingival (recogimiento de encía), sensibilidad en los cuellos dentarios y sangrado de encía.

También, cuando tienen problemas en sus restauraciones, como por ejemplo, retención de alimento entre ellas o porque no cumplen con las expectativas estéticas del paciente.

Según la especialista, otro de los motivos importantes de consulta es la halitosis. “La sensación de mal gusto y mal aliento es un problema que afecta mucho en las relaciones interpersonales. Es muy reconfortante ver a los pacientes volver felices después de tratarse y haber solucionado este problema”.
La principal pérdida de piezas dentarias después de los 40 años es consecuencia de la enfermedad periodontal. Esta afección es una inflamación de la encía y de los tejidos que rodean al diente, provocada por bacterias. Se caracteriza por la pérdida del hueso que da soporte al diente y, que en estados iniciales, prácticamente no produce dolor.

Sus síntomas más frecuentes son el sangrado de encía, el descubrimiento de los cuellos dentarios y la consecuente sensibilidad de ellos. También puede presentar movilidad, desplazamiento de los dientes y halitosis.

“Lamentablemente, esta patología produce la pérdida irreversible del tejido de soporte del diente. Lo que logramos con el tratamiento es detener el avance de la enfermedad, pero no la recuperación total de los tejidos perdidos, por lo tanto, lo más aconsejable es un diagnóstico y tratamiento precoz”, explica la odontóloga.

Prevenir a tiempo
Con el paso del tiempo se ha verificado que los cuidados de la boca son mucho más efectivos si se llevan a cabo junto a la supervisión de un especialista, porque éste puede entregar una orientación personalizada.

A juicio de la odontóloga el mejor cuidado de la salud bucal es la prevención, entendida ya sea como promoción de salud, diagnóstico y tratamiento precoz, o limitación del daño.

“Mientras antes se actúe en estos niveles, los resultados son mejores, ya que los tratamientos serán más sencillos, con menos pérdida de tejido y por ende, los pacientes quedarán en mejores condiciones”, agrega.

También destaca la importancia que tiene un cuidado doméstico en la higiene bucal para prevenir y tratar los problemas que se presenten. Este trabajo preventivo es más eficiente si se trabaja con cepillos suaves, haciendo un cepillado minucioso y utilizando algunos co-ayudantes, como por ejemplo la seda dental, los cepillos unipenachos o los interdentales.

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Categoría: Odontología.




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