Distonía: Movimientos involuntarios


Si se quiere levantar un brazo, una pierna, la cabeza o abrir y cerrar los ojos, el sistema nervioso lo hace controlando cada movimiento del cuerpo. Muchos se realizan de manera voluntaria, pero hay veces que esta regulación falla y el resultado puede ser que se produzca un descontrol y aparezcan movimientos involuntarios.

Cuando los ganglios de la base -grupos de neuronas ubicados en la base del cerebro- no funcionan correctamente, se presentan contracciones involuntarias en uno o más grupos musculares. Este trastorno, llamado distonía, puede presentarse como torsión lenta de las extremidades, temblores, tics, movimientos involuntarios repetitivos y/o posturas anormales. Algunas veces es doloroso y puede irradiarse a otros músculos vecinos.

El 80% de las distonías es de causa desconocida y se desencadena espontáneamente o al intentar mover alguna parte del cuerpo afectada. “Puede empezar en adultos o durante la niñez y, de ser así, es más probable que sea hereditario. En otros casos, se presenta como secundaria al consumo de algunos medicamentos antisicóticos o ante ciertos daños cerebrales. Asimismo, puede ser otro síntoma más que acompañe a enfermedades neurológicas y neurodegenerativas, como el Parkinson”, explica el doctor Pedro Chana, neurólogo de Clínica Alemana.

Tipos de distonías
Se han establecido dos categorías de distonías: focales y segmentarias. Las primeras se refieren a cuando existe una lesión en una zona restringida del cerebro que afecta sólo una región localizada del cuerpo, mientras que las segmentarias o generalizadas comprometen todo un segmento cerebral y, por lo tanto, más grupos musculares.

Las distonías más comunes son las focales y afectan, principalmente, la parte superior del cuerpo. Así, por ejemplo, cuando compromete los párpados, se trata de blefaroespasmo, el que consiste en la contracción de los músculos perioculares, lo que puede empezar como un simple escozor con parpadeo, hasta el cierre invalidante de los ojos. Igualmente, puede verse comprometida la musculatura masticatoria y facial, lo que se denomina distonía oromandibular. Ambas suelen aparecer en la adultez.
También existen las distonías ocupacionales provocadas por la realización continua de una actividad específica, como la del escribiente o grafoespasmo. Esta consiste en un calambre que dificulta la escritura al desviar la mano y afectar la flexión de la muñeca. Lo pueden presentar además, quienes juegan golf o tocan instrumentos, y puede darse a partir de los 20 años.

La zona cervical también puede sufrir de estas contracciones involuntarias. En este caso se trata de distonía cervical o tortícolis espasmódica y afecta la musculatura con rotaciones, temblores y dolor en la zona, aunque a veces puede extenderse hasta los brazos. Se da entre los 30 y 60 años y se puede aliviar afirmando la pera con la mano en contra del movimiento involuntario.

Por otro lado, existe un grupo de distonías -conocidas como enfermedad de Segawa- que aparece principalmente en la niñez y se extiende desde las piernas hacia otras partes del cuerpo. Se caracteriza por empeorar durante el día y por responder al uso de la levodopa, medicamento utilizado en el tratamiento del Parkinson.

Si bien algunos pacientes han aprendido trucos sensitivos para controlar los espasmos, como tocarse con un dedo la barbilla para evitar que se les desvíe la cabeza, las distonías generalizadas se tratan con medicamentos o cirugías, mientras que para las de tipo focal se inyecta toxina botulínica (botox) en los músculos afectados.

Esta neurotoxina actúa inhibiendo la liberación de acetilcolina, neurotransmisor responsable de la contracción muscular, de las terminales nerviosas que están entre el músculo y el nervio, lo que impide la contracción de éste mediante una parálisis transitoria. Así, se reduce la actividad del músculo y los consecuentes espasmos.

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Categoría: Glosario Médico.




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