Lentes de contacto de color: Posibles daños por uso indiscriminado


Cuando los lentes de contacto fueron puestos en el mercado, a partir de los años 70′, se buscaba optimizar la calidad de vida de aquellos individuos que usaban anteojos. Desde ese momento su uso se masificó debido a la mayor comodidad, entre otros beneficios. Además, hubo una razón estética cuando se inventan los de color, requeridos con más frecuencia por las mujeres.

Pese a que generalmente los lentes de contacto de color logran una satisfacción psicológica, hay algunos que también cumplen una función médica: controlar la cantidad de luz que ingresa al ojo en algunos pacientes que, por agenesia o trauma, pierden su iris.

El uso de cualquier tipo de lente de contacto es potencialmente peligroso y debe estar supervisado por un especialista, sobre todo si son de color. Un paciente sano que desee utilizar estos últimos, debe someterse a un control previo para descartar alguna anomalía que ponga en riesgo su uso.

Esto porque su adaptación se realiza en base al radio de curvatura de la cara anterior de la córnea. Por lo tanto, éste debe corresponder a la redondez de la cara posterior del lente, para un ajuste más adecuado.

Lentes de contacto de color: Posibles daños por uso indiscriminado Oftalmología

Un lente de contacto mal adaptado podría quedar muy ajustado y generar hipoxias corneales agudas o crónicas. También puede quedar suelto y raspar la córnea generando erosiones recurrentes.

Tipos de lentes de contacto

Existen dos tipos de lentes de contacto de color, tan biocompatibles como los ópticos: desechables de reemplazo diario, semanal y mensual y, no desechables que duran entre uno y dos años.

Hay que destacar que el lente de contacto es una barrera que limita el paso de oxígeno. Este elemento es vital para el funcionamiento de la córnea, que no posee vasos sanguíneos para fabricarlo. En el caso de los desechables, su uso no va más allá de la vida útil definida por el fabricante y recomendada por el oftalmólogo, debido a la acumulación de proteínas de las lágrimas que reducen sustancialmente su permeabilidad al oxígeno.

Algo similar ocurre con los semirígidos que deben ser utilizados entre 8 y 12 horas como máximo, para permitir la oxigenación adecuada de la córnea. Además, requieren de una desproteinización para evitar la reducción de la permeabilidad al O2 e infecciones.

Debido a su uso irresponsable, se ha observado la manifestación de distintas complicaciones, entre las que se encuentran la vascularización corneal, que es el crecimiento de vasos sanguíneos dentro de la córnea; queratitis hipóxica aguda, muerte de las células por falta de oxigenación y, úlceras corneales, infecciosas o inmunes. Estas anomalías se pueden controlar a través de la suspensión del lente o su uso restringido.

Pese a esto, el tratamiento de las úlceras corneales puede ser complicado. Cabe la posibilidad que dejen cicatrices, que si están sobre el eje óptico pueden producir la reducción permanente de la agudeza visual del paciente. Incluso, si la afección es severa, podría progresar a la perforación y pérdida del globo ocular, aunque hay excepciones.

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Categoría: Oftalmología.




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