El porqué de los niños bajos


Con el devenir del siglo XXI se ha intensificado la práctica del “culto al cuerpo”, el cual apela a cánones de belleza establecidos a nivel mundial.

Esta práctica se manifiesta en el cuidado del cuerpo a través de la nutrición, el ejercicio físico, además en el trabajo de las formas y, también, en el volumen, peso y estatura.

La talla es uno de los aspectos al que se le atribuye más importancia a nivel social: las personas bajas, según algunos estudios son discriminadas a la hora de ser elegidas para un trabajo puntual y, en el caso de los niños, ser el más bajo del curso, afecta su autoestima siendo a veces considerados por sus pares como “mascotas” del grupo.

La estatura normal está basada en estudios de poblaciones en donde se ve cuánto es el promedio y se agregan dos desviaciones estándar a cada lado. “Cuando un niño tiene una estatura que es menor o está fuera de ese rango, las posibilidades de que tenga alguna enfermedad que está causando su talla baja son mucho mayores”, señala la doctora María Francisca Ugarte, endocrinóloga infantil de Clínica Alemana.

Agrega que si bien las generaciones actuales son considerablemente más altas que las anteriores, existe en algunas ocasiones una presión por parte de los padres a intervenir en el crecimiento de sus hijos para lograr una mayor estatura. Realidad que se ve reflejada en que una de las principales causas de visitas endocrinólogas, sea justamente la estatura. Esto, porque se desea que los hijos sean más altos y también anular alguna anomalía.

“Lo primero es descartar algún tipo de patología u otros factores que pueden estar influyendo en el crecimiento normal. Para eso, se realizan exámenes que permitan descartar enfermedades y saber por su edad ósea, cuál será su talla final”, señala la endocrinóloga infantil.

A pesar de que existen varias hormonas asociadas con la estatura, la del crecimiento es una de las que más expectativas ha creado. Su uso, hasta el año pasado, según la Food and Drug Administration (FDA), se aplicaba bajo tres condiciones: la primera, se refería a un déficit de esta hormona en el niño; segundo, padecer el síndrome de Tunner (enfermedad genética) y, por último, que se manifieste una insuficiencia renal crónica. Hoy, se considera como indicación relativa usarla en niños cuyo pronóstico de talla esté por debajo tres desviaciones estándar de la media, es decir, considerablemente chico.

Hay que destacar, que si bien su aplicación provocará un aumento en la estatura del niño a corto plazo, no se puede asegurar cuánto se ganará con este tratamiento, pues es variable de un paciente a otro y muchas veces alcanzará la talla hasta donde genéticamente estaba programado.

Los factores que influyen en el crecimiento son variados, uno de ellos es el genético, que no necesariamente se refiere a la talla de los padres, sino también a la de los antecesores (abuelos o bisabuelos). “Evidentemente cuando se tiene padres o abuelos bajos de estatura, la probabilidad de que el niño también lo sea, es más alta”, afirma la endocrinóloga infantil.

Otro factor importante es la salud del paciente, ya que puede influir en su crecimiento normal. En este caso, se pueden mencionar todas las enfermedades crónicas, como por ejemplo, asma severa crónica o diarrea crónica.

También las insuficiencias hepáticas, renales, respiratorias o problemas de infecciones respiratorias a repetición, entre otras. El tratamiento adecuado de estas enfermedades, mejora las probabilidades de crecer bien.

También influye en el crecimiento la alimentación. “Para poder crecer bien, se necesita de una buena nutrición, que incluya proteínas, minerales, vitaminas y calcio, entre otros. Entonces cuando un niño es mañoso y no come carnes, frutas y verduras, su crecimiento no es óptimo”, afirma la especialista.

El tratamiento oportuno de algunas de estas condiciones, permite incluso que el niño recupere el déficit de crecimiento que había adquirido.
Tratamiento para cada caso
Si bien el factor genético muchas veces es determinante, existen alternativas que pueden ayudar a mejorar el crecimiento.

Al comienzo de un tratamiento, se hace hincapié en el dictado de normas básicas de vida sana que permitan al niño crecer, como alimentación adecuadas para la edad del paciente. Por otra parte, los especialistas recomiendan un buen dormir. “Los niños necesitan como mínimo entre ocho y diez horas de sueño, ya que la hormona del crecimiento se secreta principalmente en la noche, en una etapa de sueño profundo”, dice la doctora Ugarte. Así como un buen descanso, la actividad física también resulta ser uno de los mejores estímulos diurnos para esta hormona.

Finalmente, hay investigaciones que revelan la importancia que tiene la vida afectiva en el crecimiento, y así lo confirma la doctora Ugarte, quien señala que “los niños que están privados de afectos pueden ver perjudicado su crecimiento y, cuando esta situación se revierte, la estatura también puede mejorar o al menos no deteriorarse más”, concluye.

En este mismo sentido el refuerzo de la autoestima, es un elemento clave en la calidad de vida de estos pacientes.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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