Glaucoma: Alta presión en el ojo que provoca mala visión


El glaucoma es una enfermedad del nervio óptico, producida principalmente por la elevada presión intraocular. Esto puede provocar un daño progresivo de las fibras de esta zona. Éstas son las encargadas de llevar la información desde la retina hasta la corteza cerebral, que es la que finalmente ve. Si son dañadas, puede haber desde una pequeña pérdida del campo visual, hasta una ceguera irreversible.

Es una patología que se presenta frecuentemente con antecedentes familiares; pero también hay que considerar factores de riesgo como diabetes, hipertensión arterial, miopía y el uso de corticoides sistémicos o en gotas.

Son cuatro los tipos de glaucoma existentes: crónico o de ángulo abierto; agudo o de ángulo cerrado; congénito o de nacimiento, y los secundarios a otras patologías oculares o a medicamentos.

El glaucoma crónico es el más frecuente y consiste en que el drenaje del ojo se ve impedido porque se produce una dificultad progresiva en la eliminación del humor acuoso (producido al interior del ojo) por los canales de salida. Como el ojo es un sistema cerrado, al no poder liberar el humor acuoso, aumenta la presión interna. Esto comprime el nervio, que termina dañándose lenta y silenciosamente al ver interrumpida la circulación sanguínea adecuada.

Glaucoma: Alta presión en el ojo que provoca mala visión Oftalmología

Este tipo de glaucoma es silencioso e indoloro y comienza deteriorando el campo visual al afectar la visión periférica. Sólo en las etapas más avanzadas compromete la agudeza visual de manera irreversible.

El glaucoma agudo o de ángulo cerrado es poco habitual. Se da con mayor frecuencia en mujeres y después de los 50 años.

Es un cuadro grave que puede llevar a la ceguera en horas o días, pero que por lo doloroso y la brusca reducción de la visión, hace que se consulte de manera urgente.

Puede presentarse con visión de halos o arco iris y sensación de náuseas y vómitos, lo que se confunde a veces con un cuadro gastrointestinal. Y generalmente, si se da en un ojo, puede ocurrir en el otro, por lo que en éste debe realizarse un tratamiento preventivo con láser.

El glaucoma secundario puede producirse por enfermedades oculares como inflamación intraocular (uveítis) o tumores oculares, o por el uso -general o local- de algunos medicamentos como corticoides.

Por último, el glaucoma congénito, presente desde el momento de nacer, se hace evidente por fotofobia (molestia causada por la luz), lagrimeo, ojos grandes y, a veces, córneas opacas. Solamente se soluciona con una corrección quirúrgica.

Cómo evitar que avance

El daño producido por el glaucoma es irreversible, por lo tanto, es muy importante un diagnóstico precoz para prevenir que avance.

El gran problema del glaucoma crónico es que es asintomático, entonces cuando el paciente consulta por mala visión debido a esta patología, suele ser muy tarde. Por eso es muy importante un examen preventivo a los 40 años, o antes, si existen antecedentes familiares de la enfermedad. Dependiendo del resultado, se determinará si los controles posteriores serán cada uno o dos años.

El examen oftalmológico que se realiza debe ser completo, lo que incluye toma de agudeza visual de lejos y cerca, y de la presión intraocular, gonioscopía (para ver si el ángulo de salida del humor acuoso es abierto, estrecho o cerrado), y control de fondo de ojo. Así se podrá diagnosticar la gran mayoría de los glaucomas.

Ante casos dudosos, se utilizan una curva de presión intraocular, un campo visual computarizado, una paquimetría ultrasónica y otros exámenes más sofisticados que estudian la función del nervio óptico para poder afinar el diagnóstico.

Tratamiento para toda la vida

Cuando se está frente a un caso claro de glaucoma, los controles se realizarán cada 6 a 12 meses dependiendo de la severidad de la enfermedad, el grado de control de la presión intraocular y la ausencia de progresión del daño del campo visual.

La clave para evitar un deterioro importante en el nervio óptico es un diagnóstico precoz. El tratamiento consistirá en reducir la presión intraocular en un principio, con gotas y, si no responde, se puede aplicar láser o cirugía.

Los glaucomas crónicos se tratan con gotas que buscan reducir la presión intraocular, al disminuir la producción de humor acuoso o facilitar su salida. De no ser útil y en casos muy puntuales, puede optarse por una cirugía láser, aunque su efecto es limitado. Como última alternativa está operar el glaucoma.

Cuando se trata de glaucoma agudo, que es grave, se requiere hospitalización urgente para reducir la presión con medicamentos. Luego, se procede a un tratamiento con láser en el ojo enfermo y uno preventivo en el otro, de manera de aliviar la presión interna mediante la formación de un orificio en el iris para facilitar el flujo del humor acuoso.

Si es de tipo secundario, el tratamiento se enfocará en tratar la causa, ya sea inflamación, infección, cataratas o tumores, entre otras.

Por último, el glaucoma congénito se trata con cirugía para poder abrir los canales obstruidos.

Todos estos procedimientos son ambulatorios y, en general, no son dolorosos, ya que se pueden realizar con anestesia local. La excepción se da en los casos congénitos en que, debido a la edad del paciente, se deben hacer con anestesia general.

Como el glaucoma es una enfermedad crónica, el paciente debe entender que el tratamiento es para toda la vida y que las gotas solamente permiten controlar la patología, pero no revertir el daño ya producido. Por eso, éstas deben ser aplicadas regularmente y hay que asistir a los controles en forma ordenada. El seguimiento de la enfermedad con consultas periódicas es indispensable para no perder la visión

Aunque el paciente no deja de tener la enfermedad, sí se puede vivir con ella y evitar su progreso. Sin embargo, cuando se detecta una progresión del glaucoma puede ser consecuencia de un tratamiento inadecuado, aunque en la mayoría de los casos se debe a que el paciente no cumple con el tratamiento ni con los controles. Ante esta situación, frecuentemente, la cirugía es la mejor alternativa.

No hay forma de prevenir esta enfermedad, pero un diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado, ayudan a evitar la pérdida de la visión.

Quienes tienen que estar más atentos son los que ya han sufrido ataques previamente y las personas con antecedentes familiares de glaucoma.

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Categoría: Oftalmología.




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