El desafío de ser madre sola


Cumplir con la jornada laboral, preocuparse de las labores domésticas, ayudar a los niños con las tareas, escuchar, consolar y, además, tratar de hacerlo todo bien, son las responsabilidades que asumen diariamente muchas mujeres. Parte importante de ellas lo logra con el apoyo de sus parejas, pero hay un grupo cada vez mayor que, por distintas razones, debe enfrentar el desafío de ser madre sola.

Muchas veces, para cumplir con todas estas tareas tienen que sortear una serie de dificultades impuestas por el medio y también por ellas mismas, ya que suelen sobreexigirse más de la cuenta, porque sienten que deben rendir, ser profesionalmente exitosas y no pueden fallar, enfermarse ni estar ausentes, sobre todo cuando son las únicas proveedoras del hogar.
Mujeres Jefas de Hogar

Un estudio realizado por el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam) sobre participación femenina en el mercado laboral, revela que las mujeres jefas de familia han aumentado del 25,3% al 31,5%, según el último censo.

A esto hay que agregar la presión social. Según Alejandra Silva, psicóloga de Clínica Alemana, en un país como Chile donde aún impera el modelo patriarcal, la familia tradicional sigue siendo el núcleo más importante de la sociedad.

“Aunque en menor medida que hace 50 años, todavía ser una mamá sola no es bien visto y se considera como una condición inferior a tener una familia donde la madre y el padre están presentes. Esto hace que muchas mujeres viudas, solteras o separadas con hijos se sientan desadaptadas y menos exitosas. Por eso es importante recalcar que hay muchas formas diferentes de ser familia, todas igualmente válidas”, sostiene.

Aprender a vivir sin culpa
El gran costo de ser mamá sola es tener que cumplir con múltiples roles, lo que transforma al tiempo en su principal enemigo.
Muchas mujeres sienten que no están el suficiente tiempo con sus hijos y que tampoco logran rendir bien laboralmente, lo que las hace sentir culpables e ineficientes. De esta forma, el trabajo, los niños y la casa se traducen en una postergación de la vida personal, la que suele quedar relegada, incluso, después de las compras del supermercado.

La psicóloga explica que esto se debe a la significación social y cultural del rol de ser mamá. La creencia es que entre más postergación personal hay, se es mejor madre. Por lo tanto, la posibilidad de conocer a una pareja o hacer actividades recreativas se anula casi por completo.

“Como consecuencia de esto, muchas mujeres hacen crisis a los 40 o 50 años, porque se dan cuenta de que se les fue la vida entre el trabajo y la casa, y no lograron desarrollarse como personas. ‘La vida me fue aplastando y hoy en día no me encuentro a mí misma’, es algo que como psicóloga uno suele escuchar en la consulta”, cuenta.

Esta dinámica tampoco es beneficiosa para los hijos, ya que ellos son más felices si ven a su mamá realizada y no con una sensación de fracaso personal.

Según la especialista los niños perciben la frustración de la madre y comienzan a sentir el deber de darle gratificación emocional. Se ven obligados a ser buenos niños y a no dar problemas, y cuando son adultos, sienten culpa de formar su propia familia y dejar el vínculo materno, como si fueran responsables de la vida de su mamá o tuvieran que retribuir tantos esfuezos.

Esto puede dar origen a un niño tímido con problemas de adaptación e incluso con patologías psiquiátricas, como depresión. Por eso, la psicóloga pone énfasis en la importancia de que las mamás desarrollen otros ámbitos de su vida y se hagan el tiempo para sí mismas, ya que entre más realizadas se sientan, más podrán entregarles a sus hijos.

“Es fundamental que tengan claro que estar más tiempo con los niños no significa necesariamente ser mejor madre. Lo que un menor realmente necesita es que lo quieran, ya que está demostrado que el cariño es lo que genera la seguridad personal, la eficacia, el sentimiento de habilidad y la empatía, entre otras aptitudes”, explica.
¿Quién asume el rol paterno?

Según Alejandra Silva, a diferencia de lo que se piensa, las madres solas no pueden asumir también la figura del padre, ya que todo lo que ellas realizan es siempre desde su rol materno. “No hay que olvidar que independiente de que esté presente o ausente, los niños siempre tienen un padre y eso es innegable”.

La psicóloga agrega que los menores son mucho más hábiles de lo que uno piensa. Ellos se amoldan a su entorno y buscan los referentes que necesitan. Por lo tanto, si requieren una figura masculina la van a buscar en el colegio o en una persona que conforme su red social, como el abuelo, tío, primo o un amigo cercano de la familia.

Es distinto cuando el padre visita a los niños y demuestra una constante preocupación por ellos. “En estos casos sí hay una figura paterna presente, lo que es mucho mejor, siempre que él no ponga al menor en medio de los conflictos que tiene con la madre, lo que a la larga es peor que estar ausente”, sostiene.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Consejos para Mamá.




Deja un comentario