Los innumerables beneficios de la actividad física


El cuerpo es un complejo sistema creado para estar en movimiento. Es así como el ser humano, respondiendo a su propia naturaleza, ha requerido históricamente de la actividad física para sobrevivir e interactuar con su entorno, independiente de la cultura y la época.

El hombre primitivo, por ejemplo, tenía que desenvolverse en ambientes hostiles, donde un buen estado físico era clave tanto para cazar y recolectar los alimentos, como para combatir con destreza a los pueblos enemigos.

Sin embargo, con el desarrollo económico y social de las civilizaciones, la actividad física dejó de ser un medio de supervivencia y la mayoría de las personas se adaptó a prácticas contrarias a su naturaleza, que las mantienen inactivas físicamente. Hoy, muchos sólo ven el deporte como una actividad realizada en forma profesional por una elite.

En Chile, por ejemplo, el 89% de los habitantes es sedentario, según la Encuesta Nacional de Salud realizada en 2006. Esto convierte a esta población en una de las menos activas de Latinoamérica.

La falta de ejercicio sumada a una alimentación inadecuada y a otros hábitos dañinos, como el tabaquismo, trae consigo una serie de consecuencias que hoy, más que nunca, están causando estragos en la salud. Es así como a nivel nacional más de la mitad de la población adulta tiene un riesgo cardiovascular alto o muy alto, con elevadas tasas de hipertensión, sobrepeso, obesidad, dislipidemia (aumento del colesterol y otros lípidos en la sangre) y tabaquismo, de acuerdo al mismo informe.
Ejercicio: Una rutina necesaria
La actividad física tiene diferentes beneficios para el organismo. A nivel cardiovascular se ha comprobado que disminuye la tasa de infarto al miocardio y de accidente cerebrovascular. Además, ayuda a prevenir y combatir la hipertensión arterial, diabetes, obesidad, y todas las dificultades que estas enfermedades conllevan.

También se ha visto que las personas que practican algún tipo de deporte tienen menor riesgo de desarrollar cáncer, como el de colon y el de mama, porque el ejercicio estimula ciertas células del sistema inmunológico que aumentan las defensas del organismo. El doctor Fernando González, jefe del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación de Clínica Alemana, explica que “se ha observado hasta un 30% de disminución en algunos cánceres, gracias a la práctica de actividad física en forma regular”.

Otro efecto beneficioso de la actividad física es que contribuye a la salud mental. Quienes practican ejercicio tienen menos probabilidades de padecer depresión, porque esta actividad les permite distraerse, salir de su rutina y socializar con otras personas, especialmente en el caso de los adultos mayores, quienes pasan mucho tiempo solos. Por último, la necesidad de realizar más actividad física cobra aún mayor relevancia si se considera que en Chile existen altos índices de depresión.

Cómo elegir una rutina deportiva
Para obtener un beneficio real para la salud, no es necesario practicar ejercicio a un nivel de alta competencia o exigencia, lo ideal es hacer por lo menos 30 minutos de actividad física moderada al menos cinco días a la semana. Se llama “moderada” a aquella actividad que hace subir la frecuencia cardiaca, como una caminata fuerte.

Tampoco es necesario realizar la media hora de ejercicio en forma continua, es posible fragmentarla durante el día, por ejemplo, se pueden hacer 10 en la mañana, y los otros 20 repartirlos en la tarde y noche. Lo importante es la constancia.
El doctor González explica que, para los adultos mayores, lo más recomendable son los ejercicios de menor exigencia y bajo impacto, como caminata, golf, natación, actividades en el jardín, yoga, Tai Chi y pilates, entre otros.

“En el caso de los niños, hay que incentivarlos a que jueguen al aire libre y que realicen deportes que les gusten; no se les debe obligar a hacer una actividad física que les desagrade, porque finalmente se les producirá un rechazo y van a relacionar el deporte con algo negativo”, asegura.

En general, lo ideal es combinar ejercicios cardiovasculares o trabajo aeróbico (bicicleta, caminatas, natación, elíptica, etc.) con técnicas de elongación para aumentar la flexibilidad, y ejercicios de fuerza (máquinas y pesas), de manera de fortalecer la musculatura, que es lo que sostiene la estructura ósea.

“Incorporar la actividad física a la rutina diaria es la mejor manera de prevenir el desarrollo de las enfermedades crónicas no transmisibles -como la diabetes, hipertensión, obesidad e infartos- que son hoy uno de los principales problemas de la salud pública”, concluye el doctor González.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Medicina Deportiva.




Deja un comentario