La concentración sí se puede ejercitar


Se dice que la concentración, que es la capacidad para mantener la atención en una tarea, puede compararse con un músculo, ya que se fortalece si se ejercita y se atrofia si deja de usarse.

“La concentración es el eterno secreto de todo logro humano”, aseguró el historiador austríaco Stefan Zweig, (1881-1942). La importancia de fortalecer esta capacidad radica en que es una de las principales condiciones no sólo del aprendizaje escolar sino de todas las actividades cotidianas, como por ejemplo, practicar un deporte o buscar diferencias entre dibujos paralelos.

Si la persona no es capaz de mantener la atención, difícilmente podrá hacer rendir sus aptitudes o llevar a término un aprendizaje, ya que no se producirá la captación de información ni la posibilidad de realizar el proceso mental para relacionarlo con los conocimientos que ya tiene, analizarlo, comprenderlo y dar la respuesta adecuada.

La doctora Verónica Buron, neuróloga infantil de Clínica Alemana, sostiene que “para que el objetivo se cumpla es preciso que los estímulos que llegan al pequeño le motiven, sean presentados con un cierto orden y constancia, y supongan una meta personal para él”.

Los periodos de concentración varían según la edad. A medida que los niños crecen y maduran, el tiempo de atención sostenida aumenta. Asimismo, algunas personas tienen mejor capacidad de concentración que otros, y puede ser influenciada por el medio.
En la mayoría de la población escolar la desconcentración es de orden motivacional, de falta de interés por la tarea o bien por inexistencia de método de trabajo, lo que lleva al niño a hacer un esfuerzo inferior al esperado.

Sin embargo, hay casos en que el pequeño es incapaz de concentrarse. A veces puede deberse a un Síndrome de Déficit Atencional, y en ocasiones se asocia a trastornos neurológicos, inestabilidad motriz o emocional, bajo nivel intelectual o deficiencias auditivas.

Para conseguir potenciar la capacidad de atención es recomendable reforzar todas las conductas de la vida cotidiana. Esto se traduce en hábitos durante las horas de comida, donde el niño debe aprender a permanecer sentado, sin pararse constantemente de la mesa. “Obviamente, si es pequeño no se le exigirá una sobremesa prolongada. Lo mismo es aplicable al lavado de dientes, la idea es que no haya que repetirle la instrucción constantemente, y que no interrumpa su quehacer hasta terminar de hacerlo”, recomienda la especialista.

“Es importante que el ambiente del niño sea tranquilo, que no esté permanentemente ‘bombardeado’ con estímulos, por ejemplo, si está entretenido con un juego no es recomendable que el televisor esté encendido”, asegura la especialista.

Además, los padres deben elegir para sus hijos juguetes que sean creativos, entretenidos y acordes a su edad. En los más pequeños se puede optar por los juegos de armar, como los legos. Hay que estimular que el niño termine sus actividades recreativas. Si se frustra fácilmente cuando no le resulta, no se debe cambiar inmediatamente de juego, sino que ayudarlo e incitar a que lo concluya.
En la etapa escolar es necesario que los horarios estén bien acotados. Si es hora de hacer las tareas, debe aprender a sentarse sin tener que repetírselo insistentemente. Su mesa de trabajo debe estar despejada, en un lugar tranquilo, donde no estén constantemente ‘paseándose’ los hermanos. Además, debe preocuparse de reunir todo el material que necesita para realizarlas y no tener excusa para interrumpirlas.

Asimismo, cuando están más grandes y realizan actividades en las que deben tomar decisiones, los padres pueden aprovechar de preguntarle por qué pensó que eso era lo mejor. De esta forma, el niño reflexiona y medita sobre sí mismo, lo que es clave para potenciar la capacidad de concentración.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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