La estrecha relación entre el estilo de vida y el hígado graso


Aunque muchos suelen asociar la presencia de hígado graso con alcoholismo, lo cierto es que la mayoría de las personas que sufre de esta enfermedad no consume este tipo de bebidas, sino que presenta otras características cada vez más extendidas en la sociedad actual: obesidad, estilo de vida sedentario, elevados niveles de colesterol y triglicéridos.

Esta afección consiste en una acumulación de grasas en las células del hígado (esteatosis), alteración que por sí sola no presenta mayores inconvenientes para la salud. El problema es cuando se acompaña de la inflamación de este órgano (esteatohepatitis), ya que en estos casos existe riesgo de desarrollar enfermedad hepática progresiva y cirrosis.

En ocasiones, el hígado graso puede provocar molestias como fatiga crónica, dolor en la parte superior derecha del abdomen, malestar general y sensación de pesadez después de las comidas. Sin embargo, en la mayoría de los casos no hay síntomas y suele ser diagnosticado en forma accidental, cuando por otras razones la persona se realiza exámenes de laboratorio que incluyen pruebas hepáticas o en una ecografía abdominal.

Aunque sus causas no están bien definidas, se ha visto que además del estilo de vida, la presencia de diabetes tipo 2 (no insulinodependiente) se relaciona con la aparición de esta alteración.

El doctor Edgar Sanhueza, gastroenterólogo de Clínica Alemana, sostiene que las personas con hígado graso no alcohólico suelen tener insulinorresistencia, es decir, dificultad para que la insulina producida penetre en las células. También hay casos en que el hígado graso es consecuencia del consumo de algunos medicamentos.
Actualmente, esta alteración es la segunda o tercera enfermedad hepática crónica más frecuente diagnosticada en forma ambulatoria. El especialista revela que esta enfermedad es detectada en aproximadamente el 30% del total de pacientes que se realiza un chequeo general a través del Departamento de Medicina Preventiva de Clínica Alemana.

“Si bien en Chile no existen estadísticas de prevalencia, en Estados Unidos y Europa se manejan cifras bastante similares”, afirma.

Para tratar esta patología, primero se deben descartar otras enfermedades hepáticas que se presentan asociadas a la grasa en el hígado, como por ejemplo hepatopatías virales y trastornos en el metabolismo del fierro. Luego, debe efectuarse un estudio detallado de los factores de riesgo o precipitantes de esta afección y atacar los más relevantes, como la obesidad o resistencia a la insulina.

“Como es una enfermedad que tiene que ver con los estilos de vida, la prevención se basa principalmente en una vida saludable que incluya una dieta sana y la práctica de actividad física”, concluye el especialista.

Recomendaciones:

– Realizar actividad física
– Evitar la leche de vaca, quesos amarillos, grasas de origen animal y alcohol.
– Reducir el azúcar y procurar que no falte la proteína en la dieta (sobre todo las vegetales).
– Consumir antioxidantes, como la vitamina A, C, E y el Selenio, que pueden colaborar para evitar una degeneración celular.
– Ingerir alimentos ricos en fibra, como frutas, verduras y cereales integrales.
– Preferir legumbres, semillas y frutos secos crudos, dado que contribuyen a mantener estables los niveles de colesterol.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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