Embarazo y várices: Cómo disminuir el riesgo


Los cambios fisiológicos propios del embarazo son los principales responsables de la aparición de una afección que causa molestias y problemas estéticos en muchas mujeres: las várices.

Estas alteraciones circulatorias afectan principalmente a las venas superficiales de las piernas, vasos sanguíneos encargados de llevar la sangre desde los capilares al corazón. En el caso de las extremidades inferiores, éstos deben funcionar en contra de la gravedad, porque la sangre tiene que ser transportada hacia arriba. Para ello disponen de un sistema de válvulas que permiten el flujo unidireccional hacia el corazón y, a su vez, impide que se devuelva hacia la periferia. Cuando estas válvulas están alteradas, la sangre se estanca en las venas y se producen las várices, una dilatación que hace que éstas se tornen más gruesas y visibles.

Las principales perjudicadas son las venas que más soportan el peso de la gravedad, es decir, las de las piernas, el recto (hemorroides) y a veces la vulva. Además del efecto desagradable a nivel estético, esta afección produce dolor, picazón, adormecimiento, pesadez, cansancio, calambres y leve hinchazón de los tobillos, entre otras molestias.

El doctor Daniel Pedraza, ginecólogo obstetra de Clínica Alemana, explica que “es importante destacar que, a pesar de las molestias que producen, las várices no constituyen un riesgo para el embarazo ni para la mamá. Por lo tanto, tampoco están relacionadas con complicaciones como trombosis de las venas profundas, sino que sus efectos son más bien a nivel estético y de incomodidad”.

El especialista agrega que, aunque su incidencia real en el país no es conocida -dado que generalmente se diagnostican sólo los casos más avanzados-, estudios ingleses afirman que un tercio de las embarazadas presenta várices, en grado variable. “Las primeras pueden aparecer durante el primer embarazo y luego tienden a empeorar con los siguientes, dado que se trata de una condición habitualmente progresiva, de no tomarse las medidas adecuadas”, asegura.
¿Por qué aparecen principalmente en esta etapa?
El embarazo es una condición que favorece la aparición de várices por primera vez o que agrava las ya existentes. Esto sucede debido a una condición hormonal propia de la gravidez que origina una laxitud de las paredes de las venas que llevan la sangre desde las extremidades al corazón, sumado a un fenómeno mecánico, en que el útero comprime las venas y dificulta eventualmente el retorno venoso.

También influye el aumento del volumen sanguíneo en un 45%, que es un fenómeno fisiológico que se produce entre el primer y segundo trimestre de embarazo. Esto genera una mayor presión y, por lo tanto, aumenta la dificultad en la circulación de la sangre.

Sin embargo, estas situaciones no son suficientes para determinar la aparición de várices en el embarazo, sino que es necesario que existan ciertas condiciones que predisponen, como un factor hereditario aunque no existen estudios categóricos al respecto-, y ciertos hábitos de vida, como trabajar o estar mucho de pie; permanecer con las piernas cruzadas, ocupar un calzado no apropiado (plano o con un taco muy alto), la obesidad y el sedentarismo.

Consejos
Aunque no existe nada que pueda asegurar que las temidas várices no aparecerán durante el embarazo, existen ciertas medidas para evitar su progresión.

El doctor Pedraza explica que las mujeres con antecedentes familiares o que notan los primeros signos de várices antes o durante el embarazo, deben prevenir el avance de esta afección evitando el incremento exagerado de peso y realizando ejercicio (deporte en el agua, por ejemplo), ya que la movilidad de los músculos es el mecanismo por el que se bombea la sangre al corazón
Asimismo, aconseja usar medias elasticadas especiales durante el embarazo y después del parto; no permanecer mucho de pie, evitar sentarse con las piernas cruzadas, mantenerlas elevadas en los momentos de reposo, descansar sobre el costado izquierdo para favorecer el retorno venoso y usar calzado con un taco mediano.

Muchas veces las várices que aparecen durante el embarazo se atenúan o desaparecen en el postparto. Por lo tanto, no es recomendable que las pacientes en estado de gravidez se sometan a algún tipo de tratamiento para manejar esta enfermedad. Además, cualquier procedimiento invasivo está contraindicado, por los posibles efectos de los fármacos que se utilizan, las probabilidades de complicación y los riesgos de la anestesia.

Sin embargo, en casos más complejos como tromboflebitis recurrente; cuando la extensión de las várices es muy grande, o la progresión de la enfermedad es demasiado rápida, se pueden evaluar diferentes tratamientos para disminuirla o eliminarla durante el embarazo. Para ello, se debe consultar con un cirujano vascular periférico, al igual que si las várices persisten luego del postparto.

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Categoría: Fertilidad y Embarazo.




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