El desafío de ser padres de un niño con déficit atencional


Vive en la luna, pierde constantemente cosas, es olvidadizo, los profesores se quejan de él, es demasiado activo o, por el contrario, extremadamente pasivo.

Así es como retratan a sus hijos los padres de niños con déficit atencional, un trastorno que cada vez se está diagnosticando más en nuestro país.

Este cuadro, cuatro veces más frecuente en hombres que en mujeres, se caracteriza por una importante dificultad para concentrarse en las actividades diarias y académicas y puede presentar o no hiperkinesia e impulsividad.

Algunos de los menores que sufren este trastorno son hiperactivos, por lo tanto, no pueden estar sentados por largos periodos de tiempo, les cuesta respetar las normas y no miden los riesgos. En cambio otros, son exactamente lo contrario, es decir, también tienen dificultad para prestar atención, pero son más tranquilos y lentos para hacer las cosas.

En ocasiones estas características van acompañadas de trastornos del sueño, problemas para comer y trastornos de aprendizaje, lo que hace más evidente el problema y, por lo tanto, es más fácil de detectar tempranamente.

A juicio de la doctora Michele Barreau, psiquiatra infantil de Clínica Alemana, se puede hablar de un fenómeno hereditario, ya que “habitualmente, cuando se revisa la historia familiar del paciente, uno encuentra que alguno de los padres u otro pariente cercano sufre del mismo trastorno, en menor o mayor grado”.

¿Cómo se ve el niño a sí mismo?
– Un niño con déficit atencional puede sufrir mucho, porque se da cuenta de sus falencias, como que se le quedan las cosas y se demora más que el resto en estudiar. Por lo tanto, generalmente lo pasan mal y por eso muchas veces son candidatos a trastornos ansiosos o depresivos, secundarios a sus dificultades.

La importancia de un tratamiento integral
Una vez que el trastorno es diagnosticado comienza un proceso particular para cada familia, ya que cada caso es diferente y, por lo tanto, debe tratarse como tal. De acuerdo con la neuróloga infantil Verónica Burón, “el médico no debe pensar inmediatamente en indicar fármacos, ya que en ocasiones es posible manejar el cuadro sin ellos”.
Dentro de los medicamentos de primera línea que se recetan para tratar este trastorno, el más utilizado es el metilfenidato, que tiene como fin mejorar la capacidad de atención del menor. Diversos artículos han relacionado su consumo con una mayor propensión a las drogas, al alcohol o sexualidad precoz.

Ambas especialistas desmitifican los supuestos efectos colaterales de este fármaco, afirmando que estas conductas no están relacionadas con su consumo, sino que a las características propias del cuadro, como la impulsividad, la baja autoestima y la poca tolerancia a la frustración, aunque también podrían estar asociadas a otros trastornos psiquiátricos, como por ejemplo, la enfermedad bipolar.

La doctora Michele Barreau también destaca la importancia de que el tratamiento farmacológico sea complementado con psicoterapia o terapias grupales y, si es necesario, con apoyo psicopedagógico. Pero todo esto debe ir acompañado de un adecuado manejo por parte de los padres.

¿Qué papel cumplen los padres en este proceso?
-Se trabaja bastante con ellos para que entiendan de qué se trata este trastorno. La idea es que en vez de castigar a sus hijos por su comportamiento, logren comprenderlos y estrechar lazos afectivos que les permitan acercarse a ellos y ayudarlos a comprender lo que les pasa.

“Yo les digo que sus hijos necesitan mamás secretarias, en el sentido de que deben transformarse en una especie de conciencia, porque generalmente son tan distraídos que se les queda el polerón o se les olvida lo que tienen que hacer. Por lo tanto, los padres deben anticiparse a las situaciones y preguntarles si traen su chaqueta o si se acordaron de hacer la tarea, por ejemplo”, aconseja la psiquiatra.

También es importante enseñarles a organizarse, estableciendo ciertas reglas que marquen los límites dentro de los cuales deben actuar. Para compensar su falta de atención, se pueden usar instrumentos para ordenar sus actividades, como una agenda o lista de las tareas que tienen que realizar.

Asimismo, los padres deben ayudar a sus hijos a buscar ámbitos en los que puedan desarrollar otro tipo de actividades en las que se sientan competentes, como las deportivas o artísticas. De esta forma, al encontrar su área de éxito, se sentirán más confiados y motivados a realizar otras tareas.

“En definitiva los papás deben entender que un niño bien tratado, ya sea con fármacos y/o terapia, va a ser más seguro de sí mismo, mejor integrado socialmente y, por lo tanto, tendrá un menor riesgo de caer en conductas disrruptivas”, explica la doctora Burón.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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