Enfermedad dermatológica Pitiriasis rosada de Gibert


Esta patología se reconoce por la aparición progresiva de manchitas rosadas en el tronco y las cuatro extremidades, las que se disponen formando una figura semejante a las ramas de un pino. De su aspecto clínico deriva el nombre con que fue descrita el año 1860 por Gibert.

Su incidencia es mayor en los adolescentes y adultos jóvenes (entre 10 y 30 años), existiendo una frecuencia un poco mayor en mujeres que hombres. Suele ser más común en otoño, invierno y primavera, y en zonas geográficas húmedas y de clima cálido.

Hay evidencias circunstanciales que apuntan a un origen viral. “Por lo que es posible que se presenten, en un corto periodo, varios casos en grupos humanos como en instituciones y familias, pero aún así, no parece ser tan contagiosa”, explica la doctora Julita Cofré, dermatóloga infantil de Clínica Alemana.

Su evolución
La enfermedad se inicia con la aparición de una mancha rosada descamativa en la espalda o pecho, conocida como “mancha heráldica”, pues anuncia lo que vendrá más adelante. Un par de semanas después aparecen brotes sucesivos de pequeñas manchas rosadas ovaladas, de superficie escamosa, con límites definidos y de entre 0.5 y 3 cm. de diámetro. Los lugares más afectados son el pecho, abdomen, espalda y raíz de brazos y muslos. Mientras, el resto de la piel mantiene un aspecto normal.

Generalmente, la erupción persiste entre cuatro y ocho semanas, resolviéndose en forma espontánea. En muy pocos casos, puede extenderse a más de diez semanas.
Una vez resuelta la enfermedad, la piel queda suave y normal. Pero en las personas más morenas, las lesiones pueden dejar -por unos pocos meses- manchas de igual forma y tamaño, aunque más pálidas, como consecuencia de la inflamación.

En algunos casos, los pacientes indican síntomas leves que preceden a las erupciones, como malestar general, náuseas, pérdida de apetito y dolor de cabeza; sin embargo, la gran mayoría no los presentan. A veces, puede haber prurito (picazón) acompañando las lesiones de la piel, lo que no constituye mayor problema.

Por último, la pitiriasis rosada es una enfermedad que no deja protección inmune definitiva, por lo que puede volver a dar.

Tratamiento
La doctora Cofré indica que no existe una cura y que el tratamiento no es necesario porque su curso es benigno y se resuelve espontáneamente, por lo que los pacientes pueden seguir con su vida y actividades cotidianas. Pero si se manifiestan algunos síntomas, éstos se pueden paliar. Por ejemplo, si el prurito es desagradable, se puede aliviar con antihistamínicos orales y lubricando la piel. En estos casos se recomiendan baños de aseo cortos y no muy calientes para no incrementar la picazón.

Sólo en casos de lesiones muy abundantes puede hacerse la prescripción de algún medicamento.

Si bien la mayoría de las veces la presentación de esta enfermedad es bien típica y no constituye problema de diagnóstico, en sus formas atípicas, puede confundirse con otras patologías como dermatomicosis, psoriasis guttata, eccemas numulares, sífilis secundaria, erupciones por medicamentos, pitiriasis albas o eritema discrómico perstans, en cuyo caso puede ser necesario exámenes de laboratorio e incluso, biopsia de piel.

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Categoría: Dermatología.




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