Gota: Una enfermedad que afecta más a hombres


La gota, del latín gutta, que significa líquido o derrame, afecta principalmente las extremidades inferiores, en especial de quienes sufren una serie de patologías como la diabetes, obesidad y enfermedades renales.

Esta patología se origina a partir de un aumento excesivo de los niveles de ácido úrico circulante (hiperuricemia), lo que produce depósito de cristales de urato monosódico en algunos tejidos, en particular en las articulaciones y sus inmediaciones, y a veces en la piel y riñones.

El doctor Sergio Palma, reumatólogo de Clínica Alemana, explica que la gota suele ocasionar episodios de inflamación aguda. “Su aparición está fuertemente influenciada por la herencia: se ha demostrado hiperuricemia en el 25% de los parientes en primer grado de los enfermos”.

La Gota es una patología que predomina en hombres adultos, principalmente de la quinta década; y rara vez ocurre antes de la adolescencia, o en mujeres premenopáusicas. El especialista sostiene que este trastorno es relativamente frecuente. “De hecho, su prevalencia en Estados Unidos es de 13,6 hombres y 6,4 mujeres por 100.000 habitantes”.

Respecto de las manifestaciones clínicas, el doctor Palma explica que se presenta súbitamente en forma de crisis de artritis aguda que, por lo general, compromete sólo a una o unas pocas articulaciones, como la de la base del dedo gordo del pie (o primera metatarsofalángica), rodilla o tobillo, con mayor frecuencia.

Generalmente, el dolor comienza durante la noche y se describe como palpitante, opresivo y muy intenso, a veces acompañado de fiebre. La articulación aparece muy inflamada, con signos de calor, enrojecimiento y acentuada sensibilidad.
Los ataques de dolor en las articulaciones suelen calmarse en varios días, sin embargo, pueden reaparecer de vez en cuando. En algunas personas, es posible que el problema progrese a una artritis gotosa crónica, mientras que en otras es posible que no se presenten ataques posteriores.

En la fase crónica pueden detectarse depósitos de ácido úrico en la piel, llamados tofos, que tienen el aspecto de pequeñas prominencias blanquecino-amarillentas y que se localizan preferentemente en orejas, dedos y zonas de presión, como talones. Esta fase puede acompañarse de la producción de cálculos urinarios de ácido úrico, daño renal e, incluso, insuficiencia renal crónica.

A corto plazo, la gota puede llegar a producir incapacidad con limitación funcional. Sin embargo, si es tratada adecuadamente, es posible alcanzar un positivo impacto en la calidad de vida de los pacientes.

Es posible evitar el desarrollo de las manifestaciones clínicas y complicaciones de esta enfermedad, mediante un diagnóstico precoz y la adopción de medidas terapéuticas adecuadas y permanentes.

El diagnóstico de gota se establece sin lugar a dudas con el hallazgo de cristales de urato en el líquido articular, obtenido mediante punción. “Estos cristales son microscópicos y de forma característica (como agujas), lo que facilita la identificación definitiva mediante el microscopio de luz polarizada. El estudio del líquido articular permite, además, contar los leucocitos del líquido, los que suelen llegar a 10.000 o 30.000/mm3 y en ocasiones más, en circunstancias que lo normal es tener alrededor de 200/mm3)”.

La detección de hiperuricemia es también un elemento importante para el diagnóstico, aunque no definitivo, ya que puede haber pacientes con niveles elevados de ácido úrico que no han desarrollado gota (hiperuricemia asintomática) y la monoartritis aguda puede deberse a otra causa. Asimismo, una uricemia normal durante una crisis no descarta el diagnóstico presuntivo de gota, ya que por aumentarse la excreción renal de ácido úrico durante las crisis el nivel sanguíneo de ácido úrico puede resultar normal justo en ese momento. La manifestación de tofos en el examen físico es también un elemento importante para el diagnóstico.

El tratamiento va dirigido a proporcionar un rápido y seguro alivio del dolor e inflamación durante las crisis agudas, pero también a prevenir nuevos ataques y evitar la formación de tofos, el desarrollo de cálculos renales, nefropatía y secuelas articulares. En este sentido, es primordial informar bien al paciente, con el fin de obtener su colaboración en las medidas generales (que son a largo plazo) y para que utilicen adecuadamente sus medicamentos, evitando que confundan los fármacos para las crisis agudas con los empleados para el control de la hiperuricemia.
Habitualmente, las crisis que produce la gota se manejan con antiinflamatorios no esteroidales, a los que se puede asociar el empleo de colchicina, fármaco muy antiguo, bastante eficaz en la gota, pero con mala tolerancia digestiva, particularmente cuando el uso de antiinflamatorios debe restringirse (nefropatía, insuficiencia cardiaca, hipertensión, ancianos).

Además, es indispensable un tratamiento profiláctico, en el que los pacientes deben modificar su estilo de vida: reducir el peso, restringir la ingestión de alimentos ricos en purinas (materia prima para la producción del ácido úrico) y, particularmente, evitar el alcohol, ya que éste incide en la mayor producción y menor excreción de ácido úrico (o sea aumenta la uricemia). Además, influye en el desencadenamiento de las crisis agudas.

También es necesario saber que existen algunos medicamentos, como los diuréticos y la aspirina en dosis bajas, que pueden reducir la excreción de ácido úrico y, por consiguiente, aumentar la uricemia.

Para el control más eficaz de la hiperuricemia existen dos tipos de medicamentos, que tienen sus indicaciones y restricciones precisas: los uricosúricos, que aumentan la excreción renal de ácido úrico y que rara vez se usan en Chile, por su poca disponibilidad; y el alopurinol, que es un efectivo inhibidor de la síntesis de ácido úrico y es ampliamente usado.

Por último, existe la posibilidad de prevenir nuevas crisis utilizando dosis bajas de colchicina diarias, durante los primeros meses después de iniciado el tratamiento.

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Categoría: Tercera Edad.




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