Discalculia, la falla que enreda el dominio de los números


El año escolar entró en tierra derecha y seguramente muchos padres están preocupados por el rendimiento de sus hijos, particularmente en matemáticas, que suele ser un área del conocimiento problemática para no pocos estudiantes.

Todos los alumnos no tienen los mismos dones, a algunos les cuesta aprender, pero otros pueden sufrir trastornos más severos, alejados de la norma, que ameriten una consulta con un neurólogo y un tratamiento con un psicopedagogo.

Uno de esos trastornos es la discalculia, una dificultad específica para calcular o resolver operaciones aritméticas, sin la existencia de una lesión o causa orgánica que lo justifique, y que puede afectar no sólo la asignatura de las matemáticas sino también el desarrollo del razonamiento abstracto relacionado con este campo.

El doctor Carlos Acevedo, neurólogo de Clínica Alemana, explica que “la forma más frecuente de presentación es la de origen madurativo, la cual tiene su raíz en una falla (desbalance) en el desarrollo del pensamiento matemático”.

Sin embargo, no todos los detonantes de esta alteración radican en problemas que surgen a partir del paciente, porque el entorno también influye e interactúa con cada individuo. “Otras causas de discalculia pueden ser métodos inadecuados de enseñanza o inseguridad”, acota sobre este punto el especialista.

Pese a que alguna literatura especializada en salud ha sostenido que la discalculia primaria puede deberse a lesiones en el cerebro, asociadas a disfunciones neurológicas en su lóbulo occipital, el doctor Acevedo afirma que “no tiene su origen en ningún tipo de lesión cerebral demostrable con los métodos de estudio disponibles a la fecha”.
Perfil de los pacientes
Aunque los niños que pueden presentar discalculia no padecen de déficit en su intelecto, sí pueden tener otras disfunciones asociadas.

“Por definición el CI (coeficiente intelectual) es normal. Las comorbilidades más frecuentes son el déficit atencional y los trastornos de la lectoescritura, pero hay que aclarar que la frecuencia de presentación de la discalculia es mucho menor que cualquiera de las otras dos dificultades”, expone el doctor Acevedo.

También puede ocurrir que el diagnóstico determine que los niños no padecen discalculia sino más bien se producen errores de percepción que complican su aprendizaje en el campo de las matemáticas, lo que suele ser llamado en algunos textos como “discalculia escolar natural”.

“Corresponde a la disaritmética, que es muy similar a la dislexia y en ella no hay una falla en el pensamiento matemático sino más bien errores visoespaciales similares a los que presentan los disléxicos, que invierten, saltan u omiten signos o palabras, o tienen visión en espejo”, cuenta el neurólogo.

La disaritmética es la dificultad notoria para comprender el mecanismo de la numeración, retener el vocabulario, concebir la idea de las cuatro operaciones básicas, contar mentalmente y utilizar sus adquisiciones en la resolución de problemas.

Tratamiento psicopedagógico
En relación con la terapia para tratar la discalculia, el doctor Acevedo aclara que debe ser realizada por un psicopedagogo tras el correspondiente diagnóstico neurológico. “El pronóstico es bueno, pero requiere de un diagnóstico adecuado y de un tratamiento oportuno”, comenta.
Al respecto, Rosana Telias, psicopedagoga, reafirma que efectivamente- los niños con discalculia pueden presentar dificultades en habilidades de memoria y atención; de orientación, alineación de números y símbolos, direccionalidad (arriba abajo, derecha izquierda, aspectos diagonales), de razonamiento matemático y matemáticas conceptuales.

Por ello, dice que el tratamiento debe estar enfocado a encontrar la causa y aplicar a la brevedad una atención especializada en la cual prime la estimulación del pensamiento matemático a través del desarrollo de estrategias centradas en aspectos como lenguaje matemático, resolución de problemas, memoria, orientación espacial y temporal, organización espacial, conceptualización y habilidades sociales.

“Es conveniente intervenir cuanto antes para que el problema no aumente con los próximos aprendizajes. Se debe realizar un trabajo conjunto entre el terapeuta, el colegio y la familia con el fin de estimular las fortalezas en todas las áreas del desarrollo para afianzar la autoestima”, expone la profesional.

Respecto del tiempo del tratamiento, es variable, ya que depende de la constancia y frecuencia de las sesiones, y también de las características individuales de cada niño.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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