Hemorragias digestivas: Cuando se sangra por dentro


La hemorragia digestiva, que puede atacar de improvisto o bien en forma silenciosa y paulatina, se trata de la pérdida de sangre por el tubo digestivo. El gastroenterólogo de Clínica Alemana doctor Eduardo Ríos explica que el aparato intestinal tiene varios metros de largo y, por lo tanto, la sintomatología va a depender de la localización de la lesión que sangra.

“Si es en la parte alta que comprende esófago, estómago y duodeno, pueden aparecer vómitos con sangre o deposiciones de color negro, lo que se denomina melena. En cambio, si es en la parte baja, vale decir el colon, el sangramiento será siempre por la vía rectal”, sostiene. En los casos de hemorragias paulatinas, el cuadro clínico aparece como una anemia y muchas veces el enfermo no percibe que está sangrando.

Según el especialista, esta patología puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en adultos y sus causas son múltiples. Las más frecuentes son la presencia de una úlcera gástrica o duodenal, que alcanza hasta el 50% de los casos en algunos estudios.

Otro motivo son las lesiones agudas gástricas, que muchas veces están en relación con el uso de fármacos antiinflamatorios y aspirina. Las várices esofágicas y las malformaciones vasculares también pueden producir hemorragias digestivas. Y en general, en los casos más avanzados, el cáncer gástrico juega un rol trascendental.

“Cuando se trata de una hemorragia en la zona baja del tubo digestivo, las etiologías más importantes son las hemorroides de pequeña cuantía, divertículos del colon, angiodislasias que son pequeñas lesiones de origen vascular, enfermedades inflamatorias crónicas y cáncer de colon”, asegura el doctor Ríos.
El diagnóstico de esta patología es habitualmente clínico y para determinarlo se realizan pruebas de dos tipos. Una general de sangre, destinada a proporcionar información sobre el estado en conjunto del enfermo y otras de tipo endoscópicas, cuya finalidad es establecer la causa de la hemorragia. “Es decir, intentar ver la lesión sangrante y si es necesario hacer un tratamiento para detener el flujo. Estos exámenes son la endoscopía digestiva alta y la colonoscopía”, señala el especialista.

El doctor Eduardo Ríos explica que habitualmente la hemorragia se logra parar espontáneamente o con algunas medidas terapéuticas. Su mejoría a largo plazo dependerá del tipo de lesión que la haya producido.

El tratamiento a seguir tiene dos objetivos: primero, mejorar las condiciones circulatorias mediante la infusión de suero, glóbulos rojos y otras sustancias de apoyo cardiovascular, y segundo, lograr detener la sangría mediante maniobras terapéuticas a través del endoscopio.

Claro que también existen casos graves y se producen cuando la cantidad de sangre perdida es importante. El gastroenterólogo afirma que “esto se manifiesta con taquicardia, caída de la presión arterial y otros síntomas generales como sensación de fatiga, palidez y sudoración fría”. También asegura que la edad es importante ya que, por ejemplo, una persona mayor de 65 años tolera menos el sangramiento, lo que aumenta la mortalidad de la hemorragia digestiva.

Factores de riesgo

– Uso de antiinflamatorios y aspirina, lo cual es particularmente notorio en los enfermos previamente ulcerosos.
– Presencia de daño hepático crónico, ya que es estos pacientes pueden desarrollar várices en el esófago.
– Úlcera gástrica o duodenal
– Lesiones agudas gástricas
– Varices en el esófago
– Malformaciones vasculares
– Cáncer gástrico
– Hemorroides, en general de pequeña consideración.
– Divertículos del colon
– Lesiones de origen vascular
– Enfermedades inflamatorias crónicas
– Cáncer de colon

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Categoría: Glosario Médico.




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